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¿Adónde va la “centro izquierda”?

Opinión — 4 de julio, 2010

La reciente adhesión del Partido Socialista y del Partido por la Democracia a la resolución de la llamada Internacional “Socialista”, de condena al gobierno venezolano del presidente Hugo Chávez, inimaginable en épocas recientes, muestra hasta dónde llega la derechización de entidades políticas que, en uno de los casos, en su momento se proclamaron marxistas, revolucionarias, luchadoras por el socialismo, y, en otro caso al menos se proclamaron “progresistas”.

En la reunión de Nueva York, la agrupación socialdemócrata calificó al régimen bolivariano de “dictadura moderna” que “criminaliza la disidencia y atenta contra los derechos humanos”. Esto y otras instrucciones que la Casa Blanca impone, fue lo que aprobaron Fulvio Rossi y Sergio Bitar. Flor de izquierdistas a los que no les molestó que la propuesta la liderara el mismísimo primer ministro griego, George Papandreou, el “socialista” que, en nombre del Fondo Monetario Internacional y la oligarquía griega ha asestado los más duros golpes en contra del pueblo trabajador. Por supuesto que allí no hubo una sola condena al gobierno “socialista” del PSOE en España que, encabezado por Rodríguez Zapatero, lleva adelante una reforma laboral que atenta contra las pensiones de los jubilados, que restringe los derechos de los trabajadores, que reduce las indemnizaciones, que abarata los despidos; en fin, la receta del FMI y del imperio. En nuestro país, un verdadero festín para la prensa derechista y los partidos que sustentan a Piñera.

24 horas más tarde -y naturalmente en El Mercurio- Bitar reafirmó los ataques al proceso venezolano y las emprendió contra todo sistema que aspire al cambio del modelo. Mal que mal, la Concertación abrió sus puertas a la oposición ultra reaccionaria de Venezuela, y no olvidemos que cuando Ricardo Lagos fue presidente apoyó el golpe derechista contra el presidente Chávez.

Hasta el minuto en que escribo, los dichos de los próceres de la así llamada “centro izquierda” no han sido rebatidos en el PPD. En el caso del PS, sólo han sido cuestionados por el diputado Fidel Espinoza, el senador Alejandro Navarro y el miembro del Comité Central Roberto Araya. Este último denuncia que “no puede impunemente el compañero Rossi agredir de esa forma a un gobierno elegido democráticamente por su pueblo y, más aún, confirmado de manera tajante a través de un referéndum revocatorio”. Agrega que hechos como éstos agrandan la distancia entre la militancia y la dirigencia del PS y que pareciera que Rossi “se sintiera más cómodo navegando entre las aguas de la Constitución de Augusto Pinochet que valorando la incorporación popular a un proceso como el venezolano”. Lo ocurrido, dice, significa “la traición y renuncia lisa y llana” a los valores y principios inspiradores del propio partido de Salvador Allende.

Así las cosas, parece pertinente recordar que, a propósito de la muerte de Saramago la escritora Isabel Allende, quien dice no haberlo conocido, agrega que por sus libros “será recordado como un idealista a la antigua, soñador, irónico, atrevido, furioso con la globalización y otros vicios de un mundo que le chocaba”.

¿Será que los políticos modernos o postmodernos consideran ser “idealistas a la antigua” a los que aspiran a cambiar este mundo vicioso por un mundo mejor? ¿Será, entonces, que a la sedicente “centro izquierda” le resulta más moderno, más cómodo, dejarse de rodeos y enrolarse abiertamente en las filas del viejo capitalismo?

La crisis mundial es grave, el actual sistema político y económico dominante en el planeta es perverso y pernicioso y se torna incompatible ya no sólo con el bienestar sino con la supervivencia misma de la humanidad. Somos parte de ese sistema cruel contra el que hay que luchar y que fuerzas como la revolución bolivariana intentan erradicar. Es hora de la amplia unidad de todos quienes tienen conciencia de la gravedad del momento histórico que se vive y, precisamente por eso, hay que tomar debida nota de si para crear la alternativa están todos los que son y si son todos los que están.