Una lección sobre la crisis ¿Pueden los culpables quedar inmunes?
Economía — 18 de agosto, 2009Transcurre el mes de julio del 2009 y la crisis no afloja, especialmente en el caso de la desocupación.
La economía de los Estados Unidos atraviesa por uno de sus más duros momentos, un 16,7 por ciento de sus trabajadores están afectados de desempleo o subempleo, es decir más de 23 millones de su fuerza de trabajo.
En Chile, 10,2 por ciento de su fuerza de trabajo, 745 mil personas, están desempleadas y el ex ministro de Hacienda, Alejandro Foxley declaró recientemente: “Chile se demoró en la crisis anterior siete años en recuperar el nivel de desempleo normal, Japón se demoró 11, España siete y Colombia seis.”
Se genera la gran desocupación; y luego, cuando el producto se recupera, el desempleo no vuelve siquiera al nivel anterior a la crisis. Es decir, el producto se recupera, e incluso aumenta, pero con menor cantidad de trabajadores.
Se produce la explotación de la fuerza de trabajo, mientras se incrementan las utilidades y la rentabilidad del capital.
Más sorprendente aún es la observación del periodista norteamericano Paul Krugman: “El negocio de mover
dinero, intermediando, dividiendo y reagrupando activos financieros, ha crecido en importancia respecto de la producción de bienes útiles.”
Los culpables de la crisis siguen tan poderosos, sin la más mínima “mea culpa”,impiden regulaciones y se preparan para una nueva sesión universal de enriquecimiento y codicia. Efecto de la desocupación en Chile
En un país como Chile, por cada activo, es decir por cada persona que trabaje, hay 2,6 personas que dependen de él. (si el país tiene una población de 16 millones 894 mil y de ellas trabajan 6 millones 549 mil, una división conduce a la cifra de 2,6).
El dueño de una empresa debería saber que si despide a Juan, carecerán de recursos para vivir las 2,6 personas que dependen de él.
Sumemos: el despido, cesantía, de uno tiene el impacto de 3,6 personas que carecerán de recursos. A fines del mes de Mayo 2009 en Chile había 745.074 personas desocupadas.
Multiplicando esta cantidad por 3,6, la cifra alcanza a un total de 2.682.266 habitantes afectadas por carencia de ingresos, 15,8 por ciento de la población chilena.
La cifra es tan dura, que es difícil abstraerse del daño social y no pensar en los culpables. Principalmente cuando todas las religiones hablan de justicia social, de solidaridad, de preocupación por la pobreza y de un mundo mejor.
Todos los políticos compiten por quién menciona mayor cantidad de veces y en mayor cantidad de lugares, frases como: “justicia para los desposeídos”, “existencia de planes contra la pobreza”, “nuestra permanente y mayor preocupación es el bienestar de la sociedad”.
El dueño de la empresa, que debería saber lo anterior, usa el despido como una bendita arma para sus propósitos. Al despedir a Juan, reduce el costo de los salarios, podrá obtener mejor rendimiento de los que quedan, que tendrán que realizar una parte de la labor que efectuaba Juan y, se cancelarán las peticiones por aumento de salarios.
Cuando muchos gerentes piensan en las ventajas del despido, surge la crisis. Y el resultado es que se compra menos arroz, pan, azúcar, menos carne y menos de todo. ¿Qué hacen los empresarios? Pues, si no hay como vender todo lo que producen, se deja de producir una parte y se despide a quienes con su trabajo producían esa parte.
Y empieza la cadena infinita: menor demanda, menor producción, menor ocupación y... mayor cesantía.
¿Cuándo termina esto? Un añejo libro de economía, al hablar de la crisis, describe la relación de dos empresarios: uno que produce vestidos, con otro que produce tallarines. El empresario que vende menos vestidos culpa a los despidos de su colega de la baja de sus ventas. Por su parte, el empresario que produce tallarines culpa al productor de vestuario.
