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Cristián Cuevas: "Los trabajadores deben resistir el despojo de la derecha"

Laboral — 1ro de febrero, 2010

El presidente de la Federación de Trabajadores del Cobre y encargado nacional de conflictos de la Central Unitaria de Trabajadores, Cristián Cuevas, accedió a responder un cuestionario de El Siglo en su calidad de dirigente nacional de la CUT y ex candidato a diputado por el distrito 46 (Lota y Arauco).

-¿Cómo fue posible el triunfo de la derecha en Chile? Esta victoria de la derecha fue la crónica de una muerte anunciada que no nos sorprende. No la deseamos y por lo tanto en la izquierda hicimos los mayores esfuerzos por evitar esta situación. Yo recorrí prácticamente todo el país haciendo campaña, pero tuve oportunidad de comprobar la pasividad y entrega total por parte de los personeros de la Concertación que facilitaron el ascenso de la derecha. Ahora existe una suerte de morbo en los medios de comunicación donde vemos a alcaldes lanzándose a piletas pagando apuestas, divertidos, sin ninguna urgencia ante lo que afecta directamente a los trabajadores como consecuencia de la derrota. No hay que dramatizar demasiado, aunque creemos que la llegada de Piñera a La Moneda es un grave retroceso ante los planteamientos de la Central Unitaria de Trabajadores. No puede desconocerse que amplios sectores votaron por Piñera. Yo estuve, por ejemplo, en Iquique, donde el 60% eligió a la derecha. Vi un gran descontento de los funcionarios de la Sofri por el incumplimiento de compromisos y el abandono de la zona por parte de la Concertación.

-¿Cómo deben reaccionar los trabajadores? Hay que conocer a la derecha, no atemorizarse, sino reflexionar y responder con una alternativa. Tenemos que trabajar activamente en disposición de diálogo con el gobierno, pero poniendo también la movilización si se empiezan a producir despojos de las conquistas que habíamos logrado. Hasta ahora, Piñera y sus asesores han mostrado bastante torpeza en sus enunciados. En el caso de Codelco y sus intenciones de ingresarle capitales privados, ellos no tienen mayoría parlamentaria para hacerlo. Además, intentarán levantar un movimiento facilitador de sus políticas, distinto a la CUT. La Central debe alertar y defender los pocos derechos logrados en el último tiempo. Se va a producir la paradoja que tras el modelo que entró en crisis y luego que la Concertación traspasó toda la carga a los trabajadores, con más de 80 mil despidos, ahora la reacción vuelve a la carga. Por otra parte, los medios de comunicación se aprestan a transmitir el cambio de mando como un hecho amable, preparando a la gente para esta posibilidad sin mayores alteraciones.

-¿Hay una autocrítica de la izquierda? Toda la lucha de estos 20 años de transición queda de lado por el abandono por parte de la izquierda de los territorios donde se produjo el voto popular sin conciencia, olvidando a Recabarren y sus enseñanzas como las contenidas en el folleto "Acción sindical", que plantea justamente la disputa de las conciencias. Es necesaria una profunda autocrítica porque así como estamos no llegaremos a ninguna parte, con líderes facilitadores, con los medios a su favor y con lo que yo llamo un "partido transversal neoliberal" que también salpica a la izquierda. Hay que construir algo nuevo, un proyecto de transformaciones reales de un cambio que parte del movimiento social y político. La autocrítica frente a la derrota debe generar los cambios, el partido (comunista) y la CUT tienen que formar un movimiento social poderoso, con real influencia.

-¿Es posible rebajar el salario mínimo? Respecto al salario mínimo, nosotros en el Consejo Directivo Nacional de la CUT respondimos a Glisasti y a la Cámara Nacional de Comercio que insisten en la flexibilidad laborar y en la rebaja del salario mínimo. Lo primero se está aplicando ya desde hace años por parte del empresariado. Ahora queda al descubierto lo que los trabajadores todavía no comprendían: la derecha estaba a la espera del último tarascón, el mordisco del último despojo, que exige una reflexión y una acción de nuestra parte. Es indispensable una política de resistencia que consta en el derecho internacional. Cuando amenazan a los trabajadores, yo no me ocuparía tanto de la legalidad ni de la legitimidad, sino de la justeza para defender lo ganado ante cualquier medidas restrictiva al respecto. Vamos a tener que responder con movilizaciones, volcarnos al trabajo social, a la organización y a la búsqueda de la unidad. La derecha va a intentar hacer un gobierno populista, cediendo demagógicamente algunas regalías y recurriendo como siempre al asistencialismo, sin importarte los derechos de los trabajadores y pasando sobre ellos con la práctica insana del clientelismo a que nos tienen acostumbrados. Ante ello debemos avanzar en posiciones políticas con la fuerza movilizadora de la izquierda. Frente a la flexibilidad laboral actual, los empresarios denuncian "rigideces", pero hay que considerar que sólo el 66% de los trabajadores tiene contrato laboral en plazos breves que no superan los 16 meses. No hay trabajo estable y los derechos están restringidos. En este momento la indemnización por años de servicio tiene un tope de 11 meses y reducirlo sería otro despojo. Ya la Concertación nos tenía restringidos y sólo la lucha de los trabajadores había impedido perder más terrenos en ese campo. Contamos, además de nuestra propia fuerza, con 3 diputados, con Sergio Aguiló y Osvaldo Andrade en el parlamento, para lograr otra transversalidad para el progresismo y la izquierda.

