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Mariátegui, el Che… y los Cinco

Nacional — 28 de junio, 2010

Recientemente rendimos homenaje a dos personalidades descollantes del escenario latinoamericano: José Carlos Mariátegui y Ernesto Che Guevara. Podríamos preguntarnos qué los une a ellos, qué los vincula, además de su identificación con el ideal socialista que nos envuelve a todos.

Nacieron ambos un mismo día, un 14 de junio, pero en diferentes escenarios. Vieron la luz en países distintos, y en diversos momentos de la historia continental. Tuvieron ocupaciones y actividades similares, pero cada uno trabajó en su propio campo en busca de un porvenir mejor para sus pueblos.

Mariátegui fue un pensador, un ideólogo, pero también un activista revolucionario a carta cabal. Y el Che combatió en todas las trincheras, armadas o no, por los mismos objetivos. Y ambos tuvieron elementos comunes que hay que valorar como un modo de confirmar nuestro respaldo a la causa que ellos representaron y que nosotros nos esforzamos por continuar.

Hay que decir que ambos fueron hombres de pensamiento, de ideas, y que amaron con fuerza el conocimiento y la formación humana y, sobre todo, la cultura. Mariátegui fue amigo y contertulio de grandes personalidades de la vieja Europa, como Henri Barbusse y Romain Rolland, y apreció muy altamente a “Juan Cristóbal” el personaje de la obra cumbre del también autor de “El Alma encantada”. Y el Che -no lo olvidemos nunca- llevaba en su mochila guerrillera el “Canto General”, esa egregia creación de Pablo Neruda, sin igual en nuestro tiempo.

Los dos fueron hombres de una extraordinaria sensibilidad humana, exquisitos y apasionados en la formación de su propio carácter, duros consigo mismos y solidarios con la causa de los más necesitados. Entendieron por experiencia propia las dificultades del hombre y conocieron de manera directa los retos y los desafíos que la civilización contemporánea nos pone por delante. Y dieron una batalla leal y consecuente contra una sociedad arrogante, insensible, basada en la opresión y en la injusticia.

Por ese modo de mirar la vida, apoyaron la lucha más concreta de los trabajadores. Mariátegui, estuvo vinculado desde sus años mozos al combate por la jornada de las 8 horas, por la organización sindical, por la afirmación de la conciencia de clase. Y el Che, guiado por los mismos propósitos, actuó en Guatemala, en México y en Cuba por concretar el ideal de sociedad que se había propuesto, y por cuya causa dio la vida en la hermana Bolivia en 1967.

Y es que los dos fueron profundamente internacionalistas. No pensaron solamente en su país, porque eran conscientes que la batalla que tenían por delante no se encerraba en estrechas fronteras nacionales, sino que se irradiaba al mundo, porque era la causa mundial de los trabajadores. Por eso enfrentaron en su lucha no solamente a un gobierno, sino a un sistema de dominación mundial, el capitalismo; y aspiraron a construir un modelo distinto, aunque también universal: el socialismo. Sabían que las causas del hambre y la miseria de los pueblos, del atraso de nuestras sociedades, del subdesarrollo y la dependencia radicaba en la estructura de dominación que se abatía sobre todos los países.

Por eso, Mariátegui, que hizo célebre aquella frase que quedó en la historia: “peruanicemos al Perú”, nos habló con el más cálido afecto de la Revolución Rusa, a la que consideró el acontecimiento dominante de nuestro tiempo, de las luchas del proletariado europeo y de la revolución mundial. Y el Che combatió en Guatemala, en Cuba, en el corazón de Africa Negra y en Bolivia, por la libertad de América, Ambos eran conscientes que no tenían que luchar sólo contra los empresarios que en su mismo suelo succionaban su fuerza de trabajo, sino contra un sistema de dominación basado en esquemas de propiedad y de producción egoístas y contrarios a la razón humana.

Los dos fueron verdaderos dirigentes de nuestros pueblos. Confirmaron aquello de que dirigente es en verdad quien dirige, quien orienta, quien señala un camino a los demás, y emprende la ruta que lo habrá de llevar a la meta. A veces se cree que dirigente es quien tiene un cargo determinado en una organización política, social, sindical o de otra índole. Y no es así.

Mariátegui solamente ocupó un cargo en los últimos meses de su vida, en la dirección del Partido que constituyó pero siempre fue un dirigente. Y el Che renunció a todos los cargos formales para combatir como un activista de base en la lucha revolucionaria.

Estos elementos que perfilaron la imagen de Mariátegui y del Che no solamente alumbraron la lucha de todos, sino que, además, proyectaron su ejemplo en otros valerosos combatientes de la misma causa y con similares rasgos distintivos.

Por eso puede decirse con toda propiedad que Mariátegui y el Che anidaron en el corazón, en el ejemplo y en el coraje de los cinco héroes cubanos aún prisioneros del imperio.

René y Fernando, Ramón, Antonio y Gerardo son también hombres cultos, poseen un infinito espíritu solidario que los llevó a arriesgar sus propias vidas para la salvación humana; dan muestras permanentes de una firme convicción internacionalista, por lo que su causa se alza en todos los confines del planeta; y juegan cada día el rol de dirigentes, porque orientan el derrotero de los olvidados de la tierra, llamando a todos a la lucha por la justicia y por la dignidad.

Son paradigmas del Che y de Mariátegui, combatientes verdaderos por la causa del hombre y emblemáticas representaciones de lo que constituye el ideal de nuestro tiempo.

Por eso nos convocan. No basta, entonces, que nosotros hablemos de Mariátegui y el Che. Es indispensable que trabajemos cada día por la libertad de estos valerosos luchadores cubanos que no pueden permanecer un año más, un mes más, un día más en las prisiones del imperio.

Los Cinco Héroes Cubanos personifican hoy por cierto la legítima herencia de quienes –como Mariátegui y el Che- nos dieron pensamiento, conciencia y vocación de combate.

(*) Del Colectivo de Dirección de Nuestra Bandera / www.nuestra-bandera.com