La televisión no ha recogido el alto nivel de desconfianza en las instituciones y autoridades, copian y repiten al pie de la letra todo lo que viene del oficialismo como verdades absolutas.

José Luis Córdova. Periodista. 18/05/2020. “No veo televisión, la vigilo”, comentó alguien con gran espíritu crítico en estos tiempos de pandemia donde nos hartamos de mentiras oficiales, manipulaciones, desinformación, sensacionalismo y noticias falsas. Mero populismo.

La televisión no ha recogido -como no lo hizo con el descontento nacional antes del 18 de octubre pasado- el alto nivel de desconfianza en las instituciones y autoridades, copian y repiten al pie de la letra todo lo que viene del oficialismo como verdades absolutas. ¡Cómo se repartirán los dos millones y medio de canastas familiares que prometió Piñera? Los alcaldes no tienen ni idea hasta ahora.

El lunes 18 de mayo al mediodía, indignados y angustiados vecinos y vecinas de la comuna de El Bosque respondieron a la cadena nacional del presidente Piñera, exigiendo respuestas urgentes, terminar con la mentiras y promesas ante la hambruna que acecha a las comunas en cuarentena con hombres y mujeres impedidas de conseguir el sustento para sus familias con su fuerza de trabajo.

Así las cosas, personajes como la presidenta del Colegio Médico, Izkia Sichel, o el alcalde de Recoleta Daniel Jadue, no son bienvenidos ante las cámaras, ni siquiera en los matinales donde dan tribuna a Pedro, Juan y Diego con tal de seguir el discurso del status quo.

En los últimos días, la pauta de los Departamentos de Prensa de los canales se está orientando hacia los temas de la delincuencia, el hampa, el narcotráfico, los portonazos, encerronas y otros hechos de habitual ocurrencia en las principales ciudades del país, como si fueran algo novedoso. El tema de fondo: el modelo socio.económico y cultural y la institucionalidad basada en la Constitución pinochetista no se toca,

La subsecretaria de prevención del delito, Katherine Martorell, ha asumido mayor protagonismo que la Ministra y vocera, Karla Rubilar, mientras la gran teleaudiencia de que hasta hace pocas semanas gozaban los matinales, hoy día se ha trasladado al horario de la tarde, entre las 15.30 y las 20 horas. Horas de cuarentena para más de 8 millones de habitantes de nuestro país

En ese horario campean los espacios “Aquí somos todos” de Canal 13 con la empática periodista Ángeles Araya, convertida en una suerte de Don Francisco 2.0 y el programa “Hola Chile” de La Red, con Julia Vial y Eduardo de la Iglesia, que se trasladó inteligentemente de la mañana a la tarde con mejores resultados.

Los matinales son la verdadera línea editorial de los canales, es decir, coinciden en sus objetivos, métodos y en formar tendencias. Por lo mismo, dan importante tribuna a dirigentes políticos como el alcalde Joaquín Lavín y el ex ministro concertacionista Francisco Vidal. Aunque a veces parecieran adversarios genuinamente enfrentados, pero les une el neoliberalismo y el subyacente modelo binominal de su real representación política.

Los animadores de matinales quedan descolocados. Soledad Onetto al borde de las lágrimas al enterarse que los “coleros” no pueden llevar ni pan a sus casas y el “notero” de turno desconocía que los pobres no pagan luz, agua ni gas desde hace meses -si es que no están “colgados”.

Si el colega Amaro Gómez Pablos va a Bajos de Mena no es para buscar soluciones, ni siquiera para compadecerse de la angustiosa situación, sino simplemente para mostrar esta trágica realidad, como quien ni siquiera supiera que existía algo así. Sin mover un músculo no tener un gesto empático hacia los denominados “vulnerables”.

La televisión no está ayudando a enfrentar la pandemia. No basta con la voz de médicos, especialistas y expertos bien intencionados; la insistente publicidad de grandes laboratorios, de clínicas, supermercados, cadenas de farmacias inundan las pantallas con mensajes inequívocos que tenemos que lavarnos las manos, usar mascarillas y mantener la distancia social. ¿Y si algún televidente no tiene qué comer? El populismo comunicacional también alcanza a la publicidad y los noticiarios.