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Contaminación del mar: No todo lo que brilla es salmón…

Movimiento Social — 18 de agosto, 2009

El esplendor de las transnacionales, que llevó al salmón a ser un producto estrella en las exportaciones de la economía chilena, hoy es sólo un amargo recuerdo. El virus ISA que afecta al recurso, por sobre explotación de las empresas salmoneras, cerró plantas y dejó en la calle a miles de trabajadores de Puerto Montt, que hoy comprueban dolidos que no todo lo que brilla es salmón…

Pero los problemas no terminan ahí. Las industrias salmoneras, que han recibido ayudas por más de 450 millones de dólares de las autoridades, no sólo han provocado un grave daño al ecosistema, dañando los mares y cuencas de los ríos en las regiones donde se instalaron con su sistema depredador, sino además manejan en forma secreta y hasta criminal las dosis de antibióticos compuesto por Quinolonas, que suministran a los salmones.

La impactante cifra de 385 toneladas de antibióticos usadas en el último año en el país remece a las organizaciones defensoras de los derechos ambientales y ha provocado estupor en los países europeos y norteamericanos, ya que el antibiótico Quinolonas está prohibido porque el consumo de esta droga por seres humanos afecta el sistema inmune, provocando una escasa resistencia a enfermedades bacterianas y virales.

Los productores del salmón se defienden señalando que la Quinolonas se disuelven tras el paso del tiempo. Las indicaciones clínicas señalan que el uso de Quinolonas debe restringirse a casos muy específicos, para evitar la creciente resistencia de los microorganismos. Las autoridades médicas explican que el efecto adverso se localiza en las vías gastrointestinales, pudiendo provocar un daño articular.

A pesar de estas recomendaciones internacionales, la industria del salmón en Chile usó 385.635 kilos de antibióticos el año 2007, es decir 32 mil veces más que la norma permitida, y el año 2008 introdujo en los mares 325.616 kilos de droga.

Cabe señalar que tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE), han advertido sobre el uso de antibióticos como las Quinolonas, pero los empresarios no respetan esa recomendación.

Fundación Pumalín desmiente a empresarios del salmón

El Siglo, consultó a Hernán Mladinic, Director Ejecutivo de la Fundación Pumalín, quien fue enfático en sus apreciaciones: “Las autoridades políticas del país, sobre todo parlamentarias, se sorprenden y molestan cuando se dice públicamente “mar para Bolivia”, pero hacen la vista gorda cuando se entrega el borde costero de todo el país a las transnacionales para la destrucción del ecosistema”.

Respecto a la presencia de las toxinas, el dirigente explicó: “Los estudios de los salmones que se venden en los supermercados de Puerto Montt arrojan la presencia de antibióticos que sobrepasan la norma internacional. Estas denuncias son efectivas y, sin embargo, la autoridad sanitaria nunca ha tomado cartas en el asunto. Incluso se registró el uso de los antibióticos, pero la información se esconde”.

Mladinic sentencia que la práctica del uso de drogas en los salmones es abusiva y “demuestra que el manejo sanitario en el sector salmonero es muy deficiente. Todos sabemos que los antibióticos son productos que se van acumulando en el ambiente y se traspasa a otros seres marinos. El reporte de responsabilidad social de Marines Harver del año 2008, muestra la aplicación de antibióticos en todos los negocios que esta empresa tiene en el mundo y se explicita que la aplicación de antibióticos en Chile equivale a 32 mil veces más que en cualquier parte del mundo.”

Irresponsabilidad al por mayor

Las apreciaciones fueron compartidas por el Director Ejecutivo de la Fundación Oceana, Alex Muñoz: “Esta denuncia confirma que la industria salmonera chilena abusa en forma irresponsable de los antibióticos. Hace algunos meses se anunció un plan para reducir la utilización de antibióticos en esta industria, como la limitación de la densidad de cultivo y la prohibición del uso preventivo de estos químicos. Es urgente la prohibición de los antibióticos del tipo Quinolonas y la determinación de metas concretas y plazos breves para reducir drásticamente el uso de estas substancias”.

Alex Muñoz fue categórico: “Acá está en juego la salud pública, ya que el abuso de antibióticos en la salmonicultura puede dejar sin tratamiento efectivo a algunas enfermedades. Es deber del Estado proteger los derechos fundamentales de las personas y no sólo velar por la rentabilidad de un sector empresarial en particular. Esperemos que esta información que se desclasifica por primera vez conduzca al gobierno y el congreso a tomar medidas drásticas y urgentes para corregir estas malas prácticas de la industria”.

Por último, Muñoz señaló: “En este tipo de industrias se ha privilegiado una mayor rentabilidad versus destrucción del medioambiente y el derecho de las personas. Esta fórmula neoliberal ha probado ser errada, ya que luego de 20 años de producción la industria ha colapsado por sus propios errores”.

En el año 2008, Oceana presentó al gobierno una completa propuesta para reducir y regular el uso de antibióticos en la salmonicultura, la prohibición del uso preventivo de los antibióticos de uso veterinario, la determinación de un límite a la densidad de salmones por jaula, la implementación de un sistema de información pública sobre el uso de estas sustancias y el desarrollo de vacunas que reemplacen el uso de antibióticos.


No a la privatización del mar

La reforma de la Ley General de Pesca y Acuicultura que se discute en el parlamento implica una profundización del control privado sobre las concesiones que son bienes nacionales y de uso público.

Para Hernán Mladinic, Director Ejecutivo de la Fundación Pumalín, la reforma que se lleva a cabo en el congreso el más absoluto silencio es preocupante: “Más allá de arrendar la concesión de manera indefinida, lo que se está haciendo es que el privado podrá tomar la concesión y utilizarla frente a un banco o un acreedor; es decir, se hipoteca el bien de uso público a un banco extranjero y este banco es el dueño de los mares de Chile y las cuencas de los ríos. Esto genera un mercado de concesiones muy similar al mercado de derechos de agua. Lo que hace esta ley de pesca, la más liberal del mundo, es entregar todo el borde costero de Chile a transnacionales japonesas, españolas, noruegas.”.

Mladinic concluye señalando: “Todos los chilenos tienen derecho de uso de los bienes público. El día de mañana no se podrá entrar a regiones enteras, de continuar esta privatización del mar”.