En la Carpa de las Mujeres de la Cumbre de los Pueblos, Concepción Oviedo, Mariza Reyes, Viviana Catrileo y Miriam Nobre, expusieron sobre las realidades de la región.

Daniela Pizarro A. Periodista. 05/12/2019. Un repaso por las diferentes realidades que atraviesan las mujeres en Brasil, Chile, Paraguay y Puerto Rico, sus desafíos y las luchas en común, fue el tema que se abordó en el conversatorio “Miradas del patriarcado en Nuestra América”, desarrollado en la Carpa de las Mujeres de la Cumbre de los Pueblos.

Cabe recordar que este evento se desarrolla todos los años y en su versión 2019, el foco estaría puesto en las cumbres APEC y COP25 que se realizarían en Chile, sin embargo, la coyuntura nacional trasladó las cumbres a otros países, pero la Cumbre de los Pueblos siguió su hoja de ruta bajo la consigna: ¡Salvemos el planeta, cambiemos el sistema!

La cita internacional se despliega desde el 2 hasta el 7 de diciembre principalmente en la  Universidad de Santiago de Chile (USACH), pero también con algunos encuentros en la sede de la Central Unitaria de Trabajadores.

La Carpa de las Mujeres ubicada al interior de la casa de estudios santiaguina realiza al menos tres foros, conversatorios o conferencias diariamente. Este miércoles en la conversación “Miradas del patriarcado en Nuestra América”, participó Concepción Oviedo, en representación de la Coordinadora Nacional de Mujeres Rurales Indígenas de Paraguay y de la Marcha Mundial de Mujeres de Paraguay. También estuvo Mariza Reyes Díaz, integrante de la Organización Boricuá de Agricultura Ecológica de Puerto Rico y de la delegación “Se necesitan raíces”. Desde Chile participó Viviana Catrileo, directora de la Asociación Nacional de Mujeres Rurales Indígenas (Anamuri). A nombre de la Marcha Mundial de Mujeres de Brasil estuvo Miriam Nobre. Y la moderación del debate estuvo a cargo de Jocelyn Fernández de la Red Chilena Contra la Violencia hacia las Mujeres.

El patriarcado, el capitalismo y el racismo atraviesan las sociedades latinoamericanas es por eso que los escenarios donde las mujeres son violentadas se repiten en todas las naciones. El caso paraguayo, por ejemplo, expuesto por Concepción Oviedo está marcado por la violencia de género y el abuso sexual. Según la dirigenta las víctimas de violaciones son permanentemente condenadas, ya que la justicia patriarcal las culpa, no investiga y protege a los hombres.

Respecto a las cifras de víctimas la activista explicó que según datos oficiales la nación guaraní registra 40 femicidios en este 2019, asimismo, dijo que dos niñas hasta de 13 años víctimas de violación dan a luz diariamente. Y cada 60 minutos tiene un bebé alguna joven de entre 14 y 17 años producto de una violación. En Paraguay 1 de cada 3 mujeres es violada y entre enero y abril de este año se registraron 950 casos de abuso infantil.

Esto se suma a que las mujeres paraguayas reciben el 60% del salario de un hombre por hacer la misma labor. Además las trabajadoras no cuentan con derechos garantizados como salas cunas o guarderías.

En la misma línea la delegada puertorriqueña, Mariza Reyes, expuso que la situación de su país es aun más compleja, ya que son una colonia de Estados Unidos, por lo que cuesta incorporar políticas con una mirada solidaria y de género. Según Reyes la sociedad de Puerto Rico es tan individualista como la estadunidense.

En la tierra boricua cada semana hay un femicidio por lo que organizaciones feministas buscan desde hace un tiempo que se decrete un estado de emergencia para proteger a las mujeres. Una petición que hasta la fecha no tiene respuesta.

Respecto a la lucha de las mujeres en el campo la activista indicó que el 80% de los alimentos que se consumen en Puerto Rico son enlatados y provenientes de otros mercados. En ese marco destacó que en las zonas rurales hay un fuerte movimiento por la soberanía alimentaria que busca que se priorice el producto nacional que está libre de transgénicos y se apela a la instalación de un nuevo modelo económico más solidario donde el trabajo colectivo esté en el centro.

La representante chilena de Anamuri, Viviana Catrileo, señaló que el extractivismo extremo del capitalismo se produce gracias al despojo de identidades por ejemplo de los pueblos originarios, las cuales está ligadas a la relación entre tierra, territorio y cuerpo en equilibrio. Por ello recalcó que la acción principal de la organización es la defensa del agua, de la tierra y el territorio.

Asimismo, recalcó que la lucha del pueblo mapuche contra el patriarcado está enmarcada en la defensa de la soberanía alimentaria, la defensa del agua y de la identidad.

El cierre de las exposiciones quedó a manos de la dirigenta brasilera, Miriam Nobre, quien lamentó la actual situación de su país bajo el gobierno del ultraderechista Jair Bolsonaro. Comentó que en suelo carioca la idea de familia suena muy fuerte como una manera de combatir la precariedad de la mujer, sin embargo, apuntó que es mera ficción, porque solo se releva la familia patriarcal funcional al modelo neoliberal de apropiación extrema del trabajo.

Junto con ello el racismo también asomó como un factor determinante ya que las mujeres negras e indígenas son relevadas a realizar las labores de cuidado o las tareas peor remuneradas. Nobre aseguró que ese racismo está siendo protagonista en el nuevo Brasil, ya que la policía está atacando a la población joven de raíces negras, por ejemplo, irrumpen en sus fiestas populares, los reprime y los asesina. En cada uno de estos operativos hay fallecidos, situación que la activista tildó de “genocidio de juventud negra”.

En todo este escenario, además, aparece el rol de las iglesias neopentecostales que en la nación carioca tiene mucho poder, porque son racistas, discriminadoras y sexistas como el neoliberalismo. Tan claves son, según Miriam, que el reciente golpe de estado en Bolivia llegó de la mano de una biblia.

Los procesos sociales que está viviendo la región (Ecuador, Chile, Colombia y Haití) es la muestra del conflicto que hay entre el capital y la vida, aseguró la activista y recordó que la lucha haitiana tiene como consigna “Deberíamos vivir como personas”, algo de sentido común, pero que se hace cada vez más difícil con sociedades bajo el neoliberalismo. Es por ello que concluyó que “para poder alcanzarlo debemos derrotar el patriarcado, el racismo y el capitalismo de una vez”.