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Hillary Clinton en la OEA, La “madrina” de Porfirio Lobo

Internacional — 20 de junio, 2010

De no haber sido por la intoxicación masiva de 45 de sus participantes y el fracaso de Hillary Clinton en su empeño por legitimar al gobierno hondureño de Porfirio Lobo, la cuadragésima versión de la reunión de Cancilleres de la Organización de Estados Americanos, que se realizó los días 8 y 9 de junio, en Lima, habría pasado sin pena ni gloria.

La canciller estadounidense no pudo cumplir su objetivo de que Honduras volviera a la OEA, por lo que el gobierno de Porfirio Lobo seguirá fuera, al menos hasta fines de julio. El chileno Miguel Insulza, que había sido resistido tibiamente por Washington, estrenaba su segundo mandato y venía dispuesto a hacer las cosas lo más fáciles posibles al Departamento de Estado, pero no pudo ser.

Hillary Clinton, verdadera “madrina” del gobernante hondureño, se esforzó al máximo para que sus colegas se avinieran al regreso del gobierno de Porfirio Lobo al regazo regional, pero lo más que pudo conseguir fue una declaración final, suscrita por los 33 países asistentes, que es un ejemplo de vaguedad: “La situación de Honduras es de interés para todos y es necesario que los países miembros cuenten con mayor información sobre el actual estado del proceso político hondureño”.

Fuera de ello, más un preocupante informe del déficit presupuestario de la organización y la urgente necesidad de medidas de ahorro, la Asamblea de la OEA sólo hizo noticia porque las bondades de la cocina peruana causaron cuadros de diarrea y deshidratación en 45 participantes, incluido Insulza, que tuvo una indisposición con camarones que el diario El Comercio de Lima tituló irónicamente: “El dolor de estómago no fue por Honduras”.

Blanqueando el Golpe

Como se recordará, el 28 de junio de 2008 hubo un golpe cívico-militar en Tegucigalpa, que entronizó al ultraderechista Roberto Micheletti como "presidente". Para eso se derrocó, secuestró y deportó al mandatario constitucional, Manuel Zelaya, que tenía mandato hasta enero de 2010.

Posteriormente, Micheletti y el jefe de las Fuerzas Armadas, general Romeo Vázquez, entrenado por los Estados Unidos, llevaron adelante una feroz represión contra los movimientos sindicales, campesinos y de derechos humanos que clamaban a favor de la democracia y el regreso de Zelaya, además de radios y periódicos cerrados, periodistas golpeados y algunos directamente asesinados.

Por la repulsa mundial, Honduras fue suspendida de la OEA el 4 de julio de 2009. A Washington no le quedó más remedio que guardar silencio porque Micheletti era indefendible.

Sin embargo el Departamento de Estado nunca calificó lo sucedido de "golpe de Estado" ni mentó al golpista como "dictador". Imperceptiblemente al comienzo y en forma no solapada más tarde, el Departamento de Estado y su embajador en Tegucigalpa, Hugo Llorens, un "procónsul", fueron tomando medidas para reanudar una relación normal, muy necesaria ya que Estados Unidos posee en Honduras bases militares, aeropuertos y un contingente de centenares de oficiales.

Por lo tanto, cuando Micheletti organizó las elecciones del 29 de noviembre de 2009, que terminaron ganadas por Porfirio Lobo, del Partido Nacional, para EEUU fue suficiente remedio. No le importó que la abstención fuera del 60%, ni que Zelaya estuviera asilado en la embajada de Brasil ni que los militares siguieran asesinando maestros, cronistas y campesinos. Para Hillary Clinton había una deliciosa democracia...

Entre tanto, por la presión norteamericana, cinco de los seis países centroamericanos terminaron por reconocer a la administración Lobo. La única que mantuvo su dignidad fue Nicaragua, integrante de la Alternativa Bolivariana para los pueblos de nuestra América. Lobo tuvo otro traspié al quedar fuera de la Cumbre de América Latina y el Caribe con la Unión Europea, en Madrid, el 17 y 18 de mayo.

Así se llegó a la reunión de cancilleres de la OEA en Lima, el 7 y 8 de junio. Hillary Clinton debe haber considerado que con el apoyo de cinco socios centroamericanos, dos sudamericanos y la media palabra de Insulza, más el peso específico del propio imperio, el reingreso de Honduras era un hecho.

Pero una mayoría objetó ese retorno. Como expresó el canciller de Ecuador, Ricardo Patiño, no puede haber tal reconocimiento "mientras se sigan cometiendo violaciones a los derechos humanos y el ex presidente Zelaya no sea reconocido en esa calidad, con todas las garantías para participar en la vida política de su país".

El canciller argentino Jorge Taiana, el secretario de la cancillería brasileña y delegados de otros países como Venezuela tuvieron palabras similares a Patiño, lo que selló el fracaso de la maniobra norteamericana. Se acordó formar una Comisión de Alto Nivel, con juristas, que hablará con todas las partes del país centroamericano para acercar a Insulza una propuesta antes del 30 de julio próximo. Luego la OEA tratará el tema de nuevo.

No fueron sólo los gobiernos más progresistas de la región los que adoptaron una posición de repudio activo a Micheletti, como los del ALBA (Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Ecuador, Dominica, San Vicente y Granadinas y Antigua y Barbuda).Los presidentes de Brasil, Argentina y los otros dos socios del Mercosur, tuvieron una postura antigolpista muy firme.

José Manuel Zelaya vive hoy exiliado en República Dominicana y desde allí dirigió una Carta Abierta al secretario general de la OEA: "No aceptamos que usted niegue la tragedia que hoy vivimos los hondureños. No puede pedirnos a las víctimas que lo que aquí pasó se olvide. Somos un pueblo exigiendo justicia”.