De repente, un empresario despierta con la idea de contratar personal. Decide sacar el cartel “no hay vacantes no insista” y la actividad renace y no se detiene hasta la próxima crisis. La producción no aumenta pero aumentó la cantidad de ingresos que ejercían demanda. El empresario que produce y vende poco, comprende que ello obedece a que los desocupados no pueden comprar y que bastaría con dar trabajo, pagar salarios y actuar con la seguridad que todo lo que pague será convertido en demanda obligada.
El hecho real es que comienza otra cadena infinita, ahora inversa en sus actores y componentes: mayor demanda, mayor producción, mayor ocupación y menor cesantía.
Es una ingrata mentira aquello de que la empresa cumple el fin social de dar ocupación. Si contrata mano de obra, es porque sin ella no podría producir.
El fin no es dar ocupación, sino obtener utilidades. Desde el comienzo, y más aun desde que no interesa al neoliberalismo la evaluación social, todo proyecto de una nueva empresa considera que el costo de mano de obra sea el mínimo.
Cuánta hipocresía alberga la declaración de un inversionista, cuando habla de los beneficios sociales de su empresa, porque da ocupación que se ve obligado a contratar, si hubiese una máquina que la reemplazara la preferiría sin titubear.
De aquí resulta comprensible la empresa Estado. El que labora para una empresa estatal (del tamaño de un país) obtiene a cambio de su trabajo salud, educación y previsión gratuitas. ¿Qué empresa privada puede ofrecer eso? Entonces, ¿de quién es la culpa que se presente la desocupación y la cesantía? Indiscutiblemente, de aquellos que haciendo uso de quienes trabajan, obtienen utilidades. De aquellos que tienen en sus manos la decisión de cuántos trabajan, de cuántos gozarán de recursos para poder vivir.
Ecuación del capitalismo
Una empresa se presenta a un banco a solicitar un préstamo. ¿Qué es lo primero que debe demostrar?: que es rentable. Su debe estar de acuerdo con la que el “mercado” considera aceptable para el funcionamiento de una empresa. Luego, una empresa debe tratar de maximizar su ganancia, sus utilidades, elevar sus ventas o ingresos y disminuir sus costos.
La ocupación de mano de obra, las remuneraciones que paga una empresa conforman un costo para la empresa, tal como el consumo de electricidad, agua o transporte. ¿Cómo se minimiza el costo de mano de obra?: o disminuyendo el personal utilizado o reduciendo los salarios.
¿Puede encontrarse otra racionalidad mayor o mejor para el comportamiento de la empresa?
Todas las crisis, sin excepción, salvolas causadas por desastres naturales, tienen como causa algún error, una caída de precios de venta de los bienes producidoso un alza del precio de las materias primas, alguna distorsión del mercado, es decir, algún resultado nefasto del funcionamiento del sistema capitalista.
La causa de mayor repetición es la sobreproducción. Durante
la crisis de los años treinta, en Inglaterra, conversa el hijo con su madre:
Madre, tengo frío, ¿por qué no encendemos carbón?
No tenemos dinero para comprarlo, tu padre está cesante.
Madre, ¿y por qué está cesante?
Las minas han paralizado.
¿Y por qué han paralizado?
Porque hay demasiado carbón.
El factor financiero en las últimas crisis
La economía de los Estados Unidos de Norteamérica quizá sea la más representativa para visualizar la deformación a que conduce el neoliberalismo en materia de generación de ganancias.
El sector financiero es aquel que no produce bienes físicos sino entrega los servicios de captar dinero, por el cual paga un interés y presta, dinero por el cual cobra un interés. En este sector se ubican los bancos, las agencias financieras y las bolsas de valores. Allí, en el país más rico del mundo, en 1998 sólo un 5% de las ganancias del total de empresas fueron generadas en el sector financiero. Pero en el año 2007, año de agudización y de la crisis, las utilidades financieras representaron el 41% del total.
Sin lugar a dudas, las ganancias del sistema financiero resultaron ser mucho mayores que las de la economía real. Mientras el precio promedio de una acción se elevaba 14,6 veces desde 1980 al 2007 (aumentaba en 1.455 por ciento), el Indice de Precios al Consumidor acusaba una variación en el mismo periodo solamente de 1,52 veces(aumentaba en 151,7 por ciento).
