La derecha es un sector político que se mueve con códigos de muy escaso nivel ético, si es que realmente hay ética en su quehacer.

Pablo Monje-Reyes

Miembro del Comité Central del Partido Comunista

 08/04/2020. Recientemente, todo Chile y la opinión pública internacional, fue testigo de otra bizarra acción comunicacional del Presidente de la Republica a las que ya nos tiene acostumbrados, y que nuevamente grafica y pone al desnudo lo que es la derecha en el poder. Camina, sonríe y se fotografía en la Plaza de la Dignidad. Sitio en donde han caído muertos, mutilados y reprimidos, chilenos y chilenas que por millones allí han puesto en práctica y de modo permanente desde octubre y hasta febrero, el sagrado e inalienable derecho a protestar legítimamente, como lo permite cualquier democracia pequeño burguesa en el mundo.

Pero; ¿qué es lo que hay como trasfondo explicativo de esta conducta en el líder de la derecha, y en la derecha misma como sector político, para efectuar tal dimensión de agresión política? Este tipo de agresiones se encaminan desde siempre, desde las noches en los cuarteles de tortura de la policía secreta de la dictadura, y de antes, cuando cañoneaban sin piedad ni misericordia las oficinas salitreras masacrando a pampinos que apenas exigían Derechos básicos, de las constantes vejaciones a los chilenos y chilenas por pensar distinto, de considerar que hay vidas que no son dignas al conceptualizar a otros y a otras como inferiores. De creer que los rotos y rotas no pueden protestar porque “ya les hemos dado mucho”, o como tan bien lo graficó la señora presidenta de la UDI; “esta tropa de patipelados ¿qué quieren…?”. O cuando disfrutaban en sus casas viendo los titulares de la Segunda; “los mataron como ratas”, o como ahora dice el señor Ministro de Salud; “por un par de protestitas no vamos a cambiar nuestro Programa ni los proyectos de ley”. Esta es la construcción genética de cómo hace política la derecha en Chile.

La derecha es un sector político que se mueve con códigos de muy escaso nivel ético, si es que realmente hay ética en su quehacer. Hacen política sin mirar al otro o a la otra como personas o iguales, sino como simples lacayos, siervos, empleados, subordinados, somos “sus” trabajadores, “su” grupo social asalariado. Ellos jamás van querer construir democracia con los otros, con los rotos. La derecha de este país es de baja ilustración, por no decir que son una histórica tropa oligárquica de brutos e ignorantes, cuyo deseo y motivo fundacional como clase social es acumular riqueza a costa de las vidas de chilenos y chilenas, que deben sufrir y someterse todos los días al rigor de un sistema que esta misma derecha quiere mantener a toda costa como trinchera inexpugnable. Solo esto explica la conducta de su líder, caminar por la plaza de la dignidad para provocar y decirle simbólicamente al pueblo; “el dueño soy yo, yo y quienes me acompañan en el poder”. Solo esto se puede concluir de esa conducta, que sin pudor re-construye gráficamente un mensaje ideológico históricamente omnipotente, abusador y soberbio, pisoteando así la dignidad de las personas, la vida y los sueños de quienes han sido mutilados y muertos en ese mismo lugar.

Pero, en los códigos éticos de la renovada ciudadanía que hoy habita en esta heroica Plaza de la Dignidad, y tal como lo fue en el glorioso pasado de los combates memorables de la clase obrera chilena, van a ser miles, cientos de miles los que responderán como el rucio obrero ardiente que sin vacilar contestó; “Usted, señor general, no nos entiende, seguiremos esperando así nos cueste. Ya no somos animales, ya no rebaños, levantaremos la mano, el puño en alto, vamos a dar nuevas fuerzas con nuestro ejemplo y el futuro lo sabrá, se lo prometo. Y si quiere amenazar, aquí estoy yo, dispárele a este obrero, al corazón…” (Fragmento de la Cantata Santa María de Iquique de Luis Advis).

La historia se repite y el pueblo aprende; “la historia es nuestra y la hacen los pueblos”, como dijera Salvador Allende, el presidente mártir. Chile no puede ni debe seguir siendo gobernado por la derecha, por esta derecha cavernaria y limítrofe en su hacer político mezquino y codicioso, y menos por su pensar ideológico de casta privilegiada y narcisista.