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Regalones, permitidos y funcionales

Opinión — 17 de agosto, 2009

Sólo tres candidaturas a la presidencia son permitidas por el sistema imperante en Chile: Piñera, Enriquez-Ominami y Frei. Los tres representan lo mismo y se parecen a esos hermanos que a la hora del postre pelean como fieras el pedazo de la torta que les ofrece la mamá. Pero, después vuelven a sus amistosos juegos de siempre.

El sistema dominante, con el enorme poder económico de los grandes empresarios y el riguroso y estricto control que ejercen sobre los medios de comunicación sabe lo que quiere. Sostener el orden económico neoliberal que les ha permitido llevarse los frutos del crecimiento y asegurar la mala distribución del ingreso; consolidar un régimen político que excluye a la izquierda e impide participar a más de la mitad de los ciudadanos en los procesos electorales; reproducir una estructura social fundada en el lucro que divide radicalmente a los chilenos en la educación, la salud y en la previsión.

Al poder económico no le importa mucho el nombre del candidato. Sólo le interesa que el próximo Presidente de Chile no modifique el orden económico y social favorable a sus intereses. Y ninguno de sus tres regalones se lo cuestiona.

La defensa del orden económico, social y político, que tanto ha beneficiado a los grandes empresarios nacionales y transnacionales, coloca una barrera de contención a todo proyecto transformador en nuestro país. Ello explica que tanto en las cadenas de El Mercurio y de La Tercera como en los canales de televisión se oculte toda información sobre las propuestas de la izquierda mientras se destacan hasta el cansancio las disputas insustanciales, sin contenido, entre los tres regalones del sistema. Esta es la mejor prueba como ha señalado nuestro candidato Jorge Arrate, que Piñera es mucho peor de lo mismo, Enríquez es peor de lo mismo y Frei es más de los mismo.

Es bueno recordar que la izquierda construyó su programa de gobierno gracias a la participación masiva desplegada en asambleas comunales a lo largo de todo el país. Ello culminó el 25 de abril en una Asamblea Nacional y en la proclamación de su candidato en el teatro Caupolicán. Sin embargo, ello no fue noticia para el duopolio de las comunicaciones. Y por el contrario. Inmediatamente después el diario La Tercera apareció con una encuesta que colocaba a Enríquez en una posición competitiva con Eduardo Frei. Con ello, el poder económico y la derecha buscaban sacar del juego político la propuesta de izquierda para cerrar las puertas a la construcción de una tercera fuerza transformadora en el país. Y al mismo tiempo le dejaban la pasada, aceptaban, reconocían que la candidatura de Enriquez-Ominami no le hacía daño a sus intereses.

El propósito del bloqueo mediático al que la izquierda ha sido sometida es la mejor muestra de la exclusión política que caracteriza la sistema político chileno, que por lo demás está contenida en la Constitución del 80 con el régimen electoral binominal. Con ese bloqueo se intenta cerrar el camino a una alternativa real de transformaciones en el país y se destacan y publicitan sólo las funcionales al sistema.

En efecto, el programa de la izquierda presenta marcadas diferencias con las candidaturas del sistema. En primer lugar, propone una nueva Constitución para Chile, pero sobre la base de una Asamblea Constituyente, de manera que la ciudadanía decida sobre su carta fundamental de derechos y obligaciones. En segundo lugar, la izquierda se ha propuesto renacionalizar el cobre para que sus frutos beneficien a todos los chilenos y no a las transnacionales. En tercer lugar, la izquierda está al lado de los trabajadores y de los pequeños empresarios. Por ello estamos contra la flexibilidad laboral y a favor de la sindicalización, la negociación colectiva. Y apoyamos a los pequeños empresarios en su reivindicación por un sistema crediticio que termine con la usura de las tasas de interés y convierta al Banco del Estado en una institución de fomento. Nada de esto se encuentra en las tres candidaturas del sistema. Por el contrario, siguen con la majadería de las privatizaciones, la flexibilización laboral y con propuestas para parchar la constitución de Pinochet.

Por ello vale la pena advertir a la opinión pública que durante este mes proliferarán las encuestas de pacotilla que apuntan a seguir posicionando a los tres regalones del sistema. Así las cosas, los dueños de Chile preparan las condiciones para distorsionar el trabajo de campo de la encuesta CEP que se llevará a cabo en septiembre. Trampas y más trampas. Todas para impedir que los vientos de cambio lleguen a nuestro país y así conservar sus posiciones de poder.

Pero, nosotros perseveraremos. Y será más temprano que tarde. Será ahora o mañana que se instale una poderosa fuerza de izquierda en el país que de al traste con el neoliberalismo para construir un orden económico favorable a las mayorías, un régimen político en que impere una democracia plena y un sistema social que entregue derechos y oportunidades de progreso a todos los chilenos.