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Del controvertido “Desalojo”

Laboral — 21 de febrero, 2010

Pocas veces, o nunca, se había visto tal despliegue -en verdad, casi farandulesco- para una transmisión de mando presidencial. Todo comenzó con el anuncio de un principio que se mantendría intangible durante los próximos 4 años: el de la “excelencia”. Y llegaron las excelencias… Como todo el país pudo presenciarlo, fue con imposición de manos y pendrives, en un escenario cuidadamente elegido y con una puesta en escena que recordaba la entrega de los premios Oscar en alguna noche hollywoodense.

Y no tardaron en llegar las críticas, que mostraban a una derecha por mucho tiempo hambrienta de poder, de “todo” el poder, y no fue de extrañar que la voz cantante la llevara el autor del “Desalojo”, con perlas como que unos habían trabajado tanto y no era justo que llegaran otros a cosechar el fruto de sus largos esfuerzos y entrega total a su probada “vocación de servicio público”.

El futuro equipo ministerial pasó a conformar casi un “gabinete paralelo”, y hasta quedaba la impresión de que en La Moneda no quedaba nadie, que había una acefalía gubernamental y que la “antigua” presidenta y sus casi ex ministros no tenían otra misión ni razón de existir que la entrega apresurada y minuciosa de sus carteras y poderes a los nuevos mandamases de la nación.

Y mientras se especulaba sobre el nombramiento de los subsecretarios, intendentes, gobernadores y jefes de servicio, en un capítulo que aun no se cierra, los nuevos ministros comenzaban a dar señales acerca del contenido de sus cometidos. O dicho en otras palabras, de qué se trataba en verdad eso del desalojo y los nuevos tiempos.

Educación

Responde Joaquín Lavín a las inquietudes sobre su futuro político, al hacerse cargo de una cartera tan “conflictiva” como la de Educación. Con su estereotipada sonrisa, el fracasado candidato a senador intenta tranquilizar a todos, y de paso a sí mismo: “Una de las tareas que me ha encargado el presidente (sic) Piñera es que se revalorice en Chile lo que significa ser docente. Eso es lo que queremos”.

Espera trabajar con todos y, así como varios de sus colegas al enfrentar sus propios desafíos, no desmiente que haya que cambiar el Estatuto Docente, paso previo a la total flexibilización del sector de la Educación. En cuanto a la Deuda Histórica: “Chile tiene una deuda con los profesores, que es moral, de dignidad”. ¿Deuda en dineros? Nada: sólo de moral y de dignidad, la que no se paga en efectivo.

Un trato igualitario a las universidades, sean éstas públicas o privadas. Todo eso lo confirma la saliente ministra Jiménez, quien advierte que en esas materias “es muy difícil avanzar a un ritmo distinto del que hemos avanzado”.

Para Lavín, es el suyo un sector en el que serán necesarios los “consensos nacionales” para avanzar. ¿Prudencia, lección aprendida? Lo cierto es que la conflictividad no viene de alguna afición a la confrontación por parte de maestros y estudiantes, sino de la evidencia, duramente sufrida por ellos, de que la Educación es el pariente pobre del Estado, y que la solución a sus problemas depende de mucho más que de una buena gestión específica pues sin una política global de desarrollo nacional y creación de empleos reales –productivos y sustentables- cualquiera reforma parcial no será sino un intento fallido. O tal vez habría que decir: “concientemente fallido”.

Las últimas cifras de matrículas confirman y profundizan la tendencia a su baja en la educación municipalizada y el alza correspondiente en la particular subvencionada. Ni una palabra desde Lavín, como no la hubo desde la ministra próximo saliente, sobre la verdadera razón de ese fracaso de la municipalización. En realidad, las nuevas cifras son funcionales a los propósitos extremo-privatizadores del sector neoliberal de la Concertación y, naturalmente, de la totalidad de la Alianza.

Propietarios de una red de universidades, institutos de formación técnica, y colegios de enseñanza básica y media, los Excelencias estarán en su salsa para llevar adelante sus planes. La batuta la tendrá un fundador de universidades privadas, y socio –minoritario, alega- de una inmobiliaria a través de la cual se pueden retirar las utilidades que no permite la figura de entidades “sin fines de lucro” que ostentan en su fachada.