Días cruciales
Opinión — 18 de agosto, 2009La pérdida de la compostura al interior de la derecha, que en días pasados quedó retratada por las disputas internas de subido tono entre los candidatos al parlamento por la V Región, hasta llegar al borde de los pugilatos, es efecto de la confirmación de su estancamiento.
Al cuestionamiento de la imagen de su candidato presidencial en la medida que se han hecho públicos a través de la prensa los antecedentes de su pasado, en el que fue protegido por la dictadura, y el origen oscuro de su inmensa fortuna, se suman las pugnas internas de sus candidatos al Legislativo en Cerro Navia, Valparaíso y otros distritos y circunscripciones senatoriales por el reparto del botín electoral que les heredó la dictadura mediante el sistema binominal.
Notificados por los hechos de las dificultades que tienen para ampliar su influencia y sin nada nuevo que ofrecer que no sea la acentuación de un modelo basado en la desigualdad, la falta de participación, la depredación, el individualismo y la exclusión social y política, aumentan su agresividad incluso al interior de sus propias filas.
Les pesan las imágenes de sus personeros -Sebastián Piñera incluido- acompañando al símbolo de la reacción latinoamericana, el presidente colombiano Alvaro Uribe, en momentos en que los gobiernos democráticos de la región reafirman su condena a la instalación de siete bases militares norteamericanas en ese país. Y en el plano interno, montan en cólera cada vez que surge algún síntoma desde el interior de la Concertación que apunta hacia el cuestionamiento del modelo heredado de la dictadura.
La derecha ya no ostenta el fervor pinochetista en el que se apoyó durante los primeros años después del golpe. Ha perdido su mística y lo más probable es que se apoye en lo único que le queda: el poder del dinero. Y no es poco decir en momentos en los que la disputa electoral se aproxima a su despliegue territorial, donde podrán hacer pesar su control de los medios de comunicación, y en la acentuación del clientelismo, expresado en el reparto de “regalos” de toda especie a los electores, especialmente en los sectores populares.
Seguramente sus influencias gravitaron en el reciente nombramiento del nuevo presidente del Tribunal Constitucional, Marcelo Venegas, ex asesor del Instituto Libertad y de RN y alto funcionario de INDAP y la DINACOS durante la dictadura, que dejó instalado este organismo cuestionado debido a su naturaleza y estructura antidemocrática, cuyos integrantes, según lo establecido por la Constitución Política de 1980, están eximidos de la posibilidad de una acusación constitucional.
Montaje contra pueblo mapuche
Parte de esta cruzada es la estigmatización de las organizaciones y causas sociales. En días recientes un grave montaje contra las comunidades mapuches quedó al descubierto, cuando seis carabineros en servicio activo fueron dados de baja al comprobarse que eran los responsables del asalto y robo de madera contra Forestal Arauco, acciones de las que se acusaba a comuneros indígenas. La comprobación del delito sienta un precedente jurídico, ya que se descubre un grupo de policías organizados y planificados para delinquir y así inculpar a indígenas mapuches de estas acciones, tal como ocurría en la dictadura de Pinochet. Previamente, en un rápido operativo, personal de la Tenencia de Carabineros de Ercilla había detenido a ocho personas como presuntas autoras del delito de robo de madera a la empresa forestal.
Jorge Arrate se consolida
Pese a la campaña comunicacional por ignorar la existencia de la candidatura presidencial de la izquierda, abanderada por Jorge Arrate, ésta se continúa consolidando, particularmente a través de los encuentros directos con los electores a lo largo de todo el territorio nacional.
Como ha ocurrido en la izquierda a través de su larga historia, su potencialidad no se encuentra en la presencia mediática ni en los millonarios despliegues propagandísticos, sino en su presencia en el mundo social y político organizado, además de la fuerza de sus ideas.
Es indudable que en la vida política los liderazgos y carismas personales son relevantes, y Jorge Arrate cuenta con no pocos atributos en ese plano. Ello se ve reflejado en la decisión de dar el paso que ha dado, al ponerse al frente de la construcción de un proyecto político llamado a sustituir el modelo neoliberal. A esto podríamos sumar su experiencia política, la coherencia entre sus actos y convicciones, su capacidad de escuchar, entre otras.
Pero más allá de lo señalado, lo que parece más relevante en este caso es que Jorge Arrate encabeza un proyecto histórico y colectivo que sobrepasa con creces los alcances de una figura individual. Su programa, y su propia nominación como abanderado presidencial, emanó de una asamblea nacional de características democráticas intachables; que estuvo precedida de centenares de asambleas de base en todo el país; que se apoya en un proyecto programático ampliamente discutido y emanado del pueblo; que cuenta con el respaldo de los sectores de la izquierda que protagonizaron las luchas y conquistas populares de todo el siglo que nos antecede, y que continúa enarbolando esas banderas para actualizarlas a los desafíos de los nuevos tiempos.
En días pasados, los primeros 250 destacados artistas e intelectuales que adhieren a esta candidatura se dieron cita para confirmar su compromiso. Entre ellos se encontraba un nutrido grupo de premios nacionales, y el listado de adherentes se continúa incrementando. “Nuestro compromiso es dar, dar y dar”, decía uno de ellos, en una atmósfera en la que reinaban el entusiasmo y la comprensión de la urgencia de superar el oscurantismo neoliberal y abrir el espacio a una sociedad democrática, digna, justa y humana. Jorge Arrate llamó a difundir “una cultura de la democracia”.
Lo propio ha ocurrido en el plano de los trabajadores, los jóvenes, los estudiantes, los derechos humanos y distintos sectores de la sociedad real. Allí está la fuerza de este proyecto.
Batalla contra la exclusión
Inseparable de los desafíos de la izquierda y los sectores democráticos en estos días, es la lucha contra la exclusión. La batalla por cambiar la composición del parlamento y lograr que allí se encuentren representados los distintos sectores, al menos según su volumen de votación, pese a las condiciones desiguales en que éstas se desarrollan, continúa su curso.
El pacto instrumental suscrito entre el Juntos Podemos y la Concertación para postular conjuntamente a sus candidatos en una cantidad de distritos y así romper el cerco binominal que le ha permitido a la derecha controlar la mitad del parlamento con un tercio de los votos, es un imperativo incluso patriótico y democrático, que excede con creces las aspiraciones individuales. Porque lo que está en juego es una significativa transformación del escenario político nacional que, de llegar a consumarse, le podría costar a la derecha la pérdida de cerca de diez diputados, y con ello se quedaría sin la capacidad que actualmente tiene para bloquear todo paso democratizador, e imponer leyes como la LEGE, fijar normativas leoninas para los trabajadores y, en definitiva, seguir legislando en favor del gran empresariado y las transnacionales, que desde hace 36 años actúan como los dueños del país.
Lamentablemente, en los últimos días sectores que se plantean coincidentes con el discurso general de la izquierda, frente a este desafío particular han anunciado su disposición a levantar candidatos al parlamento en forma paralela en los mismos distritos donde postulan candidatos del Juntos Podemos, lo que de no resolverse por medio de un acuerdo amenazaría directamente a la posibilidad de doblar allí la votación de la derecha.
La historia ha enseñado dramáticamente al mundo popular, los sectores democráticos y la izquierda, que son ellos los que finalmente pagan las consecuencias de estas situaciones. Lo que está en juego en estos días, es la capacidad de estos sectores para comprenderlo, y de quienes ya lo comprenden para hacerlo sentir.












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