Encuentro mundial en Santiago, Trabajadores en defensa del agua
Movimiento Social — 20 de junio, 2010Las dirigentes mundiales de la Internacional de Servicios Públicos, que representan a cientos de miles de trabajadores que laboran en empresas que prestan servicios públicos, como Agua, Energía, Salud y Educación, se reunieron el fin de semana pasado en nuestra capital y acordaron dar una gran batalla a escala mundial para que éstos vuelvan al Estado y no sean controlados, como ocurre en la actualidad, por grandes bloques económicos transnacionales.
Los dirigentes, después de debatir la situación del sector, las plataformas políticas y los caminos adecuados para la acción sindical, coincidieron en que los servicios públicos constituyen áreas estratégicas y deben volver a manos de cada país, al pueblo, al Estado. Especial atención requirió el caso del agua, que debe ser tratada como un derecho humano fundamental y no un bien que se transe en el mercado, por lo que el Estado debe garantizar, controlar y preservar el recurso hídrico, situación no se da en muchas partes del planeta, en donde transnacionales como Coca Cola, Nestlé, Danone y otras del sector energético y eléctrico se han apoderado del agua, impidiendo que incluso los habitantes locales la usen.
Los dirigentes señalaron que como trabajadores de los servicios públicos y servicios básicos, rechazan la privatización de las empresas del Estado, pues atenta contra los derechos de la ciudadanía, el desarrollo sustentable del sector, la estabilidad y el crecimiento de los trabajadores. En especial, expresaron su preocupación respecto a Chile, ya que la única empresa pública de Agua Potable, Smapa Maipú, está en riesgo de ser privatizada.
Rechazo a la venta de las sanitarias
Tras el encuentro de dirigentes, El Siglo conversó con Hugo Maturana, presidente de la Federación de Trabajadores de Obras Sanitarias de Chile, a propósito de las pretensiones del presidente Piñera de vender la participación estatal de las sanitarias con el pretexto de incrementar los recursos financieros para el plan de reconstrucción nacional.
Maturana señaló que antes de privatizar, Piñera debe una explicación al país sobre los recursos que hasta el momento el Estado ha obtenido y cuánto realmente falta para paliar la crisis que produjo la catástrofe de febrero pasado: “El terremoto no debe ser una excusa para privatizarlo todo, como se pretende desde el gobierno. Piñera quiere vender las empresas sanitarias a un precio que no es transparente y está engañando a la ciudadanía cuando dice que puede recaudar 1.300 millones de dólares con la venta de las cuatro empresas del Estado. No se puede reunir esa cantidad de fondos de Esbio, Esval, Essal, ya que en manos del Estado sólo queda un 30% de la propiedad y los montos no cuadran. Las razones para privatizar el agua son otras, como el lucro, porque cuando el elemento comience a escasear, tener dominio sobre el agua significará controlar la vida y decidir quién vive y quién no”.
Maturana agregó que tras la venta de estas empresas sanitarias, incluso el personal de CORFO se verá notablemente reducido, y que las aguas de consumo humano pasarán a las transnacionales, lo cual es muy peligroso porque existe un notable cambio climático que se está experimentando en el planeta, y la falta de agua ya está azotando algunas zonas del globo.
Maturana dijo que es falso que la venta de estas empresas fortalezca a las PYMES, ya que el precio de las aguas aumentará, perjudicando al pueblo y complicando incluso la propia subsistencia. Y además, las PYMES perderán a un aliado como es el Estado.
Los dirigentes nacionales e internacionales rechazan la venta de cualquier empresa pública a grandes holding que incluso falsifican el agua, agregando gases y dulces para ser comercializada: “El agua de la llave del tornero es más limpia y mejor que la que viene embotellada”.
Caso Smapa de Maipú
La empresa de agua potable Smapa es la única ciento por ciento pública y municipal en Chile, y presta servicios desde antes de 1920. El Servicio Municipal de Agua Potable y Alcantarillado (SMAPA), cuenta con una población urbana total abastecida cercana a los 600 mil habitantes, quienes se reparten en las comunas de Maipú, Cerrillos y parte de Estación Central.
El Siglo entrevistó a Pedro Aguirre, presidente de la Asociación de Funcionarios del Smapa, y frente al dictamen que señala que las municipalidades que posean empresas de este carácter deben administrarse en forma autónoma el dirigente dijo que la Contraloría General de la República ha decretado que se deben cambiar algunos estatutos, lo que perjudicaría gravemente la entrega del servicio: “Esta es una amenaza, ya que cada administración puede retirar las inversiones y las ganancias para invertirlas en otras áreas que no son de la empresa, entonces la sanitaria pierde su patrimonio, su valor y eficiencia provocando el momento propicio para ser privatizada. Los trabajadores vemos que estos cambios a la ley permiten quitarnos la concesión, perder el agua de esta empresa y pasarla al sector privado, lo que rechazamos”.
Pedro Aguirre denunció las intenciones del gobierno de privatizar esta empresa y señaló que cada peso que la gente paga por consumo de agua se reinvierte para apoyar la labor social que requiere el Estado.
