El sentido de la vida
Opinión — 22 de marzo, 2010Hay que asumir que estos días que estremecieron a Chile han provocado un parteaguas profundo en la historia nacional, un punto de quiebre. Nada será igual hacia adelante. Las dos catástrofes: una provocada por la naturaleza y otra por nosotros mismos, cambian de raíz la situación. Es que el país ha sido destrozado en buena parte de su geografía y además han asumido la plenitud del poder político los representantes de los que en 1973 ahogaron en sangre la naciente sociedad solidaria que el pueblo forjaba e impusieron su prototipo de sociedad. Tenemos hoy terremotos, temblores, maremotos, apagones (“black out” les dicen ahora) y por si fuera poco, el pinochetismo en La Moneda.
Por lo que resulta indispensable una reflexión colectiva para desentrañar, desde nuestra perspectiva ciudadana, cuál es el sentido de la vida y dar respuestas sólidas que permitan levantarse y avanzar. Es el minuto de repensar Chile, de despertar del letargo al que, tras la dictadura, nos sometieron gobiernos tibios sin confianza en las masas; es el tiempo de interrumpir la pesadilla colectiva y ponernos de pie. ¿O quieren las chilenas y chilenos continuar con este país de terribles desigualdades, de farándula, de exaltación de rasgos autoritarios, de especulación desenfrenada, de consumismo delirante, de avaricia e individualismo? “Tanto tienes tanto vales Juan González” decía una canción que en el México del exilio cantaba un grupo chileno. Es una exacta síntesis del país actual.
¿Estamos dispuestos a tolerar la propuesta del jerarca de la iglesia católica que entre sonrisas beatíficas propone la “amnistía del bicentenario”, rápidamente aceptada por el flamante ministro de justicia? Hay que impedir que Piñera intente liberar a los carniceros de la patria. Sería traicionar a los patriotas que cayeron por la libertad, un retroceso sin vuelta tras el que, sin justicia, el pueblo tendría derecho a actuar de otro modo. ¿Estamos dispuestos a callar que el presidente sigue siendo accionista de LAN, dueño de Chilevisión, etc., faltando a su palabra? ¿Estamos dispuestos a que la clase dominante y sus escribanos sigan hablando de saqueo y pillaje, sin que les recordemos que los militares saquearon los hogares de los perseguidos del 73 y que los capos de la dictadura saquearon al país haciéndose de las empresas del Estado a precio vil? ¿Nos dejará indiferentes que haya intendentes como Echeverría y Galilea, que son empresarios de la construcción de edificios mal construidos? ¿No exigiremos que el Estado recupere la energía eléctrica, el agua, las comunicaciones? ¿Callaremos ante la ineptitud de los culpables de la muerte de cientos de compatriotas? Víctor Pérez, Rector de la Universidad de Chile, nos recuerda que hace un año los investigadores de sismología de la Universidad habían advertido lo que estaba por suceder, llegando incluso a identificar el lugar donde se produjo el terremoto, sin que nadie les escuchara tal como no oyen su exigencia de instalar una red sismológica nacional con información permanente.
¿Ocultaremos que durante años nos hicieron posar como jaguares y la naturaleza nos muestra en nuestro real subdesarrollo? ¿Toleraremos que los vándalos de uniforme que asesinaron a un compatriota en Talcahuano vayan a parar a la “justicia militar” donde a lo más les darán un coscorrón, si acaso. ¿Hasta cuándo la paciencia?
El despertar será sin duda en todos los planos. En el mundo de los derechos humanos, en los sindicatos, en las federaciones estudiantiles, en las juntas de vecinos, clubes deportivos, centros culturales, organizaciones de mujeres. En el plano de la Educación, además de las justas reivindicaciones de los maestros hay que seguir exigiendo que se revise los planes de estudio de Historia de Chile y se repongan las clases de Educación Cívica. Pero sobre todo, hay que llevar orientación a las masas, reorganizar la lucha contra el capitalismo. Es la tarea apremiante de todos los que pensamos que el sentido de la vida es trabajar cada día porque ella sea feliz para todos y no para unos cuantos.












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