Luciano Anaurí: El duro oficio del poeta
Cultura — 17 de junio, 2010Para Luciano Anuarí, la poesía no puede ser complaciente con la sociedad ni con el contexto, debe transformarse en una especie de tábano socrático, un Pepe Grillo, siempre repicando sobre la conciencia de las personas: “Mi poesía es trasgresora, apática frente a los supuestos logros del sistema y creo que por eso provoca escándalo en muchos oídos”.
A los 33 años, con dos libros publicados y la edad de Cristo a las espaldas, el poeta no separa su obra de su vida. Tras abandonar sus estudios de periodismo en la Universidad Arcis, se ha ganado la vida a saltos de mata: “He tenido los más diversos oficios, desde junior o cartero, hasta supervisor de un supermercado, pasando por administrador de una sala de ensayos musicales en la calle Carmen, donde además tenía mi residencia, trabajo muy cómodo, que desgraciadamente perdí después de cuatro años ya que demolieron la casa por las expropiaciones del transantiago”.
En “Sede Profana”, Luciano Anaurí ratifica que su poesía no tiene nada de bucólica, que se desgarra en el arte de escribir, mas bien emparentado con los poetas malditos, sin remilgos por meter el bisturí en las zonas más oscuras de la existencia: “Mi canto es una costra que duele, pero nadie la cura”.
El poeta se declara admirador de Vicente Huidobro y de Teresa Wilms Montt, la enigmática escritora, nacida en 1893 y que en 1916 es rescatada por Huidobro desde un convento santiaguino, donde estaba recluida por adulterio, y trasladada a Buenos Aires. El seudónimo de Luciano está relacionado con un episodio trágico que vive Teresa Wilms en la capital argentina, cuando un enamorado, que además era su primo, de nombre Anuarí, se suicida en su presencia.
Libros polémicos
La obra del joven artista tiene una dimensión desgarrada, sin concesión alguna a una convención políticamente correcta y ha recibido la acogida de Armando Uribe Arce y Francisco Véjar, quien afirma: “Luciano camina por las dos riberas de Santiago de Chile, con sus ojos que sienten y observan, dando cuenta de esa luz que estalla donde no brilla ningún sol”.
Anuarí utiliza a menudo imágenes sombrías y hasta sacrílegas, lo que, en el caso de su primera obra, “Carolínicos”, publicado por Bauvedráis Editores, en el 2007, le valió que grupos evangélicos exaltados realizaran quemas públicas del libro. La defensa del poeta es rotunda: “Para que exista Cristo, debe existir el demonio…”.
En las redes del amor, su primera obra tiene que ver con sus relaciones con dos muchachas de nombre Carolina. Y está inspirada en esas dos amistades de su adolescencia: Carolina F., amor idealizado y no correspondido, y Carolina S., su compañera de juergas en el período universitario.
Luciano reconoce la importancia que juega el rock en su poesía: “Cuando formé parte de un grupo rockero, tanto como de la música quedé admirado del contenido de muchas de las letras de los temas en inglés, que yo trataba de traducir”.
A mediados de 1998, el poeta sufrió una crisis persecutoria y vivió un incidente con un vecino, a quien amenazó cuchillo en mano, sin mayores consecuencias. Pasó dos meses internado en una clínica privada y tres meses en el Hospital El Peral: “Lapso que dedicó al cultivo del olmo y a la gimnasia bolígrafa, hasta que obtiene el alta, tras vaciar a lo menos cinco lapiceros, pasta negra, punta gruesa…”.
En “Aquí estamos”, una especie de declaración de principios, afirma:
“Aquí estamos otra vez, los culpables de todo los inocentes fieros culpables los que azotan con sus discursos los que hablan con palabras de metralleta los que tienen espadas por lápices los que escriben con sangre derramada”.
En su reciente obra, “Seda Profana”, el amor también es protagónico, en su particular estilo, como es el caso del poema “Por tu culpa”:
“Puedo revolcarme en la basura, puedo bañarme de murmullos, puedo sepultarme en el fango, puedo ser vil como el crimen y descender en la degradación sin ningún asco, y levantarme de la miseria contra la muchedumbre”.
Hasta ahora, a varios meses de la presentación de su segundo libro, todavía no se ha sabido de evangélicos reincidentes en la quema de ejemplares, a pesar que se incluyen poemas como “A veces”:
“El tiempo es tan corto como el amor de una prostituta a veces el tiempo es una gran mentira como las oraciones en la iglesia a veces los ángeles se ríen de nosotros y nos besan donde más nos duele a veces la fe muere como los animales del circo y las sombra siguen jugando a veces los ídolos caen resquebrajados del altar como cuando muere una oración al viento, a veces el Cristo cae de la cruz y en su tumba, sólo encontramos huesos roídos por las ratas a veces la mentira crea incertidumbre a veces”.
Para Luciano Anuarí, debe de ser duro el oficio de poeta…











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