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Investigador Policial Relata Como Taparon el Caso

Nacional — 17 de agosto, 2009

El policía que investigó el escándalo de La Familia, Prefecto (R) Francisco León Preller, a la sazón Jefe de la Brigada de Delitos Económicos, BRIDEC, asegura que por presiones cuyo origen desconoce, tuvo que abandonar el caso a los quince o veinte días de iniciado. Trascurridos 33 años desde esos hechos, así los recuerda en conversación con El Siglo:

“Nuestra investigación se inició por orden judicial de tribunales. Recuerdo que estuvimos en la oficina, interrogando a muchas personas. Los nombres y los actuales cargos que desempeñan, no los podría precisar. Lo que sí sé positivamente es que la gente que estaba involucrada en estos hechos, era toda de derecha”.

-En los documentos que poseemos se mencionan varias personas, como Jaime Guzmán, Hernán Larraín, Javier Leturia, Andrés Chadwick, Juan Antonio Coloma, Cristián Larroulet, Miguel Kast y Javier Leturia, entre otros. ¿Recuerda alguno?

“Del que me acuerdo bien era Kast, y desde luego, Jaime Guzmán. Lo digo porque de los antecedentes reunidos, el que aparecía como cabeza de todo era Jaime Guzmán. Incluso, recuerdo que llegó a estar con orden de arraigo”.

-¿Qué antecedentes logró reunir en la investigación?

“De esa investigación, lo más lamentable de todo, y lo que más me impactó fue la calidad de la gente que quedó en la calle. Gente que recién había sacado su desahucio, que tenía sus ahorritos, o plata para agrandar su pequeño negocio, quedó completamente en la ruina, y jamás la recuperó. Eso fue para mí lo más impactante”.

-¿Retiene el monto de lo estafado?

“Bueno, montos globales, así de memoria, no podría darle. Pero había gente que había invertido ahí su desahucio, digamos, cuarenta mil pesos. Y como esa persona, miles”.

- Estaba el maestro Cárdenas, que había ganado el primer premio de la Polla Gol… “El maestro Cárdenas perdió como cinco millones de pesos. Pero comparado a gente que perdió los ahorros de toda una vida, es algo totalmente distinto. Al menos, él había ganado la plata en un juego de azar”.

Presiones de alto vuelo

-¿Logró establecer el modus operando de La Familia?

“Lo que se explicó en ese tiempo es que La Familia había invertido en una empresa constructora, que al final quebró. Al quebrar la empresa, se derrumbó La Familia. Pero yo creo que las platas fueron para otro lado”.

-¿Llegó a establecer dónde se colocaron esos dineros? Lo pregunto porque un documento secreto de la CIA, que obra en nuestro poder, indica que la finalidad de La Familia apuntaba a generar capitales y poder lavar activos en forma transparente…

“No, no pudimos avanzar mucho, porque al poco tiempo, a los quince o veinte días, nos llegó del tribunal la orden de devolver la orden de investigación”.

-¿Una manera de tapar el asunto?

“Evidente, por supuesto. La orden de devolución venía del tribunal, pero de dónde venía la orden de más arriba, no lo sé”.

-¿Usted llegó a tomarle declaración a Jaime Guzmán?

“No, no alcanzamos. Entrevistamos a varios de los involucrados, pero no sería honesto de mi parte darle nombres, porque no los recuerdo”.

-¿Pero quedó usted con la sensación de que el asunto se estaba tapando?

“Totalmente. Un asunto de esta naturaleza, que dejó en la ruina a cientos de personas, de la calidad de la que le digo, que tenia todas sus esperanzas en lo que estaba invirtiendo en la familia, eso es lo dramático”.

Presencia de la CIA en Chile

- Usted creó la BRIDEC en el tiempo en que el Director de Investigaciones era Emilio Oelckers, quién murió en un accidente de aviación en 1969. ¿Cree que hubo algo sospechoso en ese accidente? Se lo pregunto porque en esa época, en Chile, ya estaba actuando desembozadamente la CIA, y empezaron a sucederse asuntos extraños…

