No es que sea un tema de principios ser oposición, el tema de principios es lo que se rechaza o lo que se apoya.

Juan Gajardo

Miembro de la Comisión Política del Partido Comunista

Santiago. 17/05/2020. La crisis sanitaria ha escalado sin que las autoridades responsables tengan la capacidad, porque pensemos que sí tienen la voluntad, de contener mínimamente la pandemia. La Región Metropolitana, que concentra casi el 50%  de la población del país, es la más afectada, informándose que a estas alturas tiene copada más del 90% de su capacidad para atender pacientes en estado crítico, a la vez que la tasa de letalidad del Covid-19  aumenta. Ante esta situación los personeros del Poder Ejecutivo persisten en su desacertado intento de emplear esta crisis como instrumento de validación de su actuación política, lo cual es replicado desde políticos del oficialismo con llamados a la unidad nacional.

Lo intrincado, pero no insólito, es la coincidencia de dirigentes de sectores de oposición en este llamado. Y no es que sea un tema de principios ser oposición, el tema de principios es lo que se rechaza o lo que se apoya. En este caso específico, pronunciarse sobre  los criterios en base a los cuales se definen políticas para enfrentar la actual crisis sanitaria con sus efectos sociales y económicos, para nosotros es el principio es que se favorezca a los sectores mayoritarios de la población afectados por ella. Y esa disposición no está en estos transitorios inquilinos de La Moneda. La soberbia del gobierno se expresó una vez más en el veto del Ejecutivo a una propuesta del conjunto de la oposición parlamentaria de incrementar en un monto menor el llamado subsidio familiar básico. El gobierno perseveró en su propuesta primitiva, no importándole dejar a la intemperie a su relacionador, señor Chain, que pretendía una peregrinación del conjunto de la oposición para entrevistarse con el señor Piñera con este motivo. Tiempos de crisis también sirven para definir caminos y conductas. La ambivalencia de algunos “opositores” desorienta, como también conductas corporativas, como las del Colegio Médico, que rechaza el incremento de profesionales en el área, cuando la población está requiriendo de ellos.

Toda la evidencia apunta a que la actual situación se prolongará. Las estrategias gubernamentales para enfrentar la situación se han mostrado claramente ineficientes. El buscar radicar la responsabilidad sólo en las personas por el incremento de contagios es eludir el reconocimiento a su incapacidad. Persistir en el manejo de la crisis a través de efectos mediáticos comunicacionales es un error que ha llevado a la gente a asumir conductas inadecuadas. Fue desde el gobierno que se habló de la nueva normalidad y se impulsaron medidas desde ese triunfalismo idiota. Pero al parecer se persiste y es así como hoy vemos a la mayoría de los medios de comunicación uniendo a la truculencia un conjunto de ranking en el cual comparan muertos, contagiados, poblaciones, países, sin validez estadística mayor, en la pretensión de mostrar que “tan mal no estamos”. Y lo cierto es que es creciente la cantidad de compatriotas que cada día están peor. La crisis sanitaria está significando para miles de familias una crisis alimentaria. Simplemente carecen de recursos para alimentarse. Hacia este sector, es necesario desde el pueblo mismo organizar la solidaridad, no el asistencialismo; sí el desarrollo de las capacidades populares para enfrentar la actual crisis.

La solidaridad es en sí un valor contrario al individualismo imperante que es promovido por la cultura neoliberal predominante. Hay personas que han hecho de este valor una razón que sustenta su actuación pública. Es el caso del diputado Hugo Gutiérrez, quien desde su quehacer como abogado siempre ha mostrado disposición a servir en la defensa de las causas populares. Hoy es acusado por parlamentarios de gobierno ante el desprestigiado pero aún operante Tribunal Constitucional, por difundir un dibujo de un niño a través de una red social. Piden su desafuero. Gutiérrez no ha financiado sus campañas con ilegales recursos de empresarios. No ha defendido jamás a violadores de DDHH. Los reaccionarios le odian por eso, porque le saben un enemigo implacable en la denuncia de la corrupción y los corruptos. Les molesta en la Cámara y desconsiderando el voto de los electores de Tarapacá buscan a través de siniestras argucias despojar a los sectores populares de un parlamentario. La solidaridad nacional ahora con Hugo Gutiérrez es un deber moral y también una necesidad política. La derecha antidemocrática debe tomar nota que ya nunca más actuará con impunidad.