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Brújula Política: EEUU, Amenaza Militar

Opinión — 18 de agosto, 2009

De 7 puñales en el corazón de América habló el Comandante Fidel Castro mientras que de vientos de guerra habló el presidente Hugo Chávez, ambos para referirse a las 7 bases militares que los EEUU instalan en territorio colombiano, en los alrededores de la Venezuela bolivariana y en mitad del continente, con la complicidad del narcopresidente Alvaro Uribe. El pretexto es el de siempre, combate a las drogas. El mismo en cuyo nombre se desangra México a estas mismas horas. ¿Combate al narcotráfico de la mano de Uribe? ¿Y porqué no combaten las drogas en el país de mayor consumo mundial, que es precisamente EEUU?

El desarrollo del poderío militar yanqui responde a la esencia de su propio sistema económico y a su incontenible afán hegemónico. Controlarlo todo, impedir todo asomo de independencia. Es el capítulo que sigue al golpe de Honduras. Dos compases de un mismo tema. Un lúcido analista latinoamericano, Carlos Fazio, afirmó: “El golpe cívico-militar en Honduras responde a una estrategia global de la administración de EEUU, diseñada para hacer retroceder los avances de gobiernos electos democráticamente”. El peligro es real, hay en efecto vientos de fronda. La Casa Blanca exige además inmunidad para sus soldados. Un milico yanki podría violar a una joven colombiana, matar a un campesino y no podría ser procesado en Colombia. No es nuevo, lo hacen en otros países.

Por eso es que el paso atrás del gobierno chileno es gravísimo. Un cambio en menos de una semana. Primero, la presidenta Bachelet coincidió en Brasil con el presidente Lula en orden a expresar preocupación por la instalación en Colombia de las 7 bases militares y planteó la necesidad de que el Consejo de Defensa de la UNASUR revisara el delicado asunto. Poco después Uribe hizo retroceder a La Moneda, y la presidenta y el canciller declaraban su absoluto respeto a la decisión. El asunto no se discutió en Quito y fue postergado. Chile aparece así más cerca de los gobiernos reaccionarios de México, Colombia y Perú que de los gobiernos democráticos y populares hacia los que apunta el gobierno norteamericano.

Sugestivamente, en un espúreo seminario del ejército Eduardo Frei sostuvo que los “proyectos bolivarianos debilitan la institucionalidad democrática” y que “existe la tendencia a modificar las reglas de la institucionalidad democrática en función de ambiciones personalistas..”, considerando en tal situación a Venezuela y Honduras. Olvidó que Uribe es quien se ha reelegido sin consultar al pueblo. Los dichos de Frei coinciden en los hechos con lo que sostiene el golpista Micheletti. Mala señal.

Hay quienes intentan justificar lo injustificable y dan vuelta la realidad. Así por ejemplo, José Rodríguez Elizondo afirma que “el fortalecimiento de la alianza Colombia-EEUU es efecto de las intenciones y amenazas de Chávez”. Suena a campaña del terror de los años 60, y sólo favorece las pretensiones hegemónicas.

No es posible ignorar la magnitud del peligro del expansionismo militar del imperio. Bien sabemos los del sur del mundo lo que ha sido su política hacia América Latina y el Caribe. Invasiones, genocidios, provocación de golpes de Estado; desde el norte vino la orden en 1973 para que la derecha, la oligarquía y las FFAA desataran el baño de sangre. Había que aniquilar la Unidad Popular, no fuera cosa que el gobierno de Allende lograra al fin la plena independencia. Eramos un ejemplo peligroso en el área. El imperio piensa hoy lo mismo de Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua, ni qué decir de Cuba, y no consideran ni a Brasil ni a Argentina como aliados incondicionales.

No importa demasiado quién ocupa la Casa Blanca. El presidente puede ser de origen africano, árabe, asiático, latino, pero el poder radica en las grandes corporaciones, en los centros financieros y en el poder militar. Puede que Obama sea incluso una buena persona, no me consta, no lo sabemos, pero es igual. Está obligado a obedecer. En su mandato ya va un golpe de Estado en el continente, Honduras, y ahora las bases en Colombia, mientras económicamente nos tiene atados con el TLC, el que además implica una nada despreciable “cooperación” militar. No es momento para volteretas, sino para defender la soberanía y la dignidad. La independencia sigue pendiente.