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En Clave: Hacia un Bicentenario sin exclusiones

Opinión — 2 de octubre, 2009

El mapa político electoral empieza a abandonar paulatina e inexorablemente el hasta ahora férreo marco del binominalismo y asoman los históricos tres tercios que permitieron durante décadas el desarrollo democrático y grandes avances en materias políticas, sociales, laborales, culturales y económicas en nuestro país. Que realmente la izquierda represente e impulse denodadamente los intereses de los trabajadores no debería extrañar a nadie y que la Concertación, finalmente, asuma los compromisos y deudas pendientes con la mayoría del país desde 1989 tampoco.

Para el duopolio de la prensa y el gran empresariado nacional, que un par de candidatos presidenciales insista en reformas laborales indispensables; que la coalición gobernante invite al Partido Comunista a participar en los festejos de los 21 años del triunfo del NO y la mera existencia del pacto electoral del Juntos Podemos con la Concertación, significan una "izquierdización" del oficialismo.

Probablemente el resonante logro de los trabajadores forestales de sentarse a discutir su pliego de peticiones ante la tercera empresa más grande del mundo en la materia con todos los sindicatos que representan a trabajadores -contratados y subcontratados- también podría implicar una "izquierdización" de los derechos laborales.

La verdad es que a estas alturas muy pocos se atreven a defender la legislación laboral imperante en el país desde los tiempos de la dictadura militar, y la necesidad de implementar la negociación colectiva es más que obvia para defender a los trabajadores y agilizar las tratativas de la patronal con sus empleados a todos los niveles.

Las asertivas y responsables propuestas hechas públicas por Jorge Arrate, como candidato presidencial de la izquierda, no han hecho más que reiterar la posición consecuente de este importante sector de la ciudadanía que, en cierto sentido, revela la falta de proyección del candidato del gran empresariado y de las transnacionales y también del mediático y atolondrado postulante a la Moneda que no ha mostrado todavía ideas claras. Es más, recientemente en Argentina habría planteado que "ni soñando" votaría por Frei en segunda vuelta.

Ambos -sospechosamente al igual que El Mercurio- insisten en referirse a Arrate como "el candidato comunista", sin considerar que es el representante de una vasta coalición que incluye a militantes y simpatizantes del PC, la IC, socialistas allendistas, Izquierda 21, Nueva Izquierda e independientes.

Entre otras grandes reivindicaciones, esta candidatura presidencial y la nómina de candidatos a diputados en el pacto Concertación-Juntos Podemos,  proponen el fin de la exclusión, una nueva Constitución, la recuperación de nuestros recursos naturales, un plan de desarrollo industrial y económico superando el neoliberalismo y otras medidas trascendentales que la derecha moteja de "izquierdistas".

La verdad es que se trata simplemente de una serie de demandas patrióticas que pretenden recuperar la soberanía popular y ampliar los espacios democráticos conseguidos tras largas y duras luchas desde hace mucho más de 21 años en nuestro país, prácticamente desde el Centenario de la República.

El drama hondureño

Desde más al norte llegan amenazantes noticias que estremecen al hermano pueblo de Honduras. El régimen de facto entronizado en el poder insiste en impedir el libre juego democrático y restablecer al presidente constitucional Manuel Zelaya.

Estado de sitio, toques de queda, víctimas fatales, detenciones arbitrarias, desapariciones, la represión desatada y un estadio convertido en campo de detenidos nos hace recordar tristemente el pasado reciente en nuestro país, cuando la derecha campeaba sin contrapeso.

La propuesta de Jorge Arrate -sin respuesta hasta ahora- de instalar una "cuarta urna" para consultarle a la gente si quiere o no una nueva Constitución realmente democrática, es una pregunta tan válida en Chile como lo fue en Honduras, pese a que allá les costó un golpe de Estado y la expulsión del presidente constitucional del país. ¿Sería otra manifestación de "izquierdismo" pronunciarse a favor de otra Carta Magna? La derecha parece no tener límites ni pudor.

La convergencia creciente por más democracia y sin exclusiones es el mandato de las mayorías para un Bicentenario que sea digno de celebrar.