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Tecnocracia y participación

Opinión — 20 de junio, 2010

Las opiniones que el ex ministro Francisco Vidal entregó a la revista Reportajes de El Mercurio, no da cuenta de nada nuevo para quienes vivieron de cerca los tira y afloje entre las llamadas “dos almas de la Concertación”. Unos, con argumentos tecnócratas, por amarrar la chauchera fiscal al máximo, con independencia y a veces indolencia con respecto al impacto político y ni hablar del impacto social que pudiera tener. Otros, con la percepción, cierta a estas alturas, de que la pasada de cuenta sería descomunal a la hora de las elecciones. Así, puedo recordar absolutamente aquella noche en que junto a los contratistas del cobre y algunos diputados solidarios, esperábamos atentos los resultados de una reunión nocturna de parte del gabinete político de Bachelet, mientras celular en mano se transmitían los avances y retrocesos en el debate que se daba a puertas cerradas en La Moneda por entregar una respuesta a los trabajadores movilizados en la huelga más grande del cobre estatal en la era Concertación.

La presidenta, sabíamos, era partidaria de buscar una salida en conjunto con los trabajadores. La posición de Andrés Velasco y el presidente de Codelco, José Pablo Arellano, era derechamente pagar el costo incluso económico de la huelga con tal de no dar una “mala señal” a los subcontratados de la minería privada. En un momento de ese tenso diálogo, Arellano condicionó su permanencia en el cargo a la imposición de esta última visión y el debate no duró mucho más. Era el relato anticipado de la derrota que venía a la vuelta de la esquina.

Las lecciones de éste y los otros episodios relatados por Vidal, parecen obvias pero no lo son tanto. No son pocos los que aún hoy insisten en sacarle el cuerpo a la necesidad tan evidente de autocrítica y, con un sentido muy “pragmático”, acogen la alternancia en el poder y quisieran reeditar la política de los consensos. Sin embargo, para la izquierda también hay lecciones.

El terremoto, por ejemplo, puso a prueba la capacidad de marcar la diferencia entre una gestión tecnocrática y una de masas. Concejales, alcaldes, diputados y hasta dirigentes sociales de izquierda, mostraron con acciones concretas su experiencia en el terreno de lo social, organizando desde el primer día la solidaridad, la respuesta inmediata, y fueron colaboradores irremplazables y generosos para los municipios en el catastro de daños y familias afectadas. Tan importante como eso, especialmente entre los dirigentes vecinales y concejales, ha sido la capacidad de prestar colaboración sin invisibilizarse ni confundirse con la gestión municipal, especialmente si frente a aquélla hacemos oposición.

Pero quizás la responsabilidad mayor recaiga en los alcaldes de izquierda, que deben lidiar con la responsabilidad gigantesca de operativizar las políticas de emergencia del gobierno, muchas veces insuficientes e incluso equivocadas, que sin embargo son las que están disponibles para dar respuestas a los vecinos que simplemente no pueden esperar.

Junto con ello, esos alcaldes tienen la obligación, y la vocación por lo demás, de ponerse del lado de la vereda de la gente y representar sus demandas y preocupaciones ante la autoridad, contando para ello con la misma herramienta que seguramente les llevó a alcanzar el sillón comunal: su capacidad de organizar y movilizar.

Un ejemplo de ello son los trabajos voluntarios organizados en Pedro Aguirre Cerda, una de las comunas metropolitanas más afectadas por el sismo, cuya alcaldesa y concejales comunistas llamaron a la comunidad a abordar decididamente la grave situación provocada por la combinación entre la tardanza de las políticas centrales, la falta de recursos y la inminencia del invierno, y convocaron a cientos de jóvenes, universitarios, scout, defensa civil, juventudes políticas, funcionarios municipales, selecciones deportivas y estudiantes secundarios de la comuna, a jornadas de trabajos voluntarios donde se demolió, despejó e instaló mediaguas a los vecinos más afectados y donde los dirigentes vecinales fueron protagonistas y conductores del proceso tanto como los técnicos municipales.

Tal experiencia, que dejó un inmenso caudal de solidaridad, lazos políticos, sociales y de amistad, puede y debe constituir una poderosa señal de acción para quienes tenemos como norte la participación social más plena, entendiendo aquélla no sólo como el acceso pleno a la información, sino como la disposición a compartir con la comunidad y con sus organizaciones las decisiones frente a las malas y las buenas noticias, las oportunidades y dificultades, los avances y retrocesos. Replicar esta riqueza social en cada ámbito, especialmente aquellos que tocan tan de cerca a la gente, como la salud y la educación, pero también las decisiones territoriales y presupuestarias, puede llegar a ser el sello que distinga a nuestras gestiones. Porque a esa luz, con independencia de la escasez de recursos siempre omnipresente, cada escollo puede transformarse en un gran desafío y una gran oportunidad.