Este fenómeno también se presenta en Chile. Mientras el precio promedio de una acción se elevaba en 44,89 veces desde 1980 al 2007(aumentaba en 4.489 por ciento), el Indice de Precios al Consumidor mostraba una variación en el mismo periodo solamente de 18,16 veces(aumentaba en 1.815,5 por ciento).
¿Existe una relación entre el valor de la acción y el valor que tiene la empresa que la emitió? Ninguna: la acción alcanzó como documento financiero un valor tan alto por un procedimiento especulativo.
Ninguna empresa, sometida a sucesivos procesos de compra y venta podría acusar variaciones tan altas como el alza del valor de una acción.
El ejemplo más representativo fue el negocio de las hipotecas, que era el documento financiero más serio en el mundo de los negocios, porque su respaldo es el valor de una propiedad. Durante los últimos años, la hipoteca dejó de ser un documento serio. Los bancos prestaron dinero para comprar viviendas y a cambio, como respaldo del préstamo, estaba el documento hipoteca.
Este documento fue traspasado, vendido con ganancia, entre empresas financieras o fue utilizado como pago tantas veces como fue aceptado. Este proceso especulativo pudo ser realizado porque producía ganancias que estaban financieramente expresadas en registros contables como activos de cada empresa compradora.
En algún momento se necesitó informar un equilibrio, demostrar que existía respaldo para cierta operación y se dio comienzo a la crisis porque en la cadena financiera nadie estaba en condiciones de otorgar respaldo real.
Los propietarios de los bancos, de las aseguradoras y de toda empresa dedicada a la especulación financiera obtuvieran repetidamente utilidades. A su vez, los gerentes y miembros de directorios, dado que producían utilidades, se subían al carro de las ganancias y cobraban sueldos suculentos.
Fue una gestión financiera brillante, todos ganaron a manos llenas.¿Se trataba de descuidos de los gobiernos que debían controlar que se mantuvieran ciertos equilibrios? Las utilidades de las empresas financieras a partir del año 1998 empezaron a aumentar significativamente. En 1998, el 5% de las utilidades totales fueron generadas en el sector financiero. En el año 2007 llegaron a representar el 41% del total.
Sería ir contra la corriente tratar de reducir tal torrente de ganancias. Entonces, los gobiernos de Estados Unidos y de muchos otros países no cometieron ningún descuido. Debía dejarse hacer y dejar pasar.
Los cargos de gobierno que deben orientar y fiscalizar son nombrados por presión, con la anuencia del sector privado.
Una historia repetida
En la crisis asiática, el actor principal no fue el empresario industrial ni agrícola, ni causas externas como sequías y desastres naturales, ni el efecto descontrolado de la revolución tecnológica. El actor principal fue el sector financiero,donde las libertades pregonadas por el neoliberalismo se hicieron más efectivas y fueron “mejor aprovechadas” para ganar sin medida ni control.
Un capital ingresa a un país un día, compra y vende con ganancia y al día siguiente, a veces sólo horas, después de cerrar la transacción, abandona el país en busca de otra ganancia.
A estas alturas, estamos en condiciones de identificar al sector financiero como responsable de dos crisis: la asiática de los años 1998 al 2000 y la subprime del 2007-2009.
No pueden limitarse, como en el caso anterior, solamente ayudando a recuperarse solamente a los responsables de la crisis. Los gobiernos con responsabilidad social deberían tomaran medidas que evitaran el deterioro de los salarios reales.
Los gobiernos deberían evitar que los sectores empresariales privados, cuyo único problema fue carecer de liquidez, condicionen la reapertura de puestos de trabajo a menor estabilidad del empleo, a crear ocupación de mala calidad o a la pérdida de los derechos laborales. Toda exigencia de esta naturaleza atenta contra el desarrollo y la tranquilidad social.
