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Brújula Política: EL ABRAZO TORRES - VALECH

Opinión — 12 de agosto, 2009

El esclarecimiento del asesinato de Víctor Jara es la demostración concreta de la justeza de nuestro alegato en el sentido que no puede ponerse ni plazos ni ninguna otra cortapisa a las investigaciones policiales y judiciales en materia de violaciones a los derechos humanos perpetradas por la dictadura de la derecha y las transnacionales que sus FF.AA. impusieron en 1973.

Se reclama que ya han pasado muchos años. Pero en rigor las investigaciones comenzaron, de modo sistemático y continuado, sólo a partir de enero de 1998 con la querella del Partido Comunista por todos los crímenes y atropellos. No es casual que todas las causas lleven el mismo nº de rol 2182 – 98 de esa querella, cuya investigación realizaron el juez Juan Guzmán Tapia y el entonces llamado “Departamento 5º” de Investigaciones.

Por cierto antes hubo cientos de denuncias y el mayor mérito y el mayor heroísmo son de familiares de las víctimas y de aquellos abogados que en plena dictadura se atrevieron a enfrentarlo todo. Pero, obviamente, dado el régimen de terror existente, esas acciones fueron a dar a las fiscalías militares que las archivaban.

En 1998 la situación política y judicial era sin duda distinta a la de tiempos de la dictadura. Los procesos son pues relativamente recientes y además ha debido enfrentarse a un Poder Judicial lento y conservador, la presión de los poderes fácticos en especial de las FF.AA., la debilidad de los sucesivos gobiernos y la total falta de cooperación de los que tienen los antecedentes, es decir los uniformados.

La “reconciliación” del cura Sergio Valech con el siniestro fiscal Torres habla a las claras del clima de impunidad que se impone. Valech dice a El Mercurio que hay que cerrar el tema de los detenidos desaparecidos, que “vivir amarrado al pasado es una torpeza muy grande”. ¡Vaya renovación la del sacerdote! Que distante está del Cardenal Silva Henríquez. Con razón Torres lo encuentra extraordinario y Valech dice que el procesado fiscal “es un buen hombre y se va a ir al cielo...”. Naturalmente, este signo de los tiempos que vivimos no es la única señal de la impunidad que nos amenaza. Y que explica, por ejemplo, el desparpajo de patrón de fundo con que Larraín, líder de RN, pinochetista al fin, provocó a la propia Presidenta de la República a propósito del tema de DD.HH. Pero el asunto es todavía más grave y terminará por imponerse si no somos capaces de generar un fuerte movimiento contra esta nueva ofensiva de los partidarios del punto final.

Porque a las penas aguachentas que las Cortes están aplicando a los asesinos, hay que agregar que se está recurriendo a la maniobra de fijarles plazos a los jueces y muchos de éstos, a su vez, les fijan plazos brevísimos, imposibles de cumplir, a los investigadores de la Jefatura Nacional de Delitos contra los Derechos Humanos de la PDI.

De este modo se está logrando que se cierren los sumarios sin investigar o con investigaciones a medias. Nótese que el 70% de los casos está en estado de sumario. Es decir que el 70% de los procesos por crímenes contra la humanidad en Chile quedarán sin verdad ni castigo. De eso se trata. Si no articulamos una resistencia sólida y a la altura de las maniobras en curso, los cobardes y los reaccionarios habrán conseguido la impunidad.

Los malos vientos no soplan sólo en Chile. En España una organización de ultra derecha acaba de obtener que la Segunda Sala del Tribunal Supremo admitiera a trámite una querella en contra del juez Baltasar Garzón por haberse atrevido a abrir causa por el tema de los desaparecidos a manos de la dictadura de Franco durante la Guerra Civil española. El ladrón detrás del juez. También allí la derecha y los timoratos se unieron por la impunidad.

Alerta pues, compañeros, que no nos destruyan lo avanzado, que no le cierren el paso a la verdad y a la justicia.