Kimberley Soto: Una chilena en el atentado israelí
Internacional — 17 de junio, 2010Kimberley Ximena Soto Aguayo, ciudadana chilena residente en Suecia, de 34 años, hija de un ejecutado político, fue una de las integrantes del convoy humanitario atacado por Israel frente a la Franja de Gaza.
Aunque resultó ilesa, fue testigo de la criminal acción, siendo posteriormente detenida junto al resto de sus compañeros para dos días después ser liberada, ante la presión internacional y del gobierno sueco, que exigía su libertad, viajando por último a Estocolmo la semana pasada. La activista chilena por la causa palestina es cientista política y audiovisualista y es hija de Juan Ramón Soto Cerda, militante del Partido Socialista de Chile, asesinado por la CNI, en plena dictadura de Augusto Pinochet, el 10 de septiembre de 1981.
Kimberley tenía 2 años en esa fecha y se exilió en Suecia con su hermana Lorena y con su madre, quien falleció en el año 2001. La joven había viajado a Chile hace poco tiempo, donde permaneció hasta abril de este año, y pudo así conocer el fallo judicial por el crimen de su padre, que se conoció en marzo.
Su abogado chileno, Nelson Miranda, describió a Kimberly como una persona extremadamente solidaria y sensible a todas las injusticias, por lo que no se sorprendió de su participación en la iniciativa humanitaria, a favor de la causa palestina.
Agregó que la joven, en su oportunidad, hablando de su padre expresó: "Creemos que personas capaces de luchar por la justicia y libertad de un pueblo con la vida en riesgo son únicas y muy valiosas. Por eso el hecho de no haber conocido y aprendido un poco de esa valentía y ejemplo humano que era nuestro padre, nos duele amargamente. Siempre, todos los días sentimos falta de su amor incondicional, de su cariño, cuidado, seguridad, buen ejemplo, protección, apoyo y sabiduría”.
Junto a Kimberly Soto Aguayo, otras 50 personas fueron trasladadas a la prisión de Ela en Beersheba, según el diario sueco The Swedish Wire, desde donde dos días después fueron liberadas. Como se recordará, el ataque israelí se llevó a cabo en aguas internacionales, cuando dos helicópteros militares abordaron el barco de bandera turca Marmara, que participaba en la llamada "Flotilla de la Libertad" en solidaridad con Gaza. La acción ha desatado una ola de protestas políticas y sociales contra la barbarie sionista en todo el mundo.
Por el asesinato del dirigente socialista Juan Soto Cerda, padre de Kimberley, el juez Joaquín Billard condenó a doce años de prisión a los CNI Alvaro Corbalán y Alejandro Astudillo. Junto al padre de Kimberly, también fueron asesinados Jaime Alfonso Cuevas Cuevas, militante del Partido Socialista, y Luis Pincheira Llanos y Nelson Luis Araneda Loaiza, miembros del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Sus cuerpos fueron hallados en un automóvil incendiado frente a la casa del entonces ministro de Relaciones Exteriores, René Rojas, en Las Vizcachas.
Otros agentes, Fernando Rojas Tapia y Enrique Sandoval Arancibia, recibieron una sentencia de 6 años de cárcel. Los cuatro militantes fueron asesinados tras ser detenidos por la CNI, que después incendió el automóvil y simuló un enfrentamiento.
Testimonio de las hermanas Soto Aguayo
Aquí incluimos la versión de Ximena y Lorena en relación al asesinato de su padre y el impacto en sus vidas, que está incorporada a la presentación de la querella.
“Nosotras, Kimberly Ximena Loreto Soto Aguayo y Lorena Patricia Soto Aguayo, somos las hijas de Juan Ramón Soto Cerda. Este es nuestro testimonio sobre cómo el asesinato de nuestro padre ha afectado nuestras vidas.
Poder describir las diferentes dimensiones del dolor, de la falta y necesidad que siempre sentimos y siempre sentiremos por no haber conocido a nuestro padre es muy difícil.
Nos faltan palabras, pero creemos que todo ser humano que ama a otro puede imaginarse el dolor de tener que perder tan cruelmente a esa persona. Ahora, solo una persona que ha vivido ese trance puede llegar a experimentarlo, porque creemos que no existe un dolor mayor. Creemos que personas capaces de luchar por la justicia y libertad de un pueblo con la vida en riesgo son únicas y muy valiosas. Por eso el hecho de no haber conocido y aprendido un poco de esa valentía y ejemplo humano que era nuestro padre nos duele amargamente. Siempre, todos los días sentimos falta de su amor incondicional, de su cariño, cuidado, seguridad, buen ejemplo, protección, apoyo y sabiduría. Las consecuencias del asesinato de nuestro padre también han sido enormes. Después de su muerte tuvimos que vivir nuestras vidas en el exilio, lejos de nuestro país y familia. Nuestra madre nos tuvo que criar sola en un país lejano con todas las dificultades que eso significa y con toda la carga económica.
Todo el daño, dolor y sufrimiento que nuestra madre sufrió, durante los años de la dictadura en Chile, cuando tuvo que buscar a su esposo desaparecido, cuando tuvo que luchar para encontrarlo y para reivindicar su nombre. Todo este terror terminó manifestándose en un cáncer fatal y en su fallecimiento en el año 2001.
Es casi irreal crecer con el conocimiento de que tu padre fue asesinado por el propio Estado, tener que vivir en la realidad de que la justicia no es querida por muchos y que la muerte de unos no se respeta por otros, hasta el día de hoy.
No se puede esperar que se haga justicia durante una dictadura pero a la misma vez no se puede aceptar que se practique la impunidad en una democracia. Los culpables tienen que ser condenados. Hemos esperado 19 años de democracia para poder sanar un poco nuestras heridas. Nosotras, las hijas de Juan Soto Cerda, expresamos nuestro mayor sentimiento para que se haga justicia en el caso de nuestro padre. Es lo digno de una democracia y es lo único que puede dar nueva luz a nuestras almas”.












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