Pero, hablar del sector financiero puede resultar tan amplio, vago y subjetivo como hablar del sistema capitalista o del calentamiento global. Preocupados de la magnitud del bosque no identificamos a los árboles torcidos o enfermos.
La crisis subprime supera en materia de resultados nefastos todas las grandes desgracias que hayan afectado a la Tierra durante los últimos dos siglos.
A causa de la crisis subprime:
Las personas que viven con menos de un dólar por día llegaran el año 2009 a 520 millones, un aumento de 40 millones.
Las personas que viven con menos de dos dólares por día llegarán a 1.400 millones, un aumento de 100 millones.
Los desocupados llegarán a 210 millones. Un aumento de 20 millones.
Si aceptamos que de cada trabajador cesante depende un promedio de 2,6 personas, a causa de la crisis financiera subprime se ha incrementado en 72 millones la cantidad mundial de habitantes que carecen de recursos para subsistir. (20 millones de desocupados y 52 millones de personas que dependen de aquellos), es decir, será la primera vez en la historia que se superen los 200 millones de desempleados.
Los culpables
Existe una culpabilidad de inicio y otra de continuidad y complicidad. Los que crearon con sus políticas, actuaciones y errores, las condiciones que permitieron generar la crisis y hacerla efectiva, posen culpabilidad de inicio.
La ubicación geográfica de estos culpables corresponde a los países donde operan los principales bancos, agencias financieras y empresas aseguradoras.
¿Quiénes son? Los propietarios y gerentes de los principales bancos mundiales, agencias financieras y empresas aseguradoras, que actuaron con una tácita pero muy efectiva colusión.
Pero, los culpables no solamente son del área privada de los negocios financieros. No puede desconocerse la responsabilidad de entidades gubernamentales cuyo papel fue inacción, “vista gorda” o emitir informes positivos sobre situaciones técnica, económica y financieramente erradas. Es decir, también necesariamente deben transparentarse las acciones e inacciones de los organismos de gobierno que conscientemente permitieron preparar y generar la crisis.
La culpabilidad de continuidad y complicidad recae en los que copiaron, aplaudieron, aceptaron y hasta promovieron las condiciones que desencadenaron la crisis.
La ubicación geográfica corresponde a las naciones donde se iniciaron las operaciones de generación de ganancias sin “respaldo”.
¿Quiénes son? Los propietarios, gerentes y miembros de directorios de los bancos, las agencias financieras y las empresas aseguradoras.
Considerando los sectores públicos, están allí los directorios y gerentes de los bancos centrales. Y, dada la gravedad de la situación y los múltiples resultados, que reconocen universalmente al neoliberalismo como culpable, también son responsables de culpa, por su calidad de formadores de opinión, los políticos que hayan defendido el sistema de desregulación del sector financiero, facilitando que la codicia permitiera a grupos privilegiados obtener altas ganancias y después dar paso a la mayor crisis de los últimos siglos.
La actuación de estos políticos permitió que la población mundial vea disminuida su calidad de vida por el aumento de pobreza y desocupación, el mayor crimen de lesa humanidad.
Definiendo la responsabilidad
A nivel mundial existe consenso que los responsables de la crisis son los propietarios, administradores y controladores del sector financiero, y frente a ello deberían responder ante el tribunal de la historia.
PRIMERO: durante las dos últimas décadas el sector financiero ha tenido el siguiente comportamiento: a) No cumplió con calidad social la fundamental labor de prestar dinero y financiar a empresas que crean empleo, dedicándose más bien a buscar ganancias de forma irresponsable y egoísta.
b) No cumplió con la legitimidad del sistema financiero de estar al servicio de la economía real, poniéndose al servicio de los juegos financieros para obtener ganancias de cualquier manera.
SEGUNDO: El comportamiento del sector financiero es culpable del sufrimiento de millones de desocupados que pierden sus fuentes de ingreso a causa de la crisis.
TERCERO: Los propietarios, administradores y controladores del sector financiero, por segunda vez en poco más de un decenio, repiten una experiencia trágica para la humanidad.












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