Situación en el mundo
El Siglo pudo conversar con el dirigente francés David Boys, responsable de sectores Agua/Energía y Fondos de Pensiones de “La Internacional de Servicios Públicos”, que criticó las grandes líneas sobre la privatización que llevan a cabo algunos gobiernos en desmedro de las sanitarias.
El dirigente dijo que los sectores privados no realizan ningún tipo de inversión en estas empresas si no obtienen grandes ganancias, y esas ganancias no quedan en el país de origen: “Las empresas públicas sirven en esos casos para fortalecer a las multinacionales o los fondos de pensiones extranjeros. Generalmente, cuando en un país se dan las condiciones de privatización, éstas se ejecutan sin ningún tipo de transparencia. El mercado domina la acción, y todo queda oculto por leyes secretas, en concomitancia con el gobierno. Cuando existen concesiones de agua por veinte o más años, siempre hay elementos de corrupción, ya que las empresas que compran pagan los sobornos necesarios y los gobiernos hacen la vista gorda”. El dirigente señaló que cada privatización trae consigo un creciente aumento de tarifas del servicio, ya que las empresas deben exportar a lo menos un 25% de las ganancias: “Por eso, los aumentos inmediatos de los precios tras la privatización. Ese aumento no es para invertir en el país, es para sacar el dinero hacia los lugares de origen de las trasnacionales”.
Savid Boys explicó que en cada concesión de las aguas, el Estado pierde el control de la empresa: “Se pierde el conocimiento, la capacidad de gestión y por supuesto la propiedad física. Por eso, vemos en muchos países que tras las concesiones los gobiernos no pueden volver a retomar la empresa”.
Boys añadió que el poder que han adquirido las trasnacionales es de tal magnitud que el lobby realizado en Copenhague, en la Conferencia Mundial sobre el Cambio Climático, hizo fracasar la reunión, predominando los intereses económicos empresariales.
El dirigente estima que para fortalecer los servicios públicos se necesita un control social inflexible, ya que en muchos países las empresas son privatizadas porque el gobierno lo facilita. Por eso, a juicio de Boys, ese control social debe ser ejercido por los trabajadores y los usuarios: “Estamos implementando una alternativa a la privatización, que no es sólo establecer redes entre movimientos sociales, sino también entre empresas públicas que hacen un buen trabajo y que se pueden ayudar entre ellas. Por eso tratamos de crear, a nivel nacional e internacional, mecanismos para que las empresas públicas puedan ayudarse”.
Boys manifestó que se debe luchar para que las empresas perdidas en los años oscuros de las dictaduras latinoamericanas vuelvan al Estado. A modo de ejemplo, relató la acción concretada en París, en donde desde enero de 2010 la ciudad toma control de sus empresas que fueron privatizadas hace 25 años en un proceso oscuro y corrupto.
El dirigente recordó que, en los grandes desastres naturales, son sólo las empresas públicas las que han respondido eficientemente levantándose rápidamente y llevando tranquilidad a la ciudadanía: “El sector privado no tiene preocupación de enseñar a sus trabajadores sobre cómo reaccionar tras las catástrofes”.
Escasa y cara
Chile es el único país que entrega derechos de agua a privados a perpetuidad y en forma gratuita. Hoy se transan en el mercado esos derechos y quienes los poseen especulan y ganan cuantiosas sumas de dinero. Estas aguas concesionadas fueron entregadas en la dictadura a cercanos de Pinochet, en forma gratuita.
Tenemos, por ejemplo, el caso en la Región de Antofagasta donde los miembros de la familia Luksic son los dueños del líquido elemento y como ellos poseen tres mineras ocupan en su beneficio prácticamente el 70% de las aguas potables de la zona.
Desde sectores mineros se señala que en un futuro cercano la población del norte de Chile deberá consumir agua desalinizada, pero ésta no es apta para el consumo humano ya que a pesar del proceso de desalinización quedan restos de sales que no transforman del todo el agua salada en agua blanda, por lo que ésta agua sólo podría ser usada la agricultura y la minería. Pero ocurrirá todo lo contrario: como el agua desalinizada, dado su proceso, tiene un mayor costo, ésta deberá pagarla la gente y el agua dulce será ocupada por las empresas mineras que no están dispuestas a ocuparla. Cabe precisar que hoy el agua más cara del país es la de Antofagasta: 15 metros cúbicos cuestan 15 mil pesos, mientras en Santiago la misma cantidad tiene un valor de sólo 9.800 pesos.
El mejor ejemplo es el caso del río de Copiapó, que hoy está seco, provocando un drama humano indescriptible. Algo equivalente sucede en el sur de Chile, donde la empresa HidroAysén no permite que los lugareños ocupen el agua del Río Baker, a pesar de las reiteradas denuncias de los afectados.
El tiempo y el agua se agotan, y los recursos naturales, que pertenecen a todos los habitantes del planeta, el capitalismo los transforma en apreciados bienes que se transan en el mercado dando lugar a lucrativos negocios y especulaciones.












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