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Las coloridas recetas de Lavín

Editorial — 17 de junio, 2010

Nada mejor para salir de la mediocridad de lo gris cotidiano, que imaginar un mundo en colores. La duda que pudiera surgir es si tal ejercicio sería de alguna utilidad para cambiar la mediocre realidad.

Reflexiones que está haciendo mucha gente, particularmente maestros y estudiantes, ante la propuesta tricolor del innovador ministro de Educación, el ex candidato presidencial y ex alcalde de Santiago Joaquín Lavín.

Como todos recordarán, la ágil inventiva laviniana va desde los botones de pánico en el centro capitalino hasta las playas en el Mapocho y la nieve artificial. Hoy, superándose a sí mismo, introduce el “semáforo” escolar. La idea es simple: los colores verde, amarillo y rojo –los mismos del semáforo- señalizarán los diferentes niveles de calidad de cada establecimiento educacional.

De la manera propuesta, aduce el ministro, padres y apoderados estarán en condiciones de “elegir” el colegio de sus hijos. Pensamiento típico “de mercado”, y por ello inobjetable: usted recibe una oferta y decide en tanto consumidor.

Pregunta necesaria: ¿elegiría alguien, por puro gusto, consumir “amarillo” o, peor aun, “rojo”? Pero, pues no hay que ser tan “negativo”, tal vez la medida que implementará Joaquín Lavín sea, no sólo novedosa, sino también de alta utilidad pública. Esto, pues bien podrían extenderse los indicadores tricolores a otros ámbitos. ¿Qué tal, por ejemplo, a los servicios de salud? ¿O a las empresas, atendiendo a si cumplen sus compromisos laborales? ¿O a la calidad de los productos que concurren al mercado, incluyendo casas y especies concesionadas? Hasta, se podría llegar a semaforizar a los ministros y ministerios, intendentes y gobernadores, por qué no a los alcaldes…

La única duda es si tal remedio será bueno para la enfermedad.

“Chile limita al centro de la injusticia”, cantaba o más bien lloraba Violeta Parra. Y entonces, ¿qué color le podría el agudo ministro a nuestro país en materia de justicia o injusticia social?

¿Cómo pasamos del rojo-país al verde-país? Las opciones pueden diferir, según el cristal –y bolsillo- con que se mire, pero lo cierto es que no será con métodos como el propuesto. Ministro de ultra “excelencia”, joya del gabinete, Joaquín Lavín se confirma como el prototipo del que no quiere ver la realidad porque no acepta transformarla. Algunos siguen la receta del avestruz y esconden la cabeza en la arena; otros, como Piñera y sus boys de chaquetillas rojas (¿habrá pensado en ellos el ex alcalde cuando estigmatiza con ese color?) se ocultarán tras el semáforo de 3 colores y desde allí distribuirán calificaciones y destinos. ¿Habrá pensado, además, en lo que podría ser su responsabilidad si nuestra “roja”, tras haber puesto sus colores en el lugar más despreciable, no alcanza los felices resultados que todos le deseamos? ¿Cómo responderá el niño o el joven al que se le pregunte por el color de su colegio, si debe responder con el “rojo”? Posiblemente se pondrá rojo de vergüenza. Habrá que esperar como se pondrá, en parecidas circunstancias, el responsable de garantizar para todos una educación digna, económica y democráticamente hablando.