Esta revolución es profundamente democrática. La marioneta de la democracia chilena creada en la dictadura sucumbe.

Pablo Monje – Reyes
Miembro del Comité Central Partido Comunista de Chile

28/10/2019. Ha pasado mucha agua bajo los puentes de la historia desde ese virtuoso día en que nuestra valiosa y preciosa juventud saltó el primer torniquete del metro, en una inédita medida de insurrección social para decirle a todo Chile; ¡¡ya no más!! En cada jornada la protesta ha corrido como reguero de pólvora por todas las calles del valle urbano del Mapocho. Santiago comienza a respirar desde su rabia y sus sueños, desde sus decepciones y sus esperanzas, desde sus logros y sus frustraciones. Se levanta el pueblo, se alza el poder popular, el pánico invade al poder y comienza el enfrentamiento. La lucha se inicia en las alamedas, continúa en las calles, sigue en las barricadas, se escucha al grito en el Campo de Marte; “el pueblo unido, jamás será vencido”. Avanza la protesta, se suman las regiones y sigue en las comunas y sus localidades. Se oye como explota el pueblo y como telón de fondo la letra de “El derecho de vivir en paz”, Víctor Jara pone la banda sonora de este tiempo insurreccional, el pueblo pide derechos, pide justicia y pide paz.

¿Con qué responde la derecha desde el gobierno? Responde declarando la guerra, responde con represión, con la bala y la lacrimógena, con el azote y el rebenque de ayer, con la luma y la pistola de hoy, con la fuerza, la brutalidad y la violencia criminal del estado represor. Y no fue suficiente. Llamó a las fuerzas armadas y todo se oscureció, porque empezó a caminar la bota militar por el cemento caliente de la fogata popular, pero el pueblo y su savia joven y rebelde no le teme y los enfrentan: Aquí estamos otra vez sin miedo. Retroceden los mastines del poder y comienza a fraguarse la primera derrota de la derecha en las calles. Y así, el pueblo chileno resuelto en su determinación y marcha parece decir; “si no han pensado en nosotros durante 30 años, ha llegado la hora de pensarnos a nosotros mismos”.

Y hoy las mayorías se han tomado los espacios ciudadanos y han hablado con claridad y lucidez. Más educación pública, más salud pública, mejores sueldos, nueva Constitución y se cristaliza con un rotundo ¡¡Renuncia Piñera!! Al final del día este pueblo quiere un nuevo Chile y ha demostrado que no se dejará subyugar y seguirá movilizándose. Quiere cambios profundos y no quiere cuentos, quiere un proyecto social distinto que lo tenga como protagonista. Y ellos, los dueños de todo le temen al pueblo movilizado. La socialdemocracia de viejo cuño y la nueva vestida de pañoletas no sabe qué hacer. Buscan fórmulas republicanas, escudriñan en Rousseau, en Montesquieu, y dicen que el pueblo demanda un nuevo pacto social. El pueblo los mira con desconfianza y sigue su propio camino. La movilización y sus reclamos no se detienen.

Esta revolución es profundamente democrática. La marioneta de la democracia chilena creada en la dictadura sucumbe. La burguesía y sus cómplices busca por todos los medios convencer al pueblo enojado que el futuro va ser mejor si se confía; ¿Si se confía en qué?, como lo dijera con una simpleza y una lógica abismante un poblador, no fueron 30 pesos, fueron 30 años de abuso. Si esto no es una insurrección, ¿qué es? El pueblo clama justicia y quiere con claridad un nuevo Chile. Es hora de definiciones y definiciones revolucionarias. Construir poder popular, poder en la base, el debate, el cabildeo y la movilización permanente, el juicio a la derecha y su salida del poder y, como corolario y demanda estructural el fin del modelo neoliberal, fases de insurrección popular que se van instalando lenta pero inevitablemente, consolidar esas etapas es hoy y en las próximas horas, la esforzada y noble tarea de quienes quieran y necesiten estar en esta luminosa vereda de la historia.