Derechos humanos en duda, La salud pública no mejora
Nacional Movimiento Social — 20 de junio, 2010Ya quince días atrás parecía que el problema llegaba a un punto de quiebre, cuando un paciente moría en la sala de espera y dos mujeres parían en el baño del servicio de urgencia, en el Hospital San José, en el sector sur de la capital. Pero la semana pasada le tocaba el turno de batir el record a la Posta del antiguo Hospital El Salvador, cuando dos enfermos morían sin ser atendidos, el lunes y el miércoles de la semana pasada, después de casi dos horas de espera. Oscar Neira Lagos, de 77 años, falleció de un infarto en la camilla de la ambulancia, ya que no había cama en la Posta. Su hija comentó llorando, junto al cadáver de su padre: “Ahora que ya está muerto hay una camilla disponible”.
Dos días antes, cuando murió Carolina Gómez Palma, de 61 años, también de un ataque al corazón, Horacio Díaz, médico jefe de la Unidad de Emergencia, reprochó molesto a los periodistas, que requerían información: “La gente se muere en los hospitales en Chile. Si ustedes quieren venir a buscar fallecidos, tienen que venir a un hospital”.
A su vez, las máximas autoridades de salud explicaban, en la mañana del jueves, que “se están revisando los protocolos en los servicios de urgencia” y que la atención no está colapsada, sino que el problema se produce porque el cincuenta por ciento de los pacientes deberían recurrir a los centros de atención primaria y no a las postas. Es decir, la culpa la tienen los enfermos…
Pero, las explicaciones burocráticas, por insólitas que sean, no pueden desmentir los hechos: en la práctica, hay una negación de atención de salud, atentando así contra uno de los derechos humanos fundamentales, lo que de paso clava banderillas en el aparentemente ejemplar sistema democrático que impera en nuestro país.
Salud de distinta calidad
Si recurrimos a las fuentes oficiales, encontramos que objetivos sanitarios para la década 2000-2010 constituyeron el punto de partida de la reforma sectorial de salud, cuyos componentes debían articularse para el logro de metas previamente definidas. En enero del 2002 el ministerio de Salud comprometió con el entonces presidente Ricardo Lagos un instrumento destinado a orientar en el mediano y largo plazo las políticas, estrategias, planes y programas del sector para la década que estamos culminando.
Se concluyó que Chile enfrentaba cuatro desafíos sanitarios prioritarios: a) el envejecimiento progresivo de la población, con una creciente carga de patologías degenerativas de alto costo en atención médica: b) las desigualdades en la situación de salud de la población, que se traducían en una importante brecha sanitaria entre los grupos de distinto nivel socioeconómico; c) la necesidad de responder adecuadamente a las expectativas legítimas de la población con respecto al sistema de salud y d) el mantener los logros sanitarios alcanzados.
La evaluación del periodo muestra avances, estancamientos y retrocesos. El informe entregado hace poco por las autoridades consigna avances en la disminución de la mortalidad infantil y materna y en la reducción de la tasa de mortalidad por cáncer cérvicouterino. Pero estos logros contrastan con el estancamiento en las metas relacionadas con hábitos de vida como obesidad, tabaquismo y conducta sexual, suicidios y accidentes del tránsito.
Asimismo, se aprecia un aumento en la brecha entre ricos y pobres en materia de salud. Por ejemplo: se indica que las mujeres sin educación tienen 36,5 veces más riesgo de morir de cáncer de mama que aquellas con más de trece años de estudios. Esta inequidad se manifiesta también en que los hijos de madres con menos nivel educacional tienen tres veces mayor riesgo de morir que aquellos nacidos de mujeres con más de trece años de enseñanza. La evaluación de los logros sanitarios y de los factores que influyen en su evolución, muestran que los problemas más importantes son la inequidad en el acceso y la calidad de las acciones de salud para diferentes grupos poblacionales, con diferencias de 4 a 5 veces entre diferentes servicios de salud.
Es decir, existen distintos tipos de atención para los diferentes estratos de la población, según sea el poder adquisitivo de los pacientes.
La mirada de los trabajadores
Otro aspecto vital es la realidad que viven los trabajadores de la salud pública. Sueldos insuficientes, turnos agotadores, escasa preocupación por la capacitación del personal, escasez de medios y una infraestructura precaria e insuficiente son los obstáculos que deben enfrentar los funcionarios de hospitales y servicios primarios o de urgencia.
Un dirigente del Hospital El Salvador explica: “Somos los que recibimos las bofetadas, tenemos que dar la cara. Los enfermos y sus familias nos responsabilizan a nosotros de las deficiencias del sistema porque aparecemos como el rostro visible del problema. Los médicos y las autoridades han recibido permanentemente nuestras críticas y propuestas, pero la situación se agrava cada vez más”.
Aunque el caso de los médicos es diferente, ellos también sufren las consecuencias del sistema. Un médico que ha estudiado durante diez a doce años para conseguir su especialización, encuentra mayores expectativas en la salud privada, donde halla además un ambiente menos tenso para desarrollarse y conseguir sus expectativas de vida.
