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La verdad tarda, pero llega

Internacional — 20 de junio, 2010

Este año el mundo recuerda una vez más el intento criminal cometido el 13 de mayo 1981 contra el líder de la Iglesia Católica, el carismático Papa Juan Pablo II. Este acto terrorista fue cometido por Ahmed Ali Acga, miembro del grupo nacionalista turco de extrema derecha “Los lobos grises”. Posteriormente se descubrió que este grupo estaba vinculado con elementos cercanos a la CIA en el marco de la red secreta antiizquierdista “stay behind”.

Hace 29 anos Agca le disparó 2 veces al Sumo Pontífice, nada menos que en el centro de la plaza San Pedro en Roma, cuando el Santo Padre estaba saludando a los 20.000 cristianos que presenciaban su tradicional mensaje semanal. El Pontífice siempre creyó que la Virgen de Fátima desvió las balas y le salvó la vida.

 Atrapado en el lugar con la arma del crimen en sus manos, el asesino reconoció su culpa y declaró que había actuado solo. Anteriormente, en 1979 Acga ya había asesinado en Estambul a Abdi Ipekci, el Redactor en jefe del importante periódico turco “Milliet”.

Condenado a cadena perpetua, escapó misteriosamente de la prisión de alta seguridad Cartal Maltepe e hizo pública una carta en la cual amenazaba asesinar al Papa Juan Pablo II durante su visita en Turquía el mismo año. Después de la fuga de la cárcel, INTERPOL lanzó una orden “roja” de detención a su nombre como criminal altamente peligroso. A pesar de ello, Agca estuvo visitando varios países europeos y mediterráneos, quedándose en hoteles de lujo sin ningún problema.

Tres años después de su detención y posterior encarcelación en Roma, sorpresivamente nombró como sus cómplices a los servicios secretos de Bulgaria, un país, en aquel entonces, del campo socialista. Casualmente o no, poco antes de estos nuevos testimonios de Agca, la periodista Cler Sterling sugirió en la  revista “The Reader’s Digest” la conspiración de Moscú y de Sofía en el atentado y lo que parecía aún más increíble cómo los servicios secretos de un país del ?acto de Varsovia podrían “cooperar” con sus enemigos de extrema derecha de un país de la OTAN en plena Guerra Fría.

Basándose únicamente en las confesiones de Agca y una foto tomada en el momento del atentado, la policía italiana arrestó en 1984 al representante de las líneas aéreas de Bulgaria en Roma Serguei Antonov. Más tarde esta foto fue declarada evidencia inválida por los jueces Ilario Martela y Rosario Priore, ya que la persona que aparecía en ella era un turista extranjero.

Desde el principio la participación del búlgaro parecía poco probable. El sentido común indicaba que si Serguei Antónov hubiese estado implicado, sus jefes lo habrían “evacuado” de Italia inmediatamente después del atentado. La “pista búlgara” pronto resultó pura invención.

Agca mismo reconoció haber inventado parte de sus confesiones. Durante el proceso se hizo insostenible la versión de la participación de los búlgaros ya que el imputado se equivocaba de circunstancias, lugares, nombres, apariencias y cambió más de 100 veces sus testimonios tratando de manipular a la corte. Finalmente, las acusaciones contra Antonov fueron desechadas una a una y después de pasar 2 años encarcelado fue liberado y regresó a Bulgaria.

Quince años después del atentado, una periodista francesa de origen búlgaro y profesora en el Instituto de criminología de París, Roumiana Ougartchinska, emprendió en una investigación del caso que duró 10 años. El resultado es el libro “La verdad sobre el atentado contra el Papa Juan Pablo Segundo”, publicado en Francia en 2007 y después en Bulgaria.

Basándose en el libro, la televisión francesa hizo un documental, presentado por History Chanel en 2009. Las dos obras presentan una visión muy objetiva e independiente, descartando la participación de los servicios secretos del Este europeo. Ante la cámara del equipo, Melvin Goodman, ex analista de la CIA, declaró que los búlgaros no estaban involucrados en el atentado y las informaciones de su supuesta vinculación, sugeridos a la prensa, eran falsas.

Hoy en día, casi 30 años después del complot, nadie cree en la “pista búlgara”. En 2002 el mismo Papa Juan Pablo Segundo hizo una visita en Bulgaria, invitado por el gobierno de este país. El declaró: “Nunca he creído en la ´pista búlgara`. Fue una falsedad”.

En realidad, Bulgaria y el Vaticano siempre han tenido buenas relaciones, básicamente por el papel reconocido de los dos monjes de origen búlgaro Cirilo y Metodio en la divulgación del cristianismo entre los pueblos eslavos en el siglo 9 D.C. y la creación del alfabeto Cirílico Los discípulos de Cirilo y Metodio tradujeron en Bulgaria los libros sagrados del cristianismo del latino al idioma eslavo.

En 1981 el mismo Papa Juan Pablo Segundo canonizó a los Santos Cirilo y Metodio y les proclamó “Copatronos de la Europa Unida”. La biblioteca del Vaticano contiene valiosas obras del patrimonio espiritual e histórico de los búlgaros. Desde 1974, cada año delegaciones estatales búlgaras de más alto nivel son recibidos por el Santo Padre en el marco de las celebraciones organizadas por El Vaticano en la Basílica romana San Clemente, donde está sepultado Constantino Cirilo Filósofo. Bulgaria y el Vaticano tienen relaciones diplomáticas desde 1990 al nivel de embajadas.