-¿Qué puede esperarse del gobierno de Piñera en el campo laboral? La derecha llegó con su discurso de "el cambio" y aunque los últimos gobiernos de la Concertación nos seguían maltratando, no fue mayor la pérdida de conquistas por nuestra política movilizadora y de contención de las medidas antipopulares. La derecha no tiene propuestas en el campo laboral ni de cambios institucionales. Entretanto, tenemos que reflexionar y realizar una severa autocrítica. Yo estuve en Lota el día de la segunda vuelta presidencial y cuando sentí los bocinazos de alegría de la derecha en las calles pensé: ¿cómo nos paramos ahora? No hay que tener miedo, generar alianzas amplias con actores nuevos, no con los facilitadores del avance de la derecha. Recabarren, en sus trabajos contenidos en el libro "Acción sindical", se refiere a la necesidad del trabajo colectivo, a la relación estrecha entre el sindicato y la política y a la labor que va desde el colectivo hasta la familia y a la persona humana. Tenemos que leer, volver a los clásicos y aunar esfuerzos para construir una fuerza material y política de real envergadura. Ya hemos salido victoriosos de otras dificultades. Este es un accidente grave pero que no ha terminado y se avizoran miles de batallas. Es una derrota circunstancial. Las fuerzas progresistas somos mayoritarias y el resto cayó en un error por el descontento y por quienes pretendieron "castigar" a las autoridades anteriores. Pero hay un 40% de posibles ciudadanos que no están inscritos en los registros electorales y tenemos que ganarlos para nuestras posiciones y convicciones de clase. Debemos construir un proyecto más allá, que supere la pena y la rabia, que sea movilizador de muchos porque seguiremos luchando por los más vulnerados, sacando fuerzas, acompañados del andamiaje de la clase, de distintos colores, pero es posible construir, sin basurearnos entre nosotros. Yo no estoy contento, porque otros facilitaron esta situación; pero a nosotros también nos faltó fuerza, coraje, influencia en los territorios y algunos compromisos relativizaron nuestras posibilidades reales.

-¿Qué responsabilidad tiene el gobierno en la derrota? Es cierto que la presidenta Bachelet tiene el 80% de popularidad porque es parte del blanqueo del oficialismo, pero el resultado de la segunda vuelta develó la magnitud del descontento con su gobierno. Ella es muy afable, simpática, pero la gente rechazó los contenidos de las políticas de sus ministros de Hacienda, de Pérez Yoma, de Educación y Trabajo, sin ninguna cercanía con nosotros. Ni Lagos ni Bachelet podrían convertirse hoy en líderes, sino nuestro propio proyecto, con nuestro liderazgo, sin oportunismo, porque el costo no lo pagan los de arriba, incluso con la llamada "democracia de los acuerdos". Ahora hay que hacer claridad, con respeto, sin arrogancia, pero con mucha fuerza en un justo equilibrio entre la emergencia social de nuevos cuadros y la experiencia de quienes mantienen coherencia y consecuencia con sus ideas. Los trabajadores no deben limitarse a debatir entre cuatro paredes, sino abiertos a las bases, en el territorio. Hoy no se replican las discusiones en el desayuno de la cuadrilla, donde alojan los trabajadores, donde es necesario trasladar el debate para hacer claridad.

-¿Cuál es el rol que debe asumir la izquierda? El Juntos Ppodemos tiene un 5-7% de la votación -según los comicios municipales, parlamentarios o presidenciales- lo que en realidad no es mucha fuerza, pero debemos encarnar los deseos de millones de otras personas. Están las condiciones objetivas y la izquierda representa el 30% de un proyecto influyente y consciente. En época del Bicentenario no tenemos todavía la verdadera independencia porque tenemos que construir una propuesta como el programa presidencial de Jorge Arrate, pero que este documento no se convierta en una "biblia", sino que se vuelquen sus ideas en los territorios. La presencia de Gladys Marín es permanente en mi caso, durante todas las luchas sociales como una articuladora. Por eso, el próximo 11 de marzo haremos un gran acto democrático en Valparaíso para mostrar que aquí está la izquierda, los comunistas, y no en el"muro de los lamentos", porque incluso las víctimas desde del golpe de Estado y la dictadura son luz, son energía y fuerza política transformadora para todos nosotros. El 11 de marzo será un día de contradicciones, con la derecha llegando al poder ejecutivo y con tres compañeros comunistas asumiendo como diputados, con rostro propio para hacer sentido a la lucha, sin recriminaciones. Será una lucha de resistencia con más fuerza, la derecha no nos trancará el paso con el trabajo de todos, fortaleciendo lo que ya hemos logrado, hacia la preparación de un gobierno que termine siendo en verdad de los trabajadores.