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El factor Otero

Opinión — 17 de junio, 2010

En su relato “Diarios de Estocolmo” el escritor y periodista Luis Enrique Délano cuenta que en vísperas de recibir el Premio Nobel de Literatura, nuestro gran Pablo Neruda recibió anónimos de un aparente desquiciado que le amenazaba con destruir el frac con que el vate debía vestirse para la ceremonia, aludiendo a las características burguesas de la prenda. Todo resultó ser una broma y el supuesto “loco” no era otro que Miguel Otero. Se trataba en ese caso de un Miguel Otero culto, un intelectual de izquierda, novelista y periodista de vasta trayectoria política, el venezolano Miguel Otero Silva que fuera gran amigo de Neruda.

Pero otro Miguel Otero muy diferente hizo noticia esta semana. Se trata del abogado, ex senador RN, actual embajador de Piñera en Argentina. Entrevistado por el diario Clarín de Buenos Aires, se permitió afirmar que "la mayor parte de Chile no sintió la dictadura. Al contrario, se sintió aliviada", y que con ello "ganó el pueblo". Agregó que en tiempos de la Unidad Popular faltaban “algodón y alcohol”. Han de ser sus necesidades apremiantes. Además, aseguró que sin la intervención militar "hoy Chile sería Cuba". De seguro lo dice porque ha de perturbarle que la educación y la salud sean gratuitas y de cargo del Estado; ha de molestarle además la dignidad de Cuba o quizás el portentoso desarrollo de la revolución cubana en el campo de la medicina y de las ciencias en general, del arte, de la música, del cine, en fin de la cultura. El sujeto añadió otra joyita: dijo que no le constaba que EEUU hubiera intervenido en el golpe fascista del 73 en Chile.

El embajador parece preferir un régimen genocida como el de Pinochet, que provocó además el atraso cultural, la exacerbación de la desigualdad social y la dependencia absoluta del imperio norteamericano. Además lo dijo en un país limítrofe y que sufrió una dictadura similar. Mala señal de la cancillería chilena que, por si fuera poco, le ha entregado todo su respaldo al Otero de marras, cuyo hipócrita arrepentimiento no convence a nadie. Simplemente, mostró la hilacha que marca a la derecha.

Más allá de la anécdota, estos hechos muestran las contradicciones del actual gobierno. Por una parte, anuncios y propuestas que dan cuenta de una derecha supuestamente moderna que aprovecha de las insuficiencias y errores de la Concertación para mostrarse como un régimen “de centro”, una suerte de “derecha democrática” y, para usar una de las palabras más desprestigiadas de nuestro tiempo, hasta “progresista”. Pero por otro lado y más allá de los esfuerzos de los operadores menos retrógrados, los ultramontanos que sirvieron a la dictadura marcan presencia para recordar que acá mandan los poderes fácticos.

Para muestra este botón. Ayer fue lo que llamamos el “factor Izurieta”, hoy es el “factor Otero”. No hay caso, no tienen remedio, son las viudas y viudos de Pinochet, los nostálgicos del horror, los opus dei, los legionarios que siguen pensando que no hay mejor comunista que el comunista muerto. Son los mismos que en la España de Franco gritaban “muera la inteligencia”. Son los fanáticos del conservadurismo que signa al modelo de sociedad imperante en Chile. El pasado militar de Otero y su papel en la persecución a profesores de izquierda en la Universidad en tiempos de Pinochet, tanto como su disposición a ser uno de los abogados del dictador en los juicios del 98, le muestran como el funcionario ideal para este gobierno, pero ha ido demasiado lejos. ¿Tendrá Piñera la voluntad y la fuerza para destituirlo en las próximas horas de su cargo? No hacerlo, confirmará al país la naturaleza de los tiempos que se vive y la urgencia de una izquierda activa y movilizada.