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Carnavales Culturales de Valparaíso “La fiesta se acabó”

Cultura — 1ro de febrero, 2010

Estaba todo preparado con mucha antelación. Se esperaba que fuera el puntapié inicial de las celebraciones culturales del Bicentenario de la República y para ello se venía trabajando arduamente: los Carnavales Culturales de Valparaíso 2010 eran el escenario ideal para comenzar los festejos.

Pero justo una semana antes, la segunda vuelta presidencial dijo otra cosa y la fiesta se aguó. Para nadie era un misterio que de haber sido Eduardo Frei el vencedor de esa contienda electoral, habríamos visto a la presidenta Bachelet y al presidente electo pasearse por el puerto y disfrutando sin cesar de las múltiples actividades programadas. Ya sabemos que eso no sucedió y que Bachelet tuvo que concurrir sola a la inauguración de los Carnavales, que a Piñera no se les pasó por la cabeza invitarlo y que de Frei nadie sabe mucho.

Si hasta los invitados internacionales sintieron como que el horno no estaba para bollos y que mucho ambiente de fiesta no había. Para esta oportunidad se había decidido invitar a tres naciones hermanas que también celebran este 2010 los 200 años de su independencia: Argentina, Colombia y México.

En el discurso de la ceremonia inaugural del viernes 22, la presidenta de la República realizó un llamado a la concurrencia a "no olvidar que la cultura, esta cultura que construimos entre todos, expresa lo más propio de nuestra vida y de nuestra historia, el alma de este Chile que amamos, la identidad de esta América mestiza a la que pertenecemos". Ciertamente fue una invitación para que no nos olvidemos que es este tipo de actividades culturales las que han marcado un sello de la Concertación durante la última década y que esperan volver a recuperar en cuatro años más. Una cultura de masividad, de pluralidad y de popularidad en el amplio sentido de la palabra, en donde el arte en las calles se mezcla con la cotidianidad del entorno, ese mismo que hoy se ve salpicado de comerciantes ambulantes de todo tipo y de mercanchifles que utilizan lo que sea para generar ganancias. Una señal irrefutable de lo que se viene para el futuro inmediato: la cultura del dinero.

Y es que es precisamente eso lo que más ha crecido durante estos años de carnavales culturales en Valparaíso. Si bien es cierto, las actividades artísticas son de un primerísimo nivel en donde han desfilado artistas como la compañía Teatro del Silencio, los músicos Café Tacuba o Luis Alberto Spinetta, sólo por nombrar algunos, en donde más se ha notado la evolución de los carnavales es en la creciente actividad comercial que se genera a su alrededor. Si antes la avenida Pedro Montt permanecía cerrada al tránsito vehicular y se montaban diversos escenarios para dar cabida a los grandes y pequeños espectáculos, hoy ese espacio está absolutamente tomado por una verdadera feria de las pulgas en donde se comercializan desde los tradicionales algodones de azúcar, hasta collares de plástico o lentes de sol, pasando por pelotas playeras y esos típicos juegos de fondas dieciocheras. Si hasta el típico Pasacalles que se realiza con los diversos centros culturales de la ciudad, ahora prácticamente tiene que hacerse pidiendo permiso para no “estorbar” a los vendedores ambulantes que se tomaron las calles.

Pero como siempre puede haber algo peor, los diarios locales no se cansaron de exaltar el excesivo arsenal de basura que acarrean estas festividades, con sus correspondientes hedores y afeamiento de la ciudad patrimonio. Y es que pareciera que la cultura sólo es entendida como la que se manifiesta sobre los escenarios o la relativa a los artistas invitados, dejando de lado la que debiésemos tener todos quienes asistimos a estas festividades. Ciertamente, Valparaíso no se merece despertar entre toneladas de basura en sus calles, desparramada por todos lados y con miles de botellas de cervezas y cajas de vino como vestigios de la fiesta. Además, ya viene siendo hora de que se entienda que la tradición de la challa no es un aporte para nada y que sólo contribuye a ensuciar aún más, tanto a los transeúntes, como a la ciudad.

