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Elecciones presidenciales en Colombia Uribe se queda con las ganas...

Internacional — 22 de marzo, 2010

Un fallo de la Corte Constitucional que declaró ilegal un referendo para permitirle ser candidato en los futuros comicios presidenciales, sepultó definitivamente las pretensiones del actual mandatario, Alvaro Uribe, que ambicionaba postular a una segunda reelección.

Mientras tanto, en las elecciones primarias del Partido Conservador, el domingo pasado, triunfó la ex canciller Noemí Sanin, quien será una de las principales oponentes que disputará la presidencia con el ex ministro de Defensa, Manuel Santos, el próximo 30 de mayo, en un acto electoral incierto por la gran cantidad de candidatos.

La carrera presidencial por ocupar el máximo sitial en el Palacio Ñariño de Bogotá quedó definida en los últimos días, cuando se empezó a completar el confuso panorama electoral. La sucesión del actual mandatario, Alvaro Uribe, había quedado definitivamente sellada dos semanas atrás, cuando una decisión irrevocable de la Corte Constitucional sepultó sus pretensiones de postular a una segunda reelección. A su vez, el pasado domingo, en el marco de las elecciones generales legislativas, se realizaron las primarias del Partido Conservador, con lo que comienza a definirse la carrera presidencial, que tendrá un desenlace en las elecciones del próximo 30 de mayo.

El fallo de la Corte Constitucional, que declaró ilegal un referendo para permitir a Uribe ser candidato en los comicios de mayo, es el punto de partida de una difícil campaña para los que buscarán reemplazar a uno de los presidentes más controvertidos de la historia del país cafetero.

La decisión jurídica más importante en la trayectoria reciente de la nación, por sus repercusiones políticas, fue una derrota para Uribe, quien disimuló su contrariedad frente al fallo y manifestó que lo aceptaba: "Acato y respeto la sentencia de la Honorable Corte Constitucional de declarar inexequible la ley que convocaba a un referendo de reelección presidencial. Me anima una ilusión: que nuestra democracia mejore el rumbo, pero que no lo abandone".

Las ilusiones de Manuel Santos

Después del fallo del tribunal, que declaró ilegal el referendo por vicios en su trámite y aprobación en el Congreso, el ex ministro de Defensa y hombre fuerte en el gobierno de Alvaro Uribe, Manuel Santos, anunció que quiere ser el candidato del Partido Social de la Unidad Nacional, el más importante de la coalición de gobierno: “La mejor manera de mostrar nuestro agradecimiento al presidente Uribe es construir sobre lo avanzado. Por eso quiero ser presidente de la República, porque hemos logrado mucho y los colombianos no podemos darnos el lujo de echar reversa, porque retroceder no es un opción".

Pero Santos, quien figura primero en las encuestas, tendrá que recorrer un difícil camino ante el riesgo de una atomización de candidatos que, en ausencia de Uribe, buscarán el apoyo de los electores, autoproclamándose herederos de su obra política o haciendo alianzas con otras fuerzas.

El líder del Partido Social de la Unidad Nacional, Juan Lozaño, confirmó esos temores: "Vamos para un escenario de atomización en el que no va a ganar ningún candidato en la primera vuelta. Vamos para unas candidaturas relámpago y para una nueva dinámica en la política colombiana".

El líder político advirtió que, con la ciudadanía dividida entre varias candidaturas, el juego de coaliciones para una segunda vuelta será decisivo. Ante ese panorama, Manuel Santos anunció que concentrará sus esfuerzos en mantener la coalición: "Me voy a empeñar en construir esa gran coalición con esos partidos, con el Conservador -que ha sido nuestro socio- con Cambio Radical, que se identifica con el presidente Uribe, con todos esos liberales independientes, con los liberales uribistas y los que no tienen partido, y así voy a buscar la forma para que esa gran coalición llegue con un solo candidato a los comicios”.

Manuel Santos, un economista y administrador de 58 años, quien como ministro de Defensa cometió una serie de excesos en su lucha a muerte contra las rebeldes Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), enfrentará al independiente Sergio Fajardo y a la ex embajadora Noemí Sanín, quien también hizo parte del gobierno de Uribe.

También deberá competir con Germán Vargas Lleras, un antiguo aliado de Uribe, quien dirige el Partido Cambio Radical; al candidato del Partido Liberal, Rafael Pardo, y al del izquierdista Polo Democrático Gustavo Petro.

El ex ministro aseguró que el presidente Uribe lo respaldó en su candidatura y que le dijo: "Siga adelante, Juan Manuel, que vamos a ganar, que esto tenemos que sacarlo adelante para el bien de los colombianos".

El fallo de la corte provocó reacciones de apoyo en la gente del común, cansada de la larga y controvertida gestión del presidente Alvaro Uribe: "Ya era hora que le pusieron un tate quieto a Uribe, porque estaba endiosado", dijo Roberto Villegas, administrador de un almacén de repuestos para vehículos, de 51 años.

Repercusiones del fallo

Para los analistas, no fue imprevista la decisión de la Corte Constitucional de Colombia, que no aceptó la polémica convocatoria a un referéndum para autorizar la segunda reelección del presidente Alvaro Uribe.

El fallo es uno de los más trascendentes para la historia política del país, en décadas.

El retraso en la decisión, que se postergó por un día, alimentó todo tipo de suspicacias, aun de aquellos que daban por muerto el referéndum.

Es que no se descartaba que Uribe sacara finalmente, como acostumbra, un as de la manga cuando parece derrotado. Esa posibilidad fue alimentada por la visita de última hora que el secretario jurídico de la presidencia, Edmundo del Castillo, realizó a algunos magistrados.

