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Plaza Roja de Moscú Recordando la derrota del nazismo

Internacional — 16 de mayo, 2010

Con un imponente desfile militar en que por primera vez participaron delegaciones de los países aliados occidentales, lo que provocó las protestas del Partido Comunista, los rusos celebraron el triunfo en la Segunda Guerra Mundial, tras 65 años en que los soldados soviéticos izaron la bandera roja sobre el Reichstag.

En estos últimos días hemos conmemorado el recuerdo de acontecimientos que, hace 65 años, cambiaron la historia de la humanidad. El 30 de abril de 1945 soldados soviéticos izaban la bandera roja sobre el Reichstag, en una instantánea dramática que dio la vuelta al mundo.

Ese mismo día Hitler se suicidaba, el almirante Karl Dönitz se convertía en Reichspräsident y formaba en Flensburg un nuevo gobierno, para un país que virtualmente ya no existía.

Aunque la batalla de Berlín no se dio por finalizada hasta el 2 de mayo y aún tardaron seis días en acabar con los escasos y débiles focos de resistencia nazi que quedaban en Alemania, la Segunda Guerra Mundial en el frente occidental se daba por terminada.

El 8 de mayo el mariscal Wilhelm Keitel firmaba la rendición incondicional ante los soviéticos. El día después, el 9 de mayo, pasó a considerarse en todo el campo socialista el día de la liberación del fascismo, y este año se volvió a celebrar, en la histórica Plaza Roja de Moscú.

La epopeya de dos soldados

Todo ocurrió hace 65 años, durante los combates en el centro de Berlín, cuando dos soldados de la división 150 de Idritsk, el sargento Mijaíl Egorov y el sargento de Laza Melitón Cantaria, izaron la bandera de asalto sobre el derrotado Reichstag.

Esta misma bandera, que quedó inmortalizada en la historia como el estandarte de la Victoria, estuvo presente ahora, en el desfile del 9 de Mayo pasado en la Plaza Roja de Moscú.

En la parada militar participaron más de 10.500 soldados. Un grupo portaba los estandartes de los frentes de la Gran Guerra Patria y de las unidades militares más distinguidas en la guerra.

Al saludar a los participantes del desfile, el presidente ruso, Dmitri Medvédev, recordó emocionado: “Hace 65 años se detuvo a una máquina de destrucción de ciudades enteras, se devolvió la paz a nuestro país y a toda Europa y se puso fin a la ideología que arruinaba las bases de la civilización. En 1945 no sólo se consiguió la victoria militar, sino también una importante victoria moral. Por ella luchaban todos los pueblos de la antigua URSS. Y nos unía con nuestros aliados”.

El mandatario Dmitri Medvédev justificó la presencia de tropas extranjeras, que ha sido cuestionada por autoridades del Partido Comunista:

“El mundo sigue siendo frágil. Debemos ser conscientes que las guerras no estallan en un instante. El mal se fortalece si tan sólo retrocedemos ante él, si lo ignoramos. Solamente a base de buena vecindad podemos resolver los problemas de la seguridad global para que los ideales de la justicia y el bien reinen en todo el mundo”.

Ante las tribunas marcharon unidades militares de las antiguas repúblicas de la URSS, que lucharon durante los años de esa guerra: de la República de Azerbaiyán, Armenia, Bielorrusia, Kazajistán, Kirguistán, Moldavia, Tayikistán, de Turkmenistán y la formación de la Academia del Ejército de Tierra de la Fuerzas Armadas de Ucrania. Después de los países de la CEI, desfilaron por los adoquines de la Plaza Roja las unidades de los países aliados en la lucha antifascista. Tropas de Polonia, del ejército británico, oficiales y soldados de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos y de Francia.


El Ejército de la sombra

El papel de los antifascistas alemanes en la Segunda Guerra Mundial en general, y en esta fase de la guerra en particular, ha sido generalmente subestimado también en el campo cultural, y ello pese a todos los numerosos escritos de agitación y propaganda que nos legaron.

“El ejército en la sombra” es uno de ellos. Erich Weinert (1890-1953) –junto con Anna Seghers, Egon Erwin Kisch, Ludwig Renn y otros, uno de los miembros fundadores de la Liga de escritores proletarios revolucionarios (Bund proletarisch-revolutionärer Schriftsteller )– compuso "El ejército en la sombra" ( Der heimliche Aufmarsch ) en 1929 como poema de agitación antifascista.

Ese mismo año fue musicalizado por el compositor suizo Vladimir Vogel (1896-1984), aunque sería la versión de Hanns Eisler a partir de aquélla e interpretada por Ernst Busch la que alcanzaría el éxito. El propio Busch la incluiría años después, con ligeras modificaciones en la letra, en su cancionero de la Guerra Civil española, en la que participó como combatiente de las Brigadas Internacionales.

En 1931 Victor Trivas utilizó la versión de Hanns Eisler para el final de Niemandsland (En tierra de nadie), una película antibélica ambientada en la Primera Guerra Mundial –una cinta odiada por los nazis, que tratarían de destruir todas las copias existentes– en la que cinco soldados (un inglés, un alemán, un francés, un ruso judío y un suizo) quedan atrapados en una trinchera en tierra de nadie y deciden, superando barreras lingüísticas y culturales, no darse muerte, al descubrir los intereses ocultos tras la guerra.

“¿A quién pertenece el Rin?”, se preguntan, “¿A quién pertenece París? ¿A quién benefician las colonias?”. Cuando los soldados salen de la trinchera ayudándose los unos a los otros, contemplan en silencio las ruinas producto de un intenso bombardeo y destrozan a culatazos la alambrada de espino. “¿Cuál es su final?”, reza un intertítulo: “Marchan hacia adelante: cinco hombres. Cinco hombres que se encontraron en tierra de nadie y rechazaron matarse. Marchan hacia adelante desafiando a su enemigo común: LA GUERRA”. “El ejército en la sombra” se convirtió –hasta el día de hoy -en un clásico del cancionero antifascista alemán.