Brújula Política: ¿QUÉ PASA EN LA PDI?
Opinión — 17 de agosto, 2009Como en toda sociedad dividida en clases, también en Chile las instituciones del Estado son funcionales a las clases y capas sociales dominantes y no al conjunto de la sociedad. Lo cual no significa que su conducta no deba interesar a todos precisamente para evitar que la dependencia de los sectores hegemónicos les impida cumplir los objetivos para las que fueron creadas.
En este sentido la Policía civil, o Policía de Investigaciones, la PDI, es la única institución de aquellas relativas a la Seguridad que en la última década ha tenido un reconocimiento ciudadano y un efectivo acercamiento a la población. No ha sido obra de la casualidad ni sólo de la circunstancia, también importante, de su particular composición social y su clara diferencia con los institutos propiamente armados, por más que, al igual que las FFAA y de Carabineros dependan desde la dictadura del ministerio de Defensa y no del Interior. Porque en realidad lo que ha permitido el deshielo y el acercamiento con una institución, que en dictadura fue también represora , ha sido precisamente por el papel que han cumplido en las tareas investigativas derivadas de los procesos por delitos contra la Humanidad iniciados con la querella presentada por el Partido Comunista en enero de 1998.
En su momento el llamado Departamento Quinto, o la Brígada de DDHH y ahora la Jefatura Nacional de Delitos contra los DDHH, han actuado con seriedad y profesionalismo, devolviéndole a la PDI un prestigio que se perdió en la oscuridad del régimen militar. Nadie olvida la nobleza y valentía de aquellos policías civiles que permanecieron junto al Presidente Salvador Allende cuando el cobarde ataque a La Moneda. Nadie olvidará la acuciosidad con la que cumplieron las órdenes, primero del ministro Juan Guzmán y luego de los otros jueces a cargo. Así ha sido como se ha aclarado crímenes atroces y se ha puesto en prisión a los principales cabecillas del genocidio. Las diversas agrupaciones de derechos humanos y de familiares de las víctimas a lo largo del país, así como parlamentarios, gobernantes y personalidades públicas, de Chile y del extranjero, reconocen esta conducta y distinguen a la institución por encima de todas las ramas de la Seguridad y la Defensa. Sin su cooperación tal vez no hubiera sido posible derrotar a los “predicadores del olvido”, como llama el escritor argentino Mempo Giardinelli a los cobardes e hipócritas que invitan a la impunidad con esa zarandaja de la “reconciliación nacional”
Menos cuando se tiene en contra a los poderosos medios de comunicación de la clase hegemónica, empeñados en resaltar las posiciones de los sectores más reaccionarios y en tratar de que se ignore a quienes defienden valores superiores.
Sobran razones para preocuparse por lo que hoy sucede en la PDI : corrupción en sectores sensibles, caza de brujas en su interior contra los funcionarios más vinculados a las investigaciones de DDHH, falsas versiones del Subsecretario a cargo y de altas autoridades en un vano intento de tapar conductas indebidas. Nadie debe confundirse a este respecto porque ha sucedido que, voluntaria o involuntariamente, algunos se confunden. No está de más recordar que cuando hace un tiempo el presidente Hugo Chávez formuló denuncias contra el actual Director de la institución, parlamentarios y abogados supuestamente izquierdistas sostuvieron que “el presidente Chávez está equivocado..”, cuando bien se sabía que no lo estaba. Menos si se recuerda el pasado dictatorial. Hace falta pues que todos estemos claros y que nadie vacile. Y hace falta que desde La Moneda se actúe rápido y firme para depurar, al precio que sea necesario, una institución del Estado que, al menos en lo que hace al mundo de los derechos humanos, ha sido y es valiosa para el país.












Suscríbete