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Asamblea de la OEA: Clamor por regreso de Cuba

Internacional — 12 de agosto, 2009

El martes pasado comenzó el 39 Periodo Ordinario de Sesiones de la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA) en San Pedro Sula, Honduras. Su secretario general, José Miguel Insulza, señaló el pasado 17 de abril, durante la V Cumbre de las Américas:

“En ese ámbito se debe diacutir la derogación de la decisión tomada en 1962 de suspender la pertenencia de Cuba a la institución, una resolución obsoleta, que debería eliminarse, porque es un residuo de la Guerra Fría.”

También en Puerto España el presidente de Estados Unidos, Barack Obama señaló: "No podemos ser prisioneros de desacuerdos del pasado. Yo no vine a discutir sobre el pasado, sino para pensar en el futuro, como vecinos tenemos la responsabilidad de confiar entre nosotros".

Posteriormente la secretaria de Estado, Hillary Clinton, declaró durante la 39 Conferencia en Washington del Consejo de las Américas, el 13 de mayo pasado:

"Como el presidente Obama dejó bien sentado, aguardamos el día en que todos los países de las Américas, inclusive Cuba, puedan participar en nuestras alianzas hemisféricas de manera compatible con los principios de la Carta Democrática Interamericana".

¿Sería posible para los pueblos latinoamericanos y caribeños olviden más de 200 años de agresiones de su vecino del Norte? ¿Qué ha cambiado en el sistema político de Estados Unidos para confiar en su "nueva" voluntad, en su "Sistema Interamericano" y en sus alianzas hemisféricas? ¿Por qué Cuba no está interesada en ingresar a la OEA?

UNA HISTORIA IMPERIAL DE CRÍMENES Y COMPLICIDAD

El "sistema interamericano" y las "alianzas hemisféricas" se sustentan en las concepciones estratégicas y doctrinales de dominación diseñadas por Estados Unidos desde los primeros años de la nación. Ya en1788, Alexander Hamilton, se refirió a la "creación de un Gran Sistema Americano, superior a todas las fuerzas", que inspiró a la formulación de la Doctrina Monroe (1823) bajo la frase "América para los americanos".

Hacia fines de la primera mitad del siglo XX, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos estructuró un "sistema interamericano", con la fundación en 1942 de la Junta Interamericana de Defensa (JID), la suscripción en 1947 del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) y con la creación en 1948 de la OEA.

Se trata de un entramado de instrumentos políticos, económicos, jurídicos, ideológicos y militares de carácter hegemónico continental, basado en la "contención del comunismo" y caracterizada por una postura militarista global, que priorizaría la creación de un "sistema de alianzas" militares alrededor del mundo.

Luego de cuatro décadas, con la caída del campo socialista, los conductores de la política estadounidense denunciaron las "nuevas amenazas" a su seguridad nacional. Una vez creadas las condiciones hemisféricas y como parte de su proyección hegemónica para el Tercer Milenio, el presidente Bush durante la III Cumbre de las Américas en Québec, Canadá (abril, 2001) y la 31 Asamblea General de la OEA en San José, Costa Rica (junio 2001), solicitó que se preparara una Carta Democrática Interamericana, adoptada por la OEA el 11 de septiembre del propio año. La presentaron en una reunión extraordinaria en Lima, Perú, donde la. República Bolivariana de Venezuela intentó, infructuosamente, añadir al documento el concepto de "democracia participativa". Posteriormente, en su 32 Asamblea General en Bridgetown, Barbados, en el 2002, y en la Conferencia Especial sobre Seguridad (México, 2003) la OEA adoptó la Declaración sobre seguridad en las Américas, que legitimó la Carta Democrática Interamericana.

Sin embargo, ningún documento condenó la conducta unilateral de Estados Unidos, que amenazaba con el uso preventivo de la fuerza y su desprecio por los principios del Derecho Internacional, puestas de manifiesto en ese periodo en las invasiones a Afganistán (2001) e Irac (2003).

La región ya había experimentado en la segunda mitad del siglo XX agresiones armadas norteamericanas, en Guatemala (1954), República Dominicana (1965), Granada (1983), Panamá (1989) y Haití (1994). También, Estado Unidos es cómplice de de un millón de latinoamericanos y caribeños muertos y desaparecidos a causa de la represión de las dictaduras militares, representantes de los intereses oligárquico-imperialistas.

COMPLOT ANTICUBANO En agosto de 1959 Estados Unidos, durante la Reunión de Consultas de los Ministros de Relaciones Exteriores en Santiago de Chile, intentó atacar a Cuba. Un año después, en agosto de 1960, en San José, Costa Rica, el secretario de Estado norteamericano, Christian Herter, atacó a Cuba "por aceptar la ayuda que le había ofrecido la URSS".

Paralelamente, el presidente Dwight Eisenhower (1953-1961), a través de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), organizaba una invasión al territorio cubano para establecer un gobierno provisional, que solicitaría "oficialmente" ayuda a Estados Unidos y a la OEA. El 19 de octubre de 1960, anunció "el embargo parcial" de las exportaciones estadounidenses a Cuba y el 3 de enero de 1961 rompió las relaciones diplomáticas y consulares con Cuba.

El presidente John F. Kennedy (1961-1963) aprobó la invasión mercenaria por Playa Girón el 17 de abril de 1961 y en solo 72 horas recibieron su primera gran derrota en América.

Estados Unidos desató después una feroz ofensiva en el campo diplomático para aislar a Cuba. Durante la VIII Reunión de Consultas de los Ministros de Relaciones Exteriores en Punta del Este, Uruguay, en enero de 1962, presionaron a los países miembros de la OEA para aplicar sanciones contra Cuba y, finalmente aprobaron la Resolución VI titulada Exclusión del actual Gobierno de Cuba de su participación en el sistema interamericano que definía "que la adhesión de cualquier miembro de la Organización de los Estados Americanos al marxismo-leninismo es incompatible con el Sistema Interamericano y el alineamiento de tal gobierno con el bloque comunista quebranta la unidad y solidaridad del hemisferio”.

FRACASOS DEL AISLAMIENTO

Han pasado 47 años de la exclusión de Cuba del "sistema interamericano". Para Cuba, la posibilidad de ingresar nuevamente a la OEA sería borrar una historia imperial de crímenes teniendo en cuenta que esa organización ha sido cómplice del genocida bloqueo, del intento de aislamiento y de los actos terroristas del gobierno de Estados Unidos contra la Isla, que han provocado 3 478 muertos y 2 099 incapacitados.

El escenario actual es bien diferente. El amo y su instrumento se quedaron solos. Cuba ha roto el aislamiento impuesto por la OEA y su mentor. Tiene relaciones diplomáticas con 186 Estados. Preside desde el 2006 el Movimiento de Países No Alineados. Es miembro de 83 mecanismos y organizaciones internacionales y existe rechazo universal al bloqueo yanki, con 185 votos en la ONU a favor de su eliminación.

Quizás, ahora, en la 39 Asamblea General en Honduras sea eliminada la resolución VI de 1962 como un acto de reivindicación a los pueblos latinoamericanos y caribeños.

Esta es la segunda oportunidad que tiene la nueva administración estadounidense para rectificar su política hacia la región y en particular hacia Cuba. No se trata de analizar si debe o no ingresar a la OEA, sino de reparar una injusticia histórica.

Recientemente los líderes de la Revolución cubana, han ratificado que "jamás ingresaremos a la OEA y respetamos los criterios de los gobiernos de los hermanos países de América Latina y el Caribe que piensen de otra forma, pero no deseamos formar parte de esa institución".