En lo referido a lo netamente artístico, hubo destacados aciertos dignos de mención. Por una parte, los artistas internacionales más aclamados fueron la banda Aterciopelados de Colombia, que se encargó de cerrar la noche inaugural; el cantante argentino Kevin Johansen, quien se dio el gusto de invitar a escenario a la vocalista de la banda colombiana y a Residente, el cantante de Calle 13; y la destacada escritora mexicana Laura Esquivel, invitada de honor de la delegación de su país. Pasaron tristemente inadvertidos por el público, la compañía de Teatro de Calle Kamchatka, de España, que realizó en el Muelle Prat una intervención urbana que fue presenciada por muy pocos espectadores, quienes quedaron impactados por la calidad de la puesta en escena de estos catalanes, pues hacían participar al público dentro de su rutina. Tampoco generaron mucho interés los miembros de la Murga argentina de Coco Romero y La Matraca, quienes solo estuvieron unos 15 minutos en escena. Ciertamente, éstas fueron dos de las expresiones artísticas que más se acercaban a lo que es un carnaval, ya sea como los realizados en el viejo continente (y que este fin de semana tendremos la oportunidad de ver en Santiago con Royale de Lux y La Muñeca Gigante), o los de tradición rioplatense, como es el caso de las murgas.

Por el lado de los artistas nacionales, la propuesta estuvo variada: en danza, se presentó el Ballet Folclórico Afora, quienes montaron “Sur y Mitos de Chiloé”, una interpretación en movimiento de las costumbres, vivencias y festividades del sur de nuestro país. También estuvieron presentes la Cía. Carmen Beuchat, con “Canción Desesperada, Mar ensangrentado”, coreografía creada en 2009 por la reconocida artista como protesta al abuso y la sobreexplotación humana en contra de los animales marinos. En teatro, destacó la presentación de la obra “Pedro Urdemales”, de la Cía. Teatrobvio, y “Casas de Nylon”, montaje ganador de un Fondart Regional escrita por el reconocido dramaturgo Sebastián Cáceres y bajo la dirección de Camilo Reyes.

En cuanto a la música, hubo presentaciones interesantes de artistas nuevos y consagrados. Camila Moreno se presentó el viernes, con un discurso similar al que después entregara en el Festival del Huaso de Olmué. No fue la única que aprovechó la oportunidad para lanzarle palos a Piñera, ya que Sol y Lluvia el mismo viernes e illapu el sábado hicieron lo mismo y con bastante impetu. El caso de Manuel García es aparte: el destacado cantautor nacional se presentó junto a sus colegas y amigos Gepe y Chinoy y aprovechó la oportunidad no sólo para enviarle recados al presidente electo y llamar a la gente para organizarse en la oposición, sino que a punta de megáfono vociferó el famoso discurso de Salvador Allende del 4 de septiembre de 1970, pidiéndole a los presentes que “cuando acaricien a sus hijos, piensen en el mañana duro que tendremos por delante, cuando tengamos que poner más pasión, más cariño, para hacer cada vez más grande a Chile, y cada vez más justa la vida en nuestra patria”, arrancando interminables aplausos de los casi 15 mil asistentes que se congregaron en el Parque Italia.

En la Plaza Sotomayor, en tanto, destacó la presentación de la Cantata Rock, una nueva versión de la Cantata Santa María de Iquique, de Luis Advis, esta vez interpretada por Chancho en Piedra en conjunto con integrantes de Quilapayún y de Inti Illimani y narrada por el actor Patricio Pimienta. Esta versión ya había sido llevada a cabo con ocasión del centenario de los hechos, pero por primera vez fue llevada a Valparaíso, en donde simbólicamente fue presentada justo afuera del edificio de la Armada de Chile, los mismos que desde los barcos apostados en la bahía del puerto nortino bombardearon la ciudad y a los miles de inocentes pampinos.

Y así concluyó la versión del año del Bicentenario de los Carnavales Culturales de Valparaíso, con la omnipresente cumbia de Chico Trujillo sobre el último de los escenarios y con un Parque Italia repleto de un público ávido de manifestaciones artísticas y culturales casi en la misma medida en que consumen completos callejeros y se lanzan challas unos a otros. En una esquina del parque, justo al llegar a Pedro Montt, descansaba estacionada la pequeña micro/biblioteca móvil que a esas alturas ya no atendía público. Ya habían apagado la luz y se habían despedido hasta el próximo año, si es que el nuevo gobierno (en conjunto con la también derechista administración comunal) los tiene considerados dentro del programa de actividades culturales del neoliberalismo. A lo mejor ahí, encontraremos los “buenos libros” que Piñera quiere que leamos.