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EL PACTO INSTRUMENTAL PARA ROMPER LA EXCLUSION

Opinión — 17 de agosto, 2009

Le duele el pacto a la derecha.

El senador Espina, de RN, uno de los que tiene una supuesta imágen de "progresista" en ese partido, salió rápidamente a descalificarlo y señaló que la Concertación y Eduardo Frei "han pactado con la extrema izquierda".

El mismo día de la firma del texto que selló el pacto, la UDI sostuvo una reunión hasta bien entrada la noche para enfrentar los efectos del paso dado por el Juntos Podemos Más y la Concertación.

La prensa derechista simplemente redujo a lo que más pudo el impacto social y periodístico del hecho, y como no pudo ocultarlo, lo trató de tergiversar buscando reacciones y opiniones contrarias.

Efectivamente se trata de un hecho histórico.

Convergen en este pacto instrumental fuerzas políticas que en la década del setenta estuvieron en trincheras contrarias, radicalmente opuestas, hasta el golpe militar impulsado por la misma derecha que hoy trata de descalificar este movimiento táctico. Se unen con el mismo propósito fuerzas políticas que, con sus diferencias evidentes y explícitas, convergieron en la lucha para derrotar a la dictadura de Pinochet a fines de los setenta y en la década de los ochenta.

Con todo, la historia política de Chile, especialmente la del siglo pasado, contiene varios pasajes en donde fuerzas políticas de diferente signo ideológico se unieron para enfrentar la exclusión del Partido Comunista y de amplios sectores sociales del país. La salida pactada a la dictadura de Pinochet, que simplemente, hasta hoy, no ha podido cambiar esencialmente la institucionalidad política, económica y social reflejada en la constitución heredada, sufre un agotamiento que es la base del descontento social  y la cada vez más precaria participación ciudadana.

Es claro y evidente que este es el cuadro que, en términos crecientes, ha favorecido y favorece a la derecha en sus ambiciones de conquistar el gobierno. En la década de los ochenta, especialmente a fines, el Partido Comunista impulsó con todas las fuerza que pudo una salida distinta a la dictadura de Pinochet: su objetivo era una Asamblea Constituyente y un Gobierno Democrático Provisional, para construir una nueva constitución y un estado democrático soberano.

Realmente, ese camino no se dio. Pero los objetivos del PC no han cambiado. El Partido Comunista votó por el candidato de la Concertación, Patricio Aylwin, y llevó candidatos al Parlamento. Ninguno de ellos fue elegido, a pesar de sus muy significativas votaciones, y quedó marcada la evidencia de que el sistema binominal, efectivamente, cumplía el objetivo esencial por el cual fue impuesto: evitar que el PC y la izquierda entraran al Parlamento y, en general, al sistema político.

El programa de gobierno de Patricio Aylwin no se cumplió en materias políticas y sociales que eran claves para una democratización profunda del país.

Los gobiernos posteriores postergaron tales cambios y les restaron signiicación.

El Partido Comunista comenzó una compleja y difícil política de rearticulación del movimiento sindical y social, junto a otras fuerzas, que hoy da sus frutos y que seguirá dando protagonismo a los trabajadores y al pueblo en general.

Simultáneamente, el Partido Comunista lanzó una ofensiva para cambiar el binominal y golpear la sobrerepresentación de la derecha.

A mediados de los noventa, Volodia hablaba de "romper los candados" dejados por la dictadura, cuando se refería al binominal.

En 1996, Gladys encabezó la propuesta del PC a la Concertación: se llamó Acuerdo Nacional por Cambios Democráticos.

Sus contenidos eran muy parecidos a la propuesta que años después se le formuló, desde su comando presidencial, al entonces candidato presidencial de la Concertación, Ricardo Lagos, en la segunda vuelta con Lavín. Simplemente no hubo respuesta.

En 1996, la primera vez que se hizo la propuesta, la Concertación no estuvo de acuerdo y la rechazó.

Posteriormente hubo un acuerdo parcial entre el Partido Comunista y el Partido Socialista. No tuvo efectos para elegir candidatos del PC.

En la segunda vuelta presidencial última, Michelle Bachelet dio el paso de realizar un acuerdo con el PC, la IC y otras fuerzas del JPM, mientras el PH no estuvo de acuerdo con ello y llamó a anular.

La batalla contra la exclusión, con el fuerte impulso de la CUT, fue adoptando una categoría mayor.

El pacto por omisión en las elecciones municipales recientes dio sus resultados. Fue un paso adelante.

El movimiento social se ha fortalecido con sus propuestas y sus luchas. Hay una izquierda que crece y convergen nuevos sectores.

Así se llega a este pacto instrumental, y por eso es histórico.

No es efectivo que se excluya. Quienes sostienen esto cometen un error. El PC ha hecho todo lo que ha podido y le corresponde hacer para que el PH, el MAS e incluso el sector que encabeza Marco Enríquez Ominami estén en el pacto instrumental. Eso sería un gran logro. Pero eso depende también de esas fuerzas, de su voluntad política y de sus propias determinaciones.

Efectivamente, este es el primer pacto de impacto político significativo entre la Concertación y el JPM. Entre una coalición de centro y una de izquierda. Es real que no queda espacio para fuerzas que, en el discurso, han buscado una posición en estos mismos espacios políticos. Más todavía cuando es evidente, muy evidente, que este pacto tiene el claro sello progresista y de cambios democráticos. Es la posibilidad de abrir una brecha al sistema dominante y su hasta ahora cerrada y victoriosa institucionalidad política. Es el momento de que los históricamente excluídos den la batalla con una posibilidad real, no ficticia, como ha ocurrido desde que comenzó esta llamada transición.

Tiene razón el editorialista de La Nación Domingo cuando señala que este es el primer paso para una convergencia que puede abrir el camino hacia una nueva constitución política. Los trabajadores y el movimiento social chileno seguirán adelante, cada día con más fuerza y amplitud.

La izquierda tiene la posibilidad de llegar al Parlamento.

La candidatura presidencial del JPM se ubica exactamente en el espacio político de seguir construyendo una alternativa de izquierda sólida y nacional.

La derecha puede ser derrotada.

Ahora, depende de los esfuerzos conjuntos para lograr la meta.