Aunque se vista de seda...
Opinión — 20 de junio, 2010Y dice el pueblo que “la mona, aunque se vista de seda, mona se queda”, lo que le viene como anillo al dedo a la derecha chilena y su gobierno, el de Pîñera, que no logra perfilarse como un régimen de centro, o al menos de “centro derecha” como es el deseo de sus ideólogos. Por más que lo intenten, a cada instante surgen espontáneas las pruebas de que no es más que un gobierno de ultratumbas, un gobierno de la derecha de siempre. Desde luego y en primer término, porque las bulliciosas promesas “progresistas” del 21 de mayo se han diluido a poco andar.
Es verdad que determinados personeros buscan desesperadamente vestirse con ropajes liberales, “republicanos” les llaman, mientras otros creen que para alejarse de su pasado fascista el camino es el populismo más burdo, como el de la carpita en Dichato. Otros insisten en sus guiños de ojo a la Concertación y ahí tenemos en La Moneda, reunidos por invitación del hombre del proceso del Banco de Talca, a 3 defensores del sistema político y económico: Piñera, Aylwin y Lagos.
Pero todo es inútil. Ayer fue el episodio Izurieta, luego Miguel Otero, hombre de toda la confianza de Piñera, que no pudo más con su contenida declaración de amor a Pinochet y al pinochetismo. Vino luego la aplastante victoria de Carlos Larraín en las internas de Renovación Nacional, asegurando así la conducción más cavernaria imaginable del partido del presidente de la república. Esta semana fueron de nuevo los carabineros en la calle, apaleando y deteniendo estudiantes.
Pero sin duda la nota alta la puso el hermano del presidente. Esta vez no fue el “Negro”, sino el artífice de la fatídica política laboral y previsional de la dictadura, don José Piñera, que en la semana hizo noticia cuando sostuvo que fue el presidente Salvador Allende el culpable del quiebre constitucional de 1973. “Quien desde el poder viola la Constitución es quien le da un golpe al sistema democrático y deviene en tirano”, dijo el funcionario del dictador para luego comparar a Allende con Hitler.
Entre las “pruebas” de su diatriba se refiere al Congreso del Partido Socialista celebrado en Chillán en 1967 y en que esa organización proclamó la posibilidad de una vía insurreccional. Piñera es, además, ignorante. Estuve en la plenaria de ese Congreso, integrado como dirigente regional a la delegación del Partido Comunista y estuve sentado junto al que entonces era nuestro subsecretario, compañero Oscar Astudillo, y fui testigo y lo sabe cualquier chileno informado, que ésa no fue la posición de Allende en dicho Congreso. Pero eso no le importa a José Pîñera. Le es más fácil a la derecha, como siempre, usar la mentira. Su ofensa le ha ganado el masivo repudio local e internacional. Pero lo importante es tener en cuenta que así es como la derecha va mostrando su rostro verdadero.
Un reportaje acerca del secuestro del coronel Carreño en tiempos de la dictadura va completando el panorama noticioso semanal, sin hablar por cierto del estrecho triunfo de la roja y del fallecimiento de nuestra querida amiga del exilio en La Habana, la inolvidable Mirella Latorre, hija de don Mariano, esposa de Augusto Olivares, periodista y actriz que es parte de lo mejor de la historia cultural del país.
Lo del reportaje al coronel Carreño es grave en tanto arroja luces sobre ese oscuro episodio atribuido al FPMR y en el que, cualesquiera sea la verdad final, queda clara la mano criminal de la dictadura en el episodio. En su afán de ocultar el contrabando de armas que enriquecía al tirano y a sus hombres, éstos no dudaron en asesinar al menos a tres oficiales de ejército, es decir a sus propios compañeros de armas. Lo afirman ellos mismos. Era la naturaleza del régimen que añoran los personajes de la derecha que estos días han alzado sus voces. Como la mona se quedan.












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