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No Olvidar el Futuro

Opinión — 18 de agosto, 2009

¿Por qué hablar de pasado en una campaña presidencial donde la gente sólo quiere escuchar cómo le resolverán sus problemas cotidianos? ¿Qué racionalidad pudiera existir tras esto cuando las campañas se ganan con votos y hoy los votos se tasan como en un mercado donde cada cual se ofrece al mejor postor?

Hoy lo fundamental no es obtener un voto más o un voto menos, sino reinstalar en Chile una izquierda real y transformadora que logre posicionarse como una alternativa al duopolio político que ha manejado el país durante los últimos 20 años.

Por eso estamos convencidos que todo proyecto debe tener correspondencia entre pasado y futuro, entre realidad y utopía. Pues ésa es la única forma de ir conquistando conciencias y construir ideas mayoritarias.

El pasado no es una imagen eternamente inmóvil. Es un mecanismo revolucionario, redentor y activo. La historia de la izquierda es una historia de capas que se superponen, de memorias que se heredan y de luchas que se agregan. Sólo mantendremos encendida la luz de la esperanza si concebimos el futuro como lo por construir y no lo por venir.

El programa de la izquierda es una propuesta de acción y transformación concreta. Es una herramienta práctica, no sólo diagnóstico, es un sentimiento y una forma de enfrentar la vida. Los seres humanos soñamos, vibramos con los cambios, con las ideas transformadoras, nos indignamos ante las injusticias, sentimos impotencia y rabia frente a la avaricia y nos emociona la solidaridad. Por ello es que la candidatura de la izquierda hizo su programa a partir de insumos entregados por cientos de asambleas comunales y sectoriales que viven el día a día del Chile real.

Nuestra sociedad está cansada de ser pensada y esta izquierda se está construyendo entre quienes quieren decidir como será su futuro.

Pero no basta decir que uno se identifica con una historia para invocar los motivos de inspiración de su pasado. Para proyectarse en el futuro hay que atreverse a presentar un programa.

Para nosotros, esta candidatura presenta 5 sustentos políticos que la proyectan y la enmarcan en la línea de continuidad de los 180 años de historia de la izquierda chilena.

Primero, mira el mundo desde el mismo lugar de siempre: el sitio de los dominados y explotados, los luchadores y los rebeldes. Esta es nuestra perspectiva de clase que reivindicamos.

Segundo, creemos que hay que reivindicar una dimensión ética del ejercicio político. Este es un puente que no se puede cortar y que esta campaña se ha trazado como objetivo intransable. Por ello no ha entrado al mercado persa de la política.

Tercero, tenemos una gran convicción democrática, y esta campaña se inspira en la herencia allendista que cree que el formato democrático es el espacio adecuado para impulsar las esperanzas de los sectores populares.

Cuarto, y hoy tan vigente como ayer, nuestra historia nos lega la búsqueda de la unidad de los trabajadores, los movimientos sociales, los movimientos de diversidad sexual y de género, y los ambientalistas. Unidad que no es puramente táctica, y no se funda en maniobras políticas de corto alcance. Unidad como fenómeno social que se traduce en agrupar tras objetivos comunes a clases y capas sociales diversas que se expresan políticamente en variadas formas. Unidad desde y en la diversidad.

Finalmente, nos identificamos con nuestra historia latinoamericana y antiimperialista. Nuestro continente posee un bagaje histórico y cultural compartido, y desde el allendismo creemos que cada país debe reconocerse en su especificidad. Por ello respetamos la autonomía de los pueblos. No obstante, estamos convencidos de que más temprano que tarde la ola transformadora que atraviesa América Latina cruzará las altas cúspides de la cordillera de Los Andes y llegará a nuestro país.

Es por estos 5 elementos que creemos que la candidatura de Jorge Arrate genera adhesión entre los jóvenes y está llena de futuro porque invita a construir el camino rescatando ese pasado con el que mantenemos una deuda impagada.