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EL ASESINATO DE VICTOR JARA

Opinión — 12 de agosto, 2009

La investigación procesal en torno al crimen de Lesa Humanidad cometido a Víctor Jara, ha establecido que dos jóvenes conscriptos habrían disparado sobre su cuerpo, ya antes torturado salvajemente.

El abogado Nelson Caucoto ha señalado, con toda razón, que lo fundamental es identificar a quién o quiénes dieron la orden de matar.

La compañera de Víctor, Joan Jara, ha expresado que no guarda rencor ni sentimientos de venganza en contra de los conscriptos que habrían disparado los más de cuarenta tiros que terminaron con la vida del artista universal, y cuya situación ocultaron todos estos años.

Es bien sabido que en esos días, muy cercanos al golpe militar, la jauría criminal se ensañó en todo el país y las órdenes se cumplían a riesgo de perder la propia vida.

Con todo, hay órdenes que, a pesar de correr riesgo la propia vida, no son éticamente aceptables. Y este parece ser el caso.

Efectivamente, hay algunos de casos de militares que rechazaron ese tipo de órdenes, y fueron asesinados.

Son situaciones límite que se deben considerar en todos sus aspectos, si se asume una ética humanista de verdad.

Desde esta perspectiva, no cabe duda alguna que la responsabilidad definitiva y determinante no está en los dos conscriptos que en esos momentos cumplían el servicio militar y tenían entre 18 y 19 años.

Más aun, cuando el cuerpo de Víctor Jara ya había sufrido una intensa tortura que sus compañeros de prisión han transmitido como testimonios fundamentales para esclarecer lo que en verdad ocurrió.

Las certezas procesales suelen ser más tardías que las verdades sociales, por su propia dinámica y también porque, como en este caso, las fuerzas de la impunidad han impedido durante todos estos años que se logren certezas.

Lo más relevante, ahora, es identificar a quién o quiénes dieron las órdenes y la orden. La historia confirma que los dictadores y las dictaduras se ensañan, en todo el mundo, especialmente con los artistas que se comprometen con sus pueblos y con las causas de la emancipación humana.

¡Este es un nuevo golpe a quienes, usando y abusando del poder hegemónico, de la amnesia social, de la impunidad, han machacado todos estos años la falacia de que "hay que mirar el futuro y cerrar las heridas del pasado"!

La mal llamada "mesa de diálogo" intentó imponer esta visión para cerrar el pasado y mantener el clima de consensos hacia el futuro. Algo avanzó, pero pudo más la fuerza de la ética y de quienes mantienen la convicción de que una sociedad democrática, de verdad, no se puede construir sobre la base de la impunidad.

Una y otra vez Chile es golpeado con este tipo de dramáticas situaciones. Hace poco, el país se volvió a impactar en lo profundo cuando las evidencias procesales y las investigaciones periodísticas confirmaron que el ex Presidente Eduardo Frei fue asesinado, y no murió por otro tipo de razones.

Hace algunos años, Volodia Teitelboim expresó que Chile es un territorio en donde la verdad clama y se levantan las voces  en muchos y muchos lugares en donde cada vez que se levante una piedra, surgirá el pasado. 

La metáfora sigue vigente.

No es casual, por cierto, que cuando Michelle Bachelet en su discurso del 21 de Mayo recién pasado hizo referencia al "Nunca Más en Chile", los parlamentarios de derecha, unánimemente, no aplaudieron.

La derecha criolla no cree en eso, y no considera que en nuestro país hubo un genocidio, un terrorismo de Estado desde la misma realización del golpe militar, un Crimen de Lesa Humanidad que aún no tiene responsables políticos, jurídicos y éticos, porque ellos no quieren asumir su propia responsabilidad.

La Izquierda chilena, la que mantiene por convicción una tradición histórica que es trascendencia hacia el futuro, sostiene y sostendrá que no es posible una sociedad democrática real, sin verdad y sin justicia plena, y sin el debido proceso y castigo a quienes son responsables de lo ocurrido en nuestro país.

En su programa presidencial, esta Izquierda tiene entre sus cuestiones fundamentales la necesidad de verdad y justicia plena, lo que implica la anulación de la ley de amnistía y una institucionalidad que efectivamente resguarde la verdad, la justicia, la memoria histórica y una cultura real de derechos y deberes respecto de los derechos humanos.

Seguiremos en tanto, cantando en esta batalla acompañados de nuestro hermano, amigo y siempre presente compañero, Víctor jara.