Con compromiso y solidaridad superaremos la catástrofe
Opinión — 22 de marzo, 2010Una devastación que ésta afecte mayoritaria y masivamente a la población de menores ingresos, es responsabilidad país. La primera fase es atender y superar la emergencia, lo que ha sido lento, dada la ineficiencia del accionar gubernamental, en sus componentes civiles y militares. Ella ha sido tardía, con fallas imperdonables en capacidad predictiva, que habría aminorado los efectos de esta tragedia, carente de evaluación, información y disponibilidad de sus propios recursos tanto humanos y materiales, con una precaria capacidad de respuesta.
Esto se está superando con la ayuda de la ciudadanía, organizaciones sociales y aportes del exterior. Una segunda fase, conducente hacia una normalización, la asumirá el nuevo presidente, cuyo equipo lo integran elementos que en dictadura construyeron la actual Constitución y el modelo económico. Su gabinete refleja la activa conducción del país en manos de empresarios, que no son benefactores ni servidores públicos. Ahora además, disponen de más oportunidades de negocios, al tener información anticipada para especular y o retribuirse con fondos procedentes del Estado.
El actual funcionamiento del país, caracterizado por un fundamentalismo neoliberal, otorga las condiciones para una de las mayores maniobras económicas de grupos organizados con pleno control de una nación. En dictadura, en lo que ellos mismos llamaron reconstrucción nacional, bajo pleno terror y barbarie redujeron, trasvasijaron y se repartieron las empresas e instituciones del Estado, reduciéndose el rol del Estado y derechos ciudadanos, dejando a la población regida por las leyes del mercado, con escasa capacidad de reconstruir y/o crear el tejido sindical o gremial que le permitiera aspirar a reivindicaciones sociales significativas. Al término de la dictadura, su prolongación formal está vigente debido a que durante 20 años el gobierno de la Concertación tenía sus propias aspiraciones. Ahora, durante los próximos cuatro años, se presenta la segunda ocasión de lo que ellos ya anuncian como una nueva reconstrucción nacional. Esta tragedia requiere el compromiso de todos para salir adelante, lo cual sólo se logrará con solidaridad, y donde la caridad y oportunidad de negocios no nos ayudará. Sólo les sirve a quienes tienen el poder, ocasionando mayor precariedad, pobreza y desigualdad social.
Con compromiso y solidaridad, los estudiantes, los trabajadores, los vecinos están reuniendo alimentos, útiles de aseo, ropa y lo que les es posible comprar. Pero, cuidado: es aquí donde está la piedra de tope, las leyes de oferta y demanda van en contra de la superación de la tragedia. Cada vez podremos ayudar menos, porque los artículos controlados por monopolios controlan los precios del mercado interno. Hoy la mano de obra está disponible, están todos dispuestos a trabajar. Se requieren recursos materiales para construir soluciones dignas. Los recursos materiales, como la madera, cemento, áridos, fierro, cobre, junto a la maquinaria pesada, no pueden estar a disposición de la oferta y demanda, porque la demanda es superior a toda oferta de mercado, lo que se traduce en especulación.
Este momento de singular tragedia es sólo comparable a una impensable guerra, situación en que el Estado debe asumir el control de los recursos para la protección de la población afectada, ya que la producción de alimentos del país se encuentra concentrada en la zona central y sur, epicentro del terremoto y tsunami. Se debe establecer una tabla de precios de productos a nivel nacional y ocupar toda maquinaria bajo control y responsabilidad del Estado, por un plazo que garantice el retiro de escombros, la adecuación vial y la construcción de viviendas. La solidaridad del empresario se debe hacer presente, para poner su maquinaria bajo garantía estatal, al servicio de la nación; las fundaciones se justifican si obran sin perseguir beneficios. Por ejemplo, cuál es el costo de una mediagua y cuál el margen de utilidad. ¿Cuál es el aporte del sector empresarial que organizará el gobierno pronto a asumir, ya que sus ministros proceden de áreas estratégicas de la economía y ahora están en el servicio público, con pleno dominio de asignación de recursos del Estado? No descuidemos que habrá mucha donación en dinero, de nosotros mismos y del exterior, así como préstamos para superar esta crisis. Este dinero es absurdo que vaya a manos de empresarios: debe ir para pagar sueldos de la mano de obra y profesionales que requerirá este mega proyecto nacional. Si los empresarios arriendan la maquinaria pesada y/o venden recursos materiales sin regulación, habrá quizás un millón más de empleos o subempleos precarios en comparación al enriquecimiento que logran sectores del empresariado en épocas de crisis, y ahora con el sacrificio de los ya han sido sacrificados por la naturaleza.
Debemos demostrar que nos une un país transparente, cuya ciudadanía es comprometida y solidaria, dispuesta a aportar sus competencias y capacidades (estudiantes, profesionales, no-profesionales, empresarios, trabajadores) todos por el Chile digno, justo, equitativo que queramos como país.
Es la oportunidad del bicentenario, la que desde hace 200 años esperamos. De todos depende, hoy más que nunca, lograrlo.












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