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La Roja de Todos

Editorial — 20 de junio, 2010

Un “fenómeno de masas”, lo llaman algunos. Se trata de la espera y posterior celebración en las calles del país del triunfo de la Selección Nacional de Fútbol en su primer partido del Mundial de Sudáfrica.

Sin caer en pedantes elucubraciones sociológicas, es útil y, aun más, necesario, considerar tales demostraciones en las que pareciera alcanzarse una suerte de “unidad nacional”. Tales momentos son más bien raros y es poco probable que se repitan, ni aun a propósito de efemérides tan abarcadores como la del inminente Bicentenario.

Echan de menos algunos, y no carecen de razón, que para protestar por injusticias o resistir atropellos que en más de una ocasión han derivado directamente de las autoridades, no pongan “las masas” tan encendido entusiasmo como el que hoy agita las banderas a lo largo de Chile. ¿Se trata de una crítica o inconformismo legítimo y pertinente? Está abierta la discusión. Pero torpe sería no intentar una aproximación a momentos como éstos, en los que se desata una euforia patriótica que abarca sexos y edades y aun diferencias sociales.

Tal vez, habría al menos que preguntárselo, está la gente necesitada de “momentos” en los que se identifique con el más amplio espectro de “los suyos”. Momentos en que se quiera efectivamente parte de un cuerpo social homogéneo y se aferre sin reflexiones trascendentalistas al primer símbolo que hable de una identidad compartida.

No carece de pertinencia el formularse algunas preguntas y al menos esbozar algunas respuestas sobre el espacio deportivo, sus sentidos, sus objetivos, su futuro. Y es que sin duda el fútbol, en sus expresiones amateur y profesional, es un acto social, un escenario en el que se dan tanto identificaciones de grupos como diferencias que suelen llegar a extremos lamentables y aun repudiables. Sin embargo de esto último, hoy “todos somos La Roja”.

¿Qué hay detrás de estas columnas de jóvenes, especialmente ellos, que recorren las calles con su bandera chilena al hombro o al viento?

¡Qué bueno sería que se pudiera hablar, a este respecto, de un pueblo capaz de alcanzar altos niveles de unidad cuando encuentra en su camino pasiones por las que valga la pena incluso el sacrificio!

Están abiertas las esperanzas de nuevos triunfos deportivos y también, por qué no atreverse a ello, de nuevas y prontas causas que congreguen a amplias masas en las que cada uno se identifique con un Chile realmente “de todos”.