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¿Será noticia la realidad?

Editorial — 4 de julio, 2010

La semana pasada, nos referíamos a la Copa del Mundo en Sudáfrica, para valorar lo hecho por nuestra Selección Nacional y adherirnos a las muestras de adhesión esperanzada de la población chilena hacia esos jugadores de La Roja. Hoy, ya cerrada la participación nacional por resultados honorables aunque previsibles, correspondería, si no “dar vuelta la hoja”, al menos retornar a nuestra realidad.

Y es que a cualquiera que concurra a la programación de los canales de televisión, y también a la “gran” prensa escrita, le ha llamado la atención la ausencia en ellas de nuestra cruda realidad.

¿Se habrán modificado, y favorablemente, las condiciones de vida de nuestros compatriotas en las zonas más afectadas por la catástrofe del 27 de febrero? ¿Se acabó “la emergencia” y nos hallamos en plena reconstrucción?

Las pautas noticiosas, rigurosamente seguidas por los grandes medios, deberán dar un vuelco, a pesar de que el Mundial de Fútbol seguirá por algunos días. ¿Con qué se reemplazará lo que a algunos, tal vez de manera excesiva pero con no menos fundada indignación, les ha parecido una suerte de intoxicación o manipulación de la opinión pública?

Y sin embargo, los grandes “temas” no nos faltan. Se discute el salario mínimo, y a ese respecto se manifiestan con claridad los diferentes criterios que van desde la frialdad empresarial apoyada en un nutrido arsenal de dogmas, hasta los justos y argumentados reclamos del Central Unitaria de Trabajadores, los sectores progresistas y no pocos parlamentarios que comparten las posturas de los diputados del Juntos Podemos Más.

Se presencia una ofensiva gubernamental contra la educación pública, hoy particularizada en su nivel superior, así como hacia la salud pública. La consigna es privatizar y privatizar y ni aun CODELCO se salva de esa tendencia antinacional.

Personeros caracterizados de nuestro mundo “progresista” se suman a la ofensiva imperialista en contra del proceso venezolano, en nombre de libertades públicas, pluralismo informativo y representatividad democrática cuya vigencia en nuestro país está, por decir lo menos, ausente. Y eso de “por lo menos”, es porque “por lo más” se trata de condiciones de nuestra discutible institucionalidad política que están muy lejos de cuestionar esos celosos defensores de la democracia. Tal vez será porque más de alguno de ellos es directo beneficiario de nuestro originalísimo binominalismo.

Por otra parte, la gravísima situación internacional muestra a un gobierno norteamericano y su aliado israelita embarcados en una activa provocación que puede desembocar en una guerra de proporciones, como corolario de una persiste campaña no exenta de provocaciones en contra de los pueblos y gobiernos de Irán y la República Popular de Corea.

¿Volverá la realidad por sus fueros, aunque sea maquillada por los grandes intereses que orientan las pautas noticiosas?

Si bien no hay que ser muy optimistas, no es menos cierto que hay que ser muy exigente. Y cada uno hará su parte: los trabajadores, los estudiantes, los usuarios de la salud y el transporte públicos, entre otros, organizándose y movilizándose. Los partidos y conglomerados políticos asumiendo sus responsabilidades o arrinconados en sus limitaciones y mostrando su cara verdadera.

Durante demasiados días la noticia era que no había noticias. ¿Será el momento de un retorno a la realidad? Tal vez la única esperanza es que ésta, la realidad, se exprese con tal fuerza que ya sea imposible ignorarla.