El número de profesionales que se están formando ha aumentado en los últimos años, pero hay que incentivar a quienes egresan para que vayan a regiones. Lamentablemente, todos los cursos de perfeccionamiento están en Santiago, siendo muy pocas las regiones donde se dan especialidades médicas. Además, con la incorporación de las universidades privadas se teme que en algunos años habrá un exceso de médicos, sin que exista una adecuada regulación de las escuelas de Medicina. Un profesor de la Universidad de Chile explica: “La mayoría de los jóvenes que ingresan a la carrera son muy idealistas, pero eso cambia cuando deben vivir las situaciones en terreno. Hay estudiantes muy comprometidos con lo social, pero terminan trabajando en clínicas o consultas privadas, al surgir otras necesidades ligadas a nuevas responsabilidades y exigencias, como la familia”.
Cuando la salud empezó a ser un negocio
Mientras impere el actual sistema que privilegia la privatización y no exista la voluntad de cambiar las cosas, la Salud Pública no encontrará remedio en Chile. El problema viene desde muy atrás, cuando en dictadura, en forma autoritaria y sin consultar a nadie, se implementaron las Isapres y se separó la salud en pública y privada.
Antes sólo había salud pública, hospitales públicos y una que otra clínica en algunos lugares. Pero, los privados se dieron cuenta que a través de la privatización se podía obtener mucho dinero, mercantilizaron la salud tratando al paciente como una mercancía. Entonces la salud dejó de ser un derecho y se transformó en un muy buen negocio para los empresarios, quienes empezaron a llenar sus bolsillos mientras sus pacientes siguen estando enfermos.
Eso ha traído la carencia de profesionales en el servicio público. Muy pocos estudiantes de medicina hacen turnos en los hospitales públicos o en Consultorios municipales. Ellos, a lo más, hacen una pasantía cuando están cursando cuarto y quinto año y solamente van a observar, no a trabajar, durante un mes.
La situación era diferente en el gobierno de Salvador Allende. En aquellos años, los alumnos debían estar tres años en los servicios público. Hoy, nuevamente, los Consejos de Desarrollo Local con participación de pacientes de consultorios, que se están organizando a nivel nacional, tienen el objetivo de exigir a las autoridades que dispongan que los estudiantes de Medicina hagan turnos en consultorios y hospitales públicos durante cuatro años.
Ello, además, es muy beneficioso para el futuro médico, ya que es necesario tener presente que el alumno que no pasa por servicio público y por posta de urgencia, es que no ha visto la realidad y, por consiguiente, no ha aprendido nada.
El caso del Hospital San José
La posta de urgencia del Hospital San José debe atender las necesidades de las comunas de Independencia, Recoleta, Conchalí, Huechuraba, Quilicura y Til-Til, además de Lampa y Colina. En total comprende una población estimada en 540.450 habitantes, siendo el 66,8% beneficiaria del sistema público y conformada mayoritariamente por mujeres, niños y adultos mayores, grupos que generan la mayor demanda de atención.
Esta Unidad de Emergencia Hospitalaria se ve expuesta a una sobrecarga asistencial debido a la referencia de los establecimientos hospitalarios de menor nivel de complejidad. El médico rural muchas veces se ve en la obligación de derivar pacientes que consultan en el servicio de urgencia, tan sólo por no contar con exámenes básicos de apoyo como radiografía simple ósea y de tórax o pruebas de laboratorio de diagnóstico rápido.
Por lo tanto, aunque el médico esté capacitado, no dispone de los diagnósticos necesarios para confirmar su sospecha, imprescindibles a la hora de decidir el tratamiento adecuado. Debe enviar al paciente a su centro de referencia respectivo, lo que significa retraso en el diagnóstico y sobrecargando las Unidades de Urgencia del Hospital Base.
La noche puede ser especialmente compleja en la Posta de Urgencia. El cambio de turno se produce a las 2:00 horas. Dos funcionarios administrativos reciben a unos 500 a 600 pacientes que van llegando a pedir asistencia. Dos paramédicos les toman los signos vitales en la recepción y les colocan un brazalete.
El brazalete es para identificar un nombre, pero no para identificar la gravedad. En la Urgencia del Hospital San José ha implementado la forma de distinguir la gravedad sentando a los pacientes en sillas de colores. De acuerdo con esto, las urgencias las viene a ver el médico cuando tiene el tiempo disponible ya que puede ser que en esos mismos instantes esté operando en pabellón. Todo esto se hace a través de comunicación interna.
Mientras tanto lo va viendo la enfermera, quien también evalúa la gravedad. Este método, el triage, va separando a los pacientes de acuerdo a la gravedad, a la edad y a sus síntomas. Así se determina primariamente el primer diagnóstico.
El trabajo es agotador en una posta de urgencia, por el exceso de pacientes y falta de personal, por lo que un paramédico debe atender 30 a 40 enfermos simultáneamente, lo que impide revisar y suministrar la atención en forma oportuna, como revisar los signos vitales, temperaturas, presión, glucotex, colocación de suero, vigilancia de suero, vigilancia del paciente adulto que viene solo y que corre el riesgo de caerse.
Asimismo, el médico de una posta de urgencia debe multiplicarse visitando la sala de urgencia, la sala de pacientes y también operando en pabellón. De acuerdo a los expertos, el objetivo central de la Salud Pública debe ser la equidad y la calidad en el acceso a la atención, sin distinciones de ningún tipo.












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