De los Contreras y los Maluje
Cultura — 21 de febrero, 2010Está, además, el Mural de Julio Escámez en la Farmacia Maluje, número 676 de la calle Tucapel, en Concepción.
Arturo Contreras Aburto es un obrero, dirigente sindical de vasta y destacada trayectoria, tanto en la zona penquista, particularmente en Huachipato, como en todo el país. Con profundo amor, y orgullo de clase, nos cuenta vida de los suyos. En esta saga de los Contreras Aburto están los abuelos, los padres, los varios hermanos. Y entre los sobrinos, destaca, por cierto y justicia, la figura de Carlos.
Los datos no sobran, cuando nos acercan al personaje y sus circunstancias, porque vale la pena esa gestión particularizadora que nos hace conocer al hombre detrás del héroe y vuelve aun más terrible su destino, más significativo su gesto, más cruel el ambiente de terrorismo que a veces, en trágicas circunstancias, no ofrece en el camino sino las alternativas de la posible caída o el heroísmo.
Y Carlos Humberto Contreras Maluje, bien lo sabemos, optó por el heroísmo. Había nacido en calle Los Carreras 1275, Concepción, el 5 de diciembre de 1275. Estudió en su ciudad natal y allí mismo entró a estudiar Farmacia en la Universidad. Ingresa a las Juventudes Comunistas, es miembro de su Comité Central y en 1970 es elegido regidor, el más joven de Chile.
Abundan los testimonios. Manuel Riesco: “Debo mi vida a Carlos Contreras Maluje. Su heroico sacrificio impidió que mi nombre se agregara a los buscados por la DINA y, con toda seguridad, a los desaparecidos durantes esos días aciagos”.
Era el miércoles 3 de noviembre de 1976. A las 11:30 de la mañana, según un fidedigno testimonio, Carlos fue detenido en la calle Nataniel, a llegar a Aconcagua, en Santiago. Una micro de recorrido Vivaceta había atropellado a “una persona que quedó herida en la cabeza”. Era Carlos, quien se había arrojado a las ruedas del vehículo, luego de engañar a sus captores, la DINA, con una supuesta cita que le permitiría responder a sus exigencias de entregar a sus compañeros. Carlos grita su nombre, denuncia a sus captores y pide a la gente que estaba en el lugar que avisen “a la farmacia Maluje, en Concepción”.
Comienza una larga búsqueda, que devela el carácter de las autoridades de la época, de las cuales aun muchos andan por las calles y ministerios o directorios de empresa en este Chile sin verdad ni justicia.
Pero la suerte del héroe Contreras Maluje, siendo central en estas páginas, no las agota ni cubre por entero. La historia es narrada con minucia, para enterarnos de las vidas de una familia como otra cualquiera de nuestro pueblo. Sus batallas por la vida, sus afanes de legítima superación, su arraigo y lealtad de clase, sus virtudes y debilidades. Todo, nos es transmitido como desde un valioso eslabón que busca reponer y estirar la cadena de la conciencia, de la identidad.
Están los combates de clase, la caracterización de sus actores: los de este lado y los del otro. Con sus virtudes también y sus debilidades. Las miserias y las grandezas de la existencia humana, narrados desde la altura comprensiva de una larga experiencia.
“La historia es nuestra y la hacen los pueblos”, dijo Salvador Allende. Y para que eso sea cierto, bueno es que esa historia también la escriban los pueblos. Tarea a la que está abocado con honor este cronista de los suyos llamado Arturo Contreras Aburto.











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