Los Medios Dóciles
— 21 de febrero, 2010Existe temor en el diario La Nación. De hecho se formó un grupo de Facebook –la comunidad virtual de amigos, causas y fans de actores y grupos musicales- en donde emplazan a que este medio no sea clausurado con la llegada del gobierno de Sebastián Piñera. La intención de la clausura quedó expuesta a raíz de un hecho muy poco decoroso que involucró al designado ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, con una periodista del diario el día del cierre de la campaña de Piñera en diciembre de 2009, poco antes de la primera vuelta de la elección presidencial. Esa tarde en el Arena Santiago en el Parque O’Higgins, Hinzpeter impidió el ingreso de la profesional, aduciendo que junto a sus demás compañeros de trabajo eran instrumentos del gobierno y sólo se dedicaban a criticar al candidato de derecha.
Por otra parte es conocida la afición de Piñera por tener el control de cuanta empresa se ponga por delante, entre ellas las acciones de medios de transporte, farmacias, clínicas y también medios de comunicación. Si no los tiene en su mano, entonces sus cercanos son a la vez personajes vinculados con la prensa, o mejor dicho con quienes dictan la pauta editorial de los medios.
¿Cuántas veces salió en los últimos años el reclamo de un trabajador en un medio como La Tercera o El Mercurio o en las radios comprometidas con los capitales extranjeros que a la vez protegen los intereses de empresas foráneas que vienen a especular a Chile? En cambio, la presencia de cualquier empresario en una “actividad social” o las subidas de Andrónico Luksic a los picos de los montes alrededor del mundo, son motivo de sendos reportajes de revistas de papel couché.
Son dóciles los medios de comunicación en Chile al capital. Y lo más triste es que sus periodistas han comenzado a engrosar un ejército de gente obsecuente, donde no hay un espíritu crítico por lo que sucede alrededor. Muchas veces en La Nación aparecieron estadísticas de lo que estaba sucediendo por ejemplo con los trabajadores de la construcción, sector productivo del país donde más accidentes laborales se producen cada año. Además constantemente se denunciaron los arreglos para hacer la vista gorda e imponer la impunidad y el punto final a favor de quienes violaron los derechos humanos durante la dictadura que encabezó Augusto Pinochet, quien fue acompañado por varios de los que a partir del 11 de marzo serán gobierno.
La Nación no cerrará sus puertas el 12 de marzo, a horas de haber asumido Piñera. Según sus cercanos, la intención es observar de cerca su funcionamiento y el engranaje que une a este periódico con el Diario Oficial y las empresas Vía Directa y los talleres de impresión “Puerto Madero”. Después, pasado el Bicentenario, se entregaría a capitales privados. De esa forma se sumaría La Nación al listado de medios domados o sencillamente la harán desaparecer.
Aún así, la Concertación tiene una gran responsabilidad por la inexistencia de medios críticos en el país. Su compromiso con la prensa fue igual a cero y sólo el último tiempo se dedicaron a publicar un boletín “Chile Contigo”, el que tendrá una última edición antes del 11 de marzo ya que su objetivo es ser un medio de propaganda del trabajo del gobierno de Michelle Bachelet.
No hubo un proyecto serio de fomentar el crecimiento de los medios de comunicación en el país y la apuesta fue asfixiar a los que estaban en los quioscos como Fortín Mapocho, La Época y las revistas Análisis, Cauce o Apsi y más adelante revistas como Rocinante, Siete más Siete y Plan B. De hecho, consultado durante el lanzamiento del libro de María Olivia Monckeberg “Los magnates de los medios de comunicación” en el Aula Magna de la Universidad de Chile hace algunos meses, el ex presidente Patricio Aylwin negó la afirmación de que su gobierno se opuso al financiamiento que recibían varios de los medios citados por parte de gobiernos como el de Holanda, lo cual sería interpretado como una “intervención en los asuntos internos del país”, según habría dicho en su calidad de ministro secretario general de gobierno el sociólogo Enrique Correa. Es de prever que ahora los mismos pedirán espacio en los pocos medios que quedan independientes del poder del mercado.
Terminar con esa dependencia de los medios con los grupos de presión y de quienes ostentan el poder económico en el país, es de suma urgencia. De lo contrario, lo que vendrá son cuatro años de silencio oficial y de la prensa donde ya les han dicho a sus periodistas qué preguntas se deben hacer y a los fotógrafos qué imágenes deben tomar del futuro mandatario de Chile.












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