Críticas al presidente Hugo Chávez, La paja en el ojo ajeno…
Internacional — 4 de julio, 2010Venezuela ha pasado a ser una piedra en el zapato de la política chilena, desde que el 12 de marzo el entonces recién electo presidente Salvador Piñera, en su primer encuentro con los corresponsales extranjeros, cuestionara el carácter democrático del gobierno venezolano, lo que precipitó la inmediata y esperada respuesta de su colega Hugo Chávez, que en su programa radial “Alo, Presidente”, replicó: “Que Piñera no se meta con nosotros…”.
Después vino la lógica inasistencia de Chávez al cambio de mando, pero en mayo pasado, en la cumbre de presidentes de UNASUR, en Buenos Aires, las relaciones parecieron distenderse, en un afable desayuno en que se vio a ambos mandatarios, conversar animadamente.
Ahora le ha tocado el turno a las colectividades políticas chilenas, con una crítica transversal al gobierno venezolano. Primero, la semana pasada, los senadores Patricio Walker, de la Democracia Cristiana (partido que apoya a su congénere, COPEI), y Andrés Allamand, de Renovación Nacional, anuncian un pacto para pedir al Senado que nombre observadores que supervisen las elecciones parlamentarias del 26 de septiembre próximo en Venezuela.
Y el fin de semana pasado, se informa a la prensa que el senador Fulvio Rossi, en representación del Partido Socialista chileno, y el ex ministro de la Unidad Popular, Sergio Bittar, por el Partido Por la Democracia, suscribieron en Washington un duro acuerdo de la Internacional Socialista que define al gobierno de Hugo Chávez como “una dictadura moderna, que criminaliza la disidencia y atenta contra los derechos humanos”.
Tan insólita postura ha llamado especialmente la atención en el caso de las colectividades de la Concertación, tanto en el partido que invoca la condición de socialista, como en el que se define como defensor de la democracia, y llevaron al senador y ex militante del socialismo criollo a exclamar: “El presidente Allende se debe estar dando vueltas en su tumba…”.
Venezuela no pasa el examen…
A pesar que el presidente Hugo Chávez ha convocado a trece elecciones, aceptadas internacionalmente como impecables, y ha triunfado en doce de ellas y, según los sondeos de opinión, utilizando los mismos métodos que se aplican entre nosotros ostenta sobre el 60% de aprobación, a juicio de los parlamentarios chilenos el sistema democrático venezolano no califica como tal.
Sergio Bitar, ex presidente del PPD y ex secretario de Estado, tanto del presidente Allende como de los gobiernos de la Concertación, asegura: “Esta expresión ideológica que Chávez ha buscado plasmar a través de su régimen, se aleja la visión del progresismo moderno y de la socialdemocracia”. A su vez, el senador socialista y candidato a la presidencia de su partido, Fulvio Rossi, explicando su adhesión al acuerdo de la Internacional Socialista que se reunió en la capital norteamericana, explica: “Apoyo el Informe, ya que en Venezuela se evidencian claros atropellos a derechos humanos fundamentales. Se ha instaurado el temor y el totalitarismo”.
Dos semanas antes de la participación de los parlamentarios concertacionistas en el cónclave de Washington, los senadores Patricio Walker (DC) y Andrés Allamand (RN), que ya habían propiciado un proyecto de acuerdo en el Senado para que se nomine una delegación de observadores que supervise las elecciones parlamentarias del 26 de septiembre en Venezuela, viajaron juntos a Caracas.
Allí participaron, en el hotel Pestana, del evento "Parlamentarios del mundo por las Elecciones del 26s", junto a congresistas de derecha de diversos países, analizando la situación política interna venezolana y acordaron pedir a los congresos de cada país el envío de veedores que den garantías al proceso. Asimismo, Walker y Allamand propondrán solicitar una actitud "más vigilante" de la OEA y pedirán audiencia con el canciller Alfredo Moreno, para que el gobierno de Piñera se sume a la posición parlamentaria.
Esa solicitud es potencialmente conflictiva, ya que el presidente Hugo Chávez ha manifestado reiteradamente que, a diferencia de las elecciones de 2005 y 2007, no permitirá observadores de la OEA ni de la Unión Europea. Mucho menos aceptará el “conteo de votos paralelo”, que plantean los congresistas de derecha.
