Libertad de Expresión en Chile Entre la espada y la pared
Movimiento Social — 17 de junio, 2010Más que una declaración de buenas intenciones, el acceso real a la libertad de prensa pasa por un pluralismo informativo, que permita conocer diversas lecturas sobre el acontecer noticioso y su ubicación en un contexto político y social.
Más que una declaración de buenas intenciones, el acceso real a la libertad de prensa pasa por un pluralismo informativo, que permita conocer diversas lecturas sobre el acontecer noticioso y su ubicación en un contexto político y social.
Justo en el año del bicentenario, es útil echar una mirada a la libertad de prensa, incluyendo el gobierno de Salvador Allende, y la situación actual, que trasciende los diecisiete años de dictadura y veinte de Concertación, cuando se inicia un gobierno netamente derechista.
El caso de la Unidad Popular
Contrariamente a las afirmaciones de los grandes consorcios empresariales, ligados a los intereses de las trasnacionales, en el gobierno de la Unidad Popular se desarrolló la más amplia libertad de expresión de nuestra historia, aprovechada por los conspiradores derechistas que, financiados por la CIA, montan un complot para derrocar al gobierno.
Son los medios protegidos por la SIP (Sociedad Interamericana de Prensa) los que propician una campaña para preparar el golpe. En octubre de 1970, en la inauguración de su reunión en México, el presidente de la SIP, Tom C. Harris, manifiesta: “El triunfo de Allende es la mayor amenaza para la prensa libre del Continente y si esa libertad se pierde, las víctimas serán El Mercurio, uno de los diarios más grandes de América. Su director, Agustín Edwards, uno de nuestros miembros más respetados y ex presidente de la SIP, y los otros directores de diarios de Chile”.
La prensa opositora a Salvador Allende contaba con 54 diarios, entre ellos El Mercurio, y 98 radios. El gobierno de la UP contaba con 10 diarios y 36 emisoras. Con respecto a los Canales de Televisión, que eran tres, uno pertenecía a la oposición y se vanagloriaba de no pasar jamás una información favorable a Salvador Allende. Los otros dos eran proclives al gobierno constituido, donde trabajaban periodistas y productores de todos los signos políticos y se emitían programas que apoyaban o criticaban al gobierno.
Todas las opciones políticas tenían libertad para publicar periódicos y poseer emisoras de radio, incluyendo a los partidos de ultra derecha, como el caso de “Política, Economía, Cultura”, “PEC” que siguió publicándose sin que moderara en lo más mínimo su línea de insultos contra Allende y de invocación al golpe. Además las publicaciones extranjeras podían venderse libremente en los quioscos.
Durante el gobierno de Salvador Allende, nuestro semanario mantuvo su línea en defensa de los trabajadores y de las conquistas del pueblo. Esa es su posición invariable, incluso en los días más negros de la dictadura de Pinochet en que clandestinamente y a mimeógrafo siguió llegando al público, transformado en SOL.
Próximo a cumplirse los setenta años de vida de este semanario, parece oportuno recordar algunos escritos en tiempos de la clandestinidad, en el “boletín de prensa EL SIGLO, órgano del Partido Comunista de Chile, Nº212, semana del 23 al 29 diciembre 1987, en un artículo titulado INTERESES CONTRAPUESTOS: “La declaración REAGAN–SCHULTZ del 17 de diciembre debe haber caído como una bomba en el gabinete de Pinochet, del generalato de las FF.AA. y de los círculos financieros criollos. La crisis y descomposición del régimen se encamina a su fin. No importa cuál sea el ángulo desde donde se le enfoque: político, económico, social o moral; todos los parámetros indican que es insostenible el actual estado de cosas, que es necesario introducir cambios profundos y que, independientemente de los proyectos acerca del futuro inmediato, todos pasan por la necesidad imperiosa y urgente de un quiebre institucional: terminar con el fascismo, aventar a Pinochet y construir una nueva estructura estatal en que se exprese efectivamente la voluntad popular”.
Situación actual
Hoy en día, se sigue debatiendo el problema de la prensa en Chile. La Universidad de Santiago, a través de su escuela de Periodismo, organizó recientemente el evento “El rol de los medios durante el gobierno de Sebastián Piñera. Diagnósticos, escenarios futuros y propuestas”. La actividad, patrocinada por el Colegio de Periodistas, facilitó el intercambio de opiniones e ideas entre los profesionales y los estudiantes de Periodismo en torno a los roles sociales, políticos e ideológicos de los medios de difusión masiva, además de reflexionar sobre la conducta de los sistemas y las empresas de información durante el gobierno de Piñera.
Entre los invitados estuvo el académico e investigador de la Escuela Latinoamericana de Estudios de Postgrados de ARCIS, Álvaro Cuadra, quien planteó: “La propiedad y orientación de los medios de comunicación en Chile hace patente un marcado desequilibrio. Durante dos décadas de gobierno concertacionista, el interés de los partidos políticos por posicionarse a nivel parlamentario, se transformó en desinterés a la hora de plantearse el desarrollo de medios alternativos a los grandes monopolios”.
El docente indicó: “Una democracia en que los opositores carecen de medios para hacer oír su voz, muestra el feble tinglado democrático en que se sostiene la institucionalidad chilena. La comunicación social en una democracia como la nuestra, ha dejado de ser un problema de mercado para devenir un problema político”.
Cuadra afirmó: “Desde hace dos décadas tenemos una imagen-país cuyos vértices son la amnesia, la despolitización, el consenso social, el consumo, el éxito y el individualismo. Como en la mayoría de las sociedades burguesas, en la sociedad chilena la gestión del poder se reconoce en la represión policíaca frente a cualquier protesta o barricada”.
Parece claro que respecto a la libertad de prensa no se puede ejercer una posición distinta a la que predomina en el oligopolio ejercido por las empresas El Mercurio y Copesa.











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