Barrio Franklin con el agua hasta el cuello
Laboral — 3 de agosto, 2009Primero fue el Transantiago, que con su nueva malla de recorridos, dejó prácticamente abandonado al popular barrio Franklin, donde miles de santiaguinos se surten de mercaderías y alimentos frescos, a precios convenientes y baratos.
Después, cuando las correcciones del nuevo sistema de transportes, le devolvió al sector parte de su clientela, ya las deudas de los pequeños comerciantes habían crecido como una bola de nieve, lo que se vio agravado por la crisis económica, que disparó las tasas de interés y encareció el crédito.
Así las cosas, al finalizar el año, con las fiestas de Navidad y Año muchos locatarios, que venden al detalle, tuvieron un pequeño alivio en sus ventas, con la mayor afluencia de público, pero ese consuelo que dejaron las ofertas les duró poco y ya se está desvaneciendo como pompas de jabón.
Drama económico
El pintoresco e histórico Barrio Franklin, que se hizo famoso por el Matadero y el popular Mercado Persa, vivió décadas de esplendor, pero, en los días actuales, estos comerciantes comienzan a vivir una nueva realidad, mucho más dura , que puede comprometer el futuro de miles y miles de trabajadores.
Esta situación, ya la están viviendo en carne propia más de un centenar de locatarios del barrio Franklin que están muy preocupados, porque miran como cada día disminuyen sus recursos y las ventas no repuntan.
La Secretaria de la Cámara de Comercio de este sector, Myriam Torres, relató a “EL Siglo”, como, a pesar de las apreturas económicas que están viviendo, mantienen el compromiso adquirido de no despedir a ningún trabajador y tratar de aguantar junto a ellos hasta el final: “No queremos los despidos, no incurriremos en practicas que perjudiquen a los trabajadores, como ocurre en las grandes cadenas comerciales. Es verdad que la crisis nos está matando minuto a minuto, pero tenemos fuerzas para luchar y aguantaremos hasta que Dios diga".
A pesar de la entereza manifestada por estos comerciantes detallistas, no son pocos los que ya han debido ya cerrar sus cortinas y partir en busca de mejores oportunidades en otros sectores o, simplemente, cambiar de giro y dedicarse a distintos oficios.
Los que todavía siguen al pie del mostrador, han debido bajar los precios de los productos hasta mínimos increíbles, como una manera de atraer a la clientela y salvar aunque sea los costos.
El pez grande se come al chico
Pero, como si la crisis económica que ya ha tocado las puertas de este barrio comercial no fuera suficiente, para destruir los sueños de años, ahora se debe sumar otra situación, con la que deben lidiar los comerciantes: la crisis económica ha desatado una terrible y desigual competencia de las grandes tiendas del retail, que también ven disminuir sus ventas y tratan de ahogar a los más pequeños.
Eso, unido a las tarjetas de crédito, que las grandes tiendas reparten por doquier, pero que son un espejismo para los consumidores, por los intereses leoninos y las formas despiadadas de cobranza sobre los clientes:, tal como lo explica la dirigente del comercio detallista de Franklin: "Creo que hoy, nada más podemos hacer contra la crisis, tenemos, para agravar las cosas, a las grandes cadenas de retail, que mantienen a la gente encalillada y obligada a pagar intereses sobre intereses, con las famosas tarjetas de crédito que, ojo; se han transformado en verdaderas practicas de esclavitud para las personas, obligándolos a comprar en estas tiendas y manteniéndolas endeudadas prácticamente por toda la vida, ya que, al pagar el mínimo, la deuda no baja".
Myriam Torres compara estas tarjetas de crédito con las famosas fichas de las antiguas pulperías, que se daban en las oficinas salitreras del Norte Grande, en el siglo pasado. Es el mismo sistema que denunció y combatió Luis Emilio Recabarren y que ahora vuelve con otras características formales, pero manteniendo el fondo de explotación de los seres humanos.
A juicio de Myriam Torres, la historia se repite y los pulpos del ayer, como les llamaban los trabajadores nortinos, vuelven hoy, estableciendo una nueva forma de esclavitud, propia del sistema capitalista imperante entre nosotros.
Pero a pesar de todo, los pequeños comerciantes del histórico barrio de Franklin, se quedan, para seguir dando la gran batalla, en defensa de los intereses y la supervivencia de sus familias.
Nos aseguraron que, durante los próximos meses estivales, de enero y febrero, volverán con numerosas y mejores ofertas. Como comerciantes que son y con su experiencia, que los hace expertos en el ramo, llamaron a los lectores de “El Siglo” a que no se endeuden en las nuevas pulperías del país: “Sobre todo hay tener cuidado con la empresa del retail norteamericana Wal-Mart que llegará en los próximos meses al país, porque ese si que es un pulpo gigante y peligroso.”











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