De regreso a Chile, el senador Patricio Walter, reconocido en la DC como “radicalmente anticomunista”, entregó una sombría visión sobre Venezuela: "Se cierran medios, se persigue a Guillermo Zuloaga, presidente de Globovisión. Hay antecedentes serios de abusos reportados por diversos organismos, y mucho temor ante un posible fraude en los comicios, los cuales incluyen el voto electrónico. Se ha vivido una regresión democrática importante. La idea es apoyar a quienes tienen dudas que el proceso electoral sea transparente”.
El proyecto de acuerdo que anuncian Walter y Allamand ya cuenta con el patrocinio de los presidentes de ambas cámaras, Jorge Pizarro (DC) y Alejandra Sepúlveda (PRI). Entre los integrantes del Senado, se da por descontado su estudio y más que segura su amplia aprobación, con la excepción del senador del MAS Alejandro Navarro, muy cercano al gobierno chavista.
El pronunciamiento de la Internacional Socialista y las opiniones de Fulvio Rossi y Sergio Bitar, ya han tenido fuertes contrarréplicas en la izquierda chilena. Alejandro Navarro expresó su extrañeza: “No puedo entender que en Nueva Cork, usando los mismos argumentos de Estados Unidos y de la derecha chilena, los socialistas enjuicien a un gobierno como el de Venezuela”.
Al interior del Partido Socialista, el diputado Fidel Espinoza criticó ácidamente las resoluciones adoptadas por el encuentro de Nueva York, al que calificó de “socialdemócrata y cercano a la derecha liberal: “Es una vergüenza todo esto de la Internacional Socialista, como asimismo las declaraciones formuladas por Fulvio Rossi, que no interpretan al Partido Socialista”.
Hablando de democracia
Al margen de las declaraciones puntuales y las opiniones contingentes, el problema de fondo es otro: Chile tiene una discutible autoridad para enjuiciar el grado de democracia imperante en países hermanos, ya que cuenta con un sistema democrático extremadamente frágil y poco representativo de la real voluntad de los ciudadanos.
Basta considerar que nos regimos por una Constitución espúrea, producto de la dictadura de Pinochet, que no nace de una Asamblea Constituyente, que fue impuesta por la fuerza de las armas y que contiene disposiciones y quórum calificados que impiden derogarla o reemplazarla.
No es todo. Se mantiene un sistema electoral binominal, excluyente y antidemocrático, en que un candidato puede ser elegido con el 33% de los votos, dejando fuera del Congreso al postulante que ganó en las urnas. El propio Fulvio Rossi, crítico de la democracia venezolana, conquistó un escaño en el senado, en diciembre pasado, después de haber sido derrotado por el independiente Salvador Urrutia, quien quedó fuera de la Cámara Alta a pesar de contar con la primera mayoría.
El sistema electoral tiene a reproducir indefinidamente un bipartidismo en que los dos principales conglomerados, la derecha y la Concertación, se reparten los cupos parlamentarios, facilitando las decisiones copulares de los dirigentes políticos, sin participación ciudadana.
Esto explica que casi un tercio de los ciudadanos con derecho a voto han decidido no inscribirse en los registros electorales, lo que, sumado a la abstención, deriva que, en algunos casos, los postulantes elegidos tengan menos de la mitad de los votos de los ciudadanos con derecho a sufragar. Otro tema importante consiste en la imposibilidad del sistema democrático chileno de garantizar el cumplimiento equitativo e igualitario de ciertos derechos fundamentales a todos los habitantes del país, lo que genera un acceso discriminatorio en el cumplimiento de esas garantías.
El precario cumplimiento de los derechos económicos y sociales se traduce en una democracia débil, que se caracteriza por una injusta distribución de la riqueza, que coloca a Chile entre los tres países con el reparto del ingreso menos equitativo del mundo.
Ello queda claramente de manifiesto en el caso, entre otros, de la salud, la educación, el trabajo, la previsión, el esparcimiento, la información, la cultura, el deporte, etc., es decir, la mayoría de los ámbitos de la existencia.
La sentencia evangélica cobra, entonces, una vigencia rotunda. Los críticos del sistema político venezolano y del quehacer del gobierno del presidente Hugo Chávez demuestran una gran facilidad para detectar la paja en la democracia ajena y no pueden o no quieren ver la viga en la propia democracia chilena…












Suscríbete