Mirella Latorre, La dignidad de una gran dama
Cultura — 28 de junio, 2010Nadie más alejada de la farándula, ruidosa y chabacana, que hoy predomina entre nosotros, que Mirella Latorre. Hija del notable novelista, Premio Nacional de Literatura, Mariano Latorre, casada primero con Juan Emilio Pacull, creador del Círculo de Periodistas, y después con Augusto Olivares, director de Televisión Nacional, que se inmolara junto a Salvador Allende en La Moneda el 11 de septiembre, exitosa, ella misma, en el campo de las comunicaciones, Mirella optó por la modestia y el bajo perfil, que la caracterizó hasta sus últimos días.
Falleció de un infarto, pocas horas después de ser internada en el Hospital El Salvador, el jueves 10 de junio. A los 91 años, pese a una demencia senil que la afectaba desde hace algún tiempo, Mirella mantenía su calidez y su modestia, como explica su amiga Patricia Espejo, directora ejecutiva de la Fundación Salvador Allende: “No reconocía a la gente, pero estaba siempre muy alegre”.
Locutora y animadora, estrella de radioteatro, figura de la primera teleserie chilena “Los días jóvenes”, inolvidable conductora de programas emblemáticos como el magazine “Buenas tardes Mirella” y el espacio de conversación “Almorzando con Mirella”, todo lo que hizo lo realizó con capacidad, señorío y dignidad. La gran actriz Bélgica Castro la recuerda: “Fue locutora en la misma época que yo, cuando las mujeres sólo leíamos avisos comerciales, pero ella fue capaz de transformarse en lectora de noticias. Después yo me dediqué al teatro y ella hizo una carrera en la radio y la televisión, era la jovencita de la historia y tenía gran arrastre”.
El animador Javier Miranda coincide con Bélgica: “Era la primera dama de los radioteatros y después tuvo un paso muy notable a la televisión. Conducía con mucho señorío, como siempre fue ella”.
El actor Leonardo Perucci, con quien trabajó en Chile y después en el exilio, en Cuba, junto al periodista Mario Gómez López, apunta a otro aspecto de su personalidad: “Era una adelantada a su tiempo. Poseedora de un gran sentido de la independencia, asustaba a muchos hombres, mas no a los que tuvimos la suerte de conocerla, admirarla y en estos momentos, de llorarla”.
Gina Zuanic, que la reemplazó en Canal 13, cuando tuvo que irse por discrepancias políticas con el sacerdote Raúl Hasbún, ya en plena Unidad Popular, la evoca: “Yo no habría podido ser jamás ni la décima parte de Mirella. Era una mujer encantadora, culta, entretenida, tocaba guitarra maravilloso y cantaba en francés…”.
La hora de los mameyes
Como compañera del periodista Augusto Olivares, Mirella tuvo acceso a momentos trascendentales de la vida política del país. Nunca aceptaba entrevistas, pero en una ocasión accedió a conversar con la reportera Heidy González Cabrera, de la revista cubana “Bohemia”, en su departamento del barrio de El Vedado, en La Habana, donde decidió contar y decir cosas que la retratan más allá de su trabajo profesional.
En la entrevista habló de Augusto Olivares Becerra, “El Perro”, su segundo marido, periodista, amigo íntimo de Salvador Allende, que murió el 11 en La Moneda. “En 1962 me casé con Augusto. Lo conocía desde mucho antes y siempre lo admiré. Llegué a apoyarme en él de una manera increíble. Fueron once años de amor y comprensión sin límites. Augusto era un autodidacta de clara inteligencia y de enorme capacidad de trabajo que lo llevó a desempeñar muchas responsabilidades durante el gobierno allendista. Me llamaba varias veces al día… Por las noches llegaba, comíamos y después nos sentábamos a conversar. Ahora me doy cuenta, supo prepararme para la soledad que vendría más tarde”.
En “Bohemia”, Mirella narró que estando en París, donde había iniciado su exilio junto a su hijo Emilio, recibió la invitación de los cubanos que decía: “A la compañera Mirella Latorre. La invitamos por un día, por un mes, por toda la vida”. Cuando arribó a La Habana, vio en varios carteles el rostro sonriente de Augusto, considerado en Cuba un héroe, un leal compañero de Salvador Allende: “Súbitamente comprendí que Cuba era el único lugar donde él no estaba muerto: escribí a mi hijo que me quedaba a vivir en Cuba”.
En el relato a la revista cubana, Mirella Latorre habló de Salvador Allende: “Pude convivir con nuestro Presidente. Los fines de semana se refugiaba en El Cañaveral, llevaba a algunos ministros y generalmente a Augusto. Allí trabajaban con mayor calma. Como era muy consciente, sabía que eso entrañaba separarnos los domingos, y nos mandaba a buscar a los dos”.
Mirella narra lo que ocurrió en torno del 11. “La última vez que vi a Augusto fue el 10 de septiembre. Hacía tres noches que se quedaba en la casa de Allende. Ese día cenó conmigo. Me tranquilizó. A las siete de la mañana del día siguiente llamó por teléfono y me explicó que estaba en La Moneda y lo crítico de la situación, con un clásico dicharacho cubano: ‘llegó la hora de los mameyes’. Nos despedimos y colgó”.
Continúa Mirella: “Después supe que a Augusto lo habían telefoneado desde el Canal 7 cuatro veces para avisarle que su auto esperaba, pero se negó, diciendo que estaba en el lugar que correspondía. No me sorprendió su decisión de inmolarse junto al Presidente. Actuó de acuerdo con sus principios y la firmeza de su carácter”. Mirella cuenta lo que ocurrió: “Comenzaron los allanamientos. En uno de ellos, la casa estaba llena de militares, y sentado en el suelo, al pie del escritorio de Augusto, un oficial examinaba libros y documentos. Yo no había quemado o escondido ningún papel. Pregunté qué buscaban y me mostró materiales políticos. Le contesté, ¿qué usted esperaba encontrar en la casa de Augusto Olivares? ¿Novelas de Corín Tellado? No respondió”.
Mirella Latorre estuvo casada varios años con el periodista Juan Emilio Pacull, con quien tuvo sus dos hijos. Virginia Teresa Pacull Latorre, sicóloga, que trabajó en Cuba, en el Hospital William Soler. Mirella, ya enferma, no supo que hace pocos años, su hija falleció en Canadá, víctima de cáncer. Virginia tuvo una hija, María Antonia, que llegó pequeña a La Habana junto a su madre y su abuela, quien la adoraba. También estudió psicología y actualmente reside en Canadá. Juan Emilio Pacull Latorre es el otro hijo de Mirella, un cineasta que se formó y desarrolló en Francia, autor de varios filmes, uno de ellos dedicado a Augusto Olivares y la odisea de La Moneda.












Suscríbete