Pero esta vez, Uribe no pudo implementar ninguna de sus sorpresivas jugadas de último momento y ahora no le queda otra opción que abrir el juego a sus posibles sucesores, que deberán lanzarse a toda máquina a una minicampaña presidencial (que no hicieron hasta ahora por la cuestión del referéndum) para las elecciones del 30 de mayo.

En realidad, la legitimidad de la iniciativa venía muy cuestionada por una ponencia en contra del juez de la Corte Humberto Sierra Porto, que había encontrado cinco vicios para nada menores en su implementación. Según el magistrado, no se habían respetado los topes de financiamiento de las campañas de recolección de firmas y el Congreso modificó en forma indebida la pregunta en base a la cual se habían cosechado las adhesiones. En su versión original, la pregunta excluía a Uribe: consultaba al elector si estaba de acuerdo con una reelección de quien realizó dos mandatos, pero que no terminó su segundo período.

La decisión impactó también fuera de Colombia, especialmente en la Casa Blanca, dado el acuerdo de Alvaro Uribe con Estados Unidos por el uso de bases colombianas, ya que era un secreto a voces que Bogotá aceptó la iniciativa de Estados Unidos, a cambio de que el Departamento de Estado diera luz verde a la segunda reelección de Uribe.

La sonada sentencia de la Corte Constitucional negándole la segunda reelección a Uribe Vélez es una derrota para el presidente, similar a la infligida por el pueblo en el referendo del 2003. Muchos sectores populares, empezando por el aplauso nutrido de los periodistas que participaron en la rueda de prensa donde se anunció la nulidad del referendo, festejaron la victoria.

Los partidos políticos Liberal y Conservador, así como los llamados "independientes" que le hacen el juego al régimen, han destacado que el fallo "fortalece las instituciones", que es una demostración de "la independencia total de la rama judicial", o afirman que "la Corte sí es guardiana de la Constitución", "instrumento de lucha contra la tiranía" y loas similares para reencauchar el llamado "Estado Social de Derecho". Pero distan mucho de la realidad.

Discutible legalidad democrática

La Corte miente al decir que sólo una segunda reelección produciría los efectos gravísimos, ya que la actual situación colombiana dista mucho de ser coherente con la pretendida postura democrática que se exhibe ante el mundo.

Hay que recordar que la actual Constitución es una colcha de retazos resultante de quitar lo progresivo de la aprobada en 1991 para poner parches antidemocráticos de origen autoritario-fascista y neoliberal que refuerzan su lado oscuro y hacen inservibles o declarativos los derechos fundamentales.

Por tanto, no es una herramienta jurídica que impida la tiranía, tanto que la ejerció por ocho años el actual presidente de Colombia, Alvaro Uribe, y antes la utilizaron Andrés Pastrana, Samper y Gaviria Trujillo, su promotor. La Constitución ha sido una herramienta útil al tirano de turno, ya que le permite moldear a su antojo y conveniencias el gobierno con su poder reglamentario, el Congreso, las altas Cortes y Consejos, la Fiscalía, la Procuraduría, la Contraloría, así como las demás instituciones de un Estado al servicio de los intereses de los magnates del capital nacional y transnacional.

La decisión jurídico-política de la Corte Constitucional sepultó la reelección de Uribe a la presidencia, demostrando los pies de barro del actual presidente, envuelto en una cadena de delitos y errores de marca mayor, presionado por protestas y luchas populares, acosado por las críticas airadas de amplios sectores de la intelectualidad y de la capa media urbana que lo eligió y ya se apartan de él por sus discutibles medidas en la salud, en el agro, en materia tributaria, en la educación.

A su vez, las miradas internacionales vigilan la evolución de la justicia y la reparación a las víctimas de crímenes de Estado, observan los arreglos con las mafias narco paramilitares y siguen los vínculos de Uribe con casi una veintena de parlamentarios condenados por su liga con el paramilitarismo, al igual que sobre los hechos de persecución a la oposición al régimen. Lejos está el brillo del "jaque" a las Farc, de las grandes dificultades del ELN y limitaciones del EPL. Las Farc se sobreponen de golpes y están lejos del fin anunciado por Uribe, sus ministros y generales. Además, para desgracia de la "seguridad democrática" de Uribe y sus defensores, repunta la inseguridad ciudadana en una Colombia que colecciona cuadros de pobreza y de crímenes de Estado como los terroríficos asesinatos de jóvenes que el ejército camufla como "bajas de la guerrilla" para lograr publicidad, ascensos y recompensas.

Después de los resultados de las elecciones parlamentarias del domingo pasado, que subieron los bonos electorales de la ex canciller conservadora Noemí Sanin, queda claro un panorama delicado, con graves problemas fiscales del Estado, el desempleo, insalubridad y demás efectos económicos y sociales de la crisis económica.

Esto aumenta la participación de caudillos inescrupulosos que ahora tratan de pescar en el río revuelto de las dificultades políticas que afronta "su mesías Uribe", que no ha dado ni paz ni dignidad a Colombia, ni bienestar a su pueblo, sino solamente grandes ganancias a la banca y a las trasnacionales.

Las "altas Cortes" apartaron a Uribe de la reelección, pero poco aportan por restaurar el respeto de sus destartaladas instituciones y a mantener la careta democrática de Colombia, lo que se ve agravado por los nuevos roces y enfrentamientos entre sus herederos: el Partido Social de la Unidad, Cambio Radical, los Conservadores, el PIN, Alas y un sinfín de pequeños grupos caudillistas.