“Bueno, siempre pensé que la muerte de Emilio Oelckers, un hombre excepcional, no fue accidental. Desde luego, la explicación que se dio, de que en el trayecto entre Puerto Montt y Santiago, al cruzar el cordón de Lastarria, el director se había comenzado a sentir mal y que entonces el piloto descendió a cuatro mil metros y en ese momento se le habían comenzado a cubrir las alas de hielo, no me pareció convincente. Un piloto que tenía miles de horas de vuelo, como Temis Rodríguez, aunque el director le hubiera dicho que baje a cierta cantidad de metros, si veía que las condiciones climáticas no lo permitían, no lo habría hecho. Yo estoy de acuerdo con lo que usted dice de la CIA, pero pienso que estaba en Chile desde mucho antes. Nosotros sabíamos de la presencia de la CIA, le diría que desde el gobierno de Ibáñez. El problema es que en muchas investigaciones que yo hacia, la CIA tenia contacto muy estrecho con algunos de los jefes de investigaciones, contactos muy estrechos. Nosotros lo sabíamos. Tuve un día almorzando en mi casa a un funcionario de la DEA, pero en el fondo era de la CIA. Todos estos que eran de la DEA o de otras agencias americanas eran todas de la CIA. Detrás de todo lo que pasa aquí en América del Sur, está la CIA. Lo que esta pasando en Bolivia ¿usted cree que no está detrás la CIA?. Lo mismo con lo que está pasando en Perú. El negocio mas grande de las potencias desarrolladas, es la venta de armas, y el tráfico de estupefacientes. Entonces, les conviene mantenerse en ciertas partes del mundo”.

Asesinato de Schnneider

-De hecho, menos de un año después de la muerte de Oelckers, la CIA impulsó el asesinato del general Schneider. Usted investigó ese caso y detuvo a los culpables. ¿Cómo encontraron la pista?

“La investigación comienza porque el día en que mataron a Schneider, un grupo de funcionarios de mi equipo detuvo a un auto, un Dodge Dart azul y el dueño dijo que vivía en lo que hoy es el parque intercomunal La Reina. El dueño dice que el auto se lo habían robado el día anterior, y lo dejan ir. Cuando llego al cuartel, ya sabía que había un testimonio que mencionaba un Dodge Dart azul. Al enterarme que lo habían dejado ir, pesqué cinco o seis funcionarios y me fui a buscarlo. El sujeto, efectivamente vivía allí. Ahí empezó a salir todo”.

-¿Recuerda cómo se llamaba?

“De memoria, no, pero era encumbradísimo. No costó mucho para que empezara a dar los otros nombres, de abogados, de empresarios, todos de derecha. El caso se resolvió como le digo, gracias a eso, a la detención de este fulano, que iba en uno de los diez o quince autos que iban detrás de Schneider”.

-¿Fue necesario un hábil interrogatorio?

“Mire, Francisco. Yo le voy a decir una cosa de la que me vanaglorio. Jamás en la vida torture a nadie. Incluso, no tuteaba a los detenidos. Jamás acepté el tercer grado. Lo consideraba vejatorio, para uno. Sin embargo, admito que la norma, no solamente en Chile, sino la norma en todas las policías del mundo es el tercer grado, ya sea físico o psicológico. Si me pregunta del tercer grado ¿acaso no lo aplican los americanos en Guantánamo; no lo aplicaron los americanos después de la caída del tercer reich en Europa; no lo aplican los israelíes? Pero en lo personal, creo que uno tiene que ser más inteligente que el que detiene, sino para qué está preparado. En el caso del sujeto en cuestión, lo tuvimos como diez horas en un calabozo solo, totalmente solo. sin hacerle ninguna pregunta. Después comenzamos a interrogarlo, y nos entrego altiro a Bouchon, de Santa Cruz, de una familia muy rica, amigos de Cardoen; nos entregó nombres de familias encumbradísimas. Poco después, me tocó participar en la detención del general Viaux y de su suegro, y después en la detención del mayor Marshall”.

Narcotráfico

-Ciertos documentos que obran en nuestro poder, señalan que la droga se instaló masivamente en Chile, en tiempos de Pinochet, y con participación de conspicuos personajes de la fronda golpista, e incluso de la Policía. ¿Tiene antecedentes de ello?

“No, en el tiempo nuestro el consumo de drogas era limitado a ciertos estratos de la población o muy bajo o muy alto. Hoy está generalizado. El problema de la droga esta en lo siguiente: si usted sale hoy de cuarto medio, no saca absolutamente nada. La enseñanza media no le da a usted ninguna opción para buscar algún trabajo calificado. ¿Cuanto va a ganar un cabro que sale de cuarto medio con 17, 8 o 19 años?. A lo más ciento cincuenta mil pesos y eso. Venda usted un papelillo de coca y se gana trescientos mil al instante. Con un kilo, se hace todo el año.

Entonces, para qué estar trabajando por una miseria. Es mejor ponerse a vender, e incluso eto se hace a nivel de familia. Es una cuestión social”.