Coordinaciones en el Parlamento, capacidad de construcción de proyectos-país, una agenda para la pandemia, acercar acuerdos electorales, recomponer confianzas, son algunos puntos que se señalan.

Hugo Guzmán. Periodista.  15/05/2020. Nadie, en teoría, podría culpar a la pandemia de la Covid-19 del complejo estado de la oposición. No porque no haya hecho propuestas y entregado posicionamientos sobre políticas públicas ante la crisis sanitaria, porque lo hizo en diversos documentos, debates e iniciativas legislativas.

Más bien, el panorama enrarecido obedece a descoordinaciones, desconfianzas, divisiones, pugnas, peleas infantiles y vocerías que van de lo altanero hasta lo trivial, y que inundan el espacio de la comunidad opositora.

Palabras de buena crianza -que hay pocas-, retórica o intentos de decir que los problemas son inventos de los adversarios o de los periodistas, no terminan de convencer.

Quizá como nunca está presente lo que apuntó el ex ministro Francisco Vidal, de que en Chile hay varias oposiciones. Van transparentándose los lineamientos socialdemócratas, socialcristianos, progresistas, liberales y de izquierda, en una arquitectura que no se explica tan fácilmente porque, por ejemplo, varias de esas corrientes conviven dentro del Frente Amplio.

Una expresión de eso es que el Partido Socialista (PS), el Partido por la Democracia (PPD) y el Partido Radical (PR) conformaron la alianza Convergencia Progresista; el Partido Comunista (PC), el Frente Regionalista Verde Social (FRVS) y el Partido Progresista (PRO) se reúnen en el pacto Unidad para el Cambio, que ahora llegó a coincidencias con el Partido Igualdad, Partido Humanista e Izquierda Libertaria (que abandonaron el Frente Amplio); la Democracia Cristiana está sola, en lo que definió como “el camino propio” ; y el Frente Amplio con varias organizaciones en su interior.

Para efectos de las divisiones, hay que considerar a un grupo de diputados de oposición que figuran como “independientes” y que en casi todas las votaciones en el Parlamento apoyan los proyectos del gobierno y adscriben a posturas de la derecha.

También hay un factor de la subjetividad, porque en ocasiones actitudes y vocerías de miembros de la oposición responden más a intereses personales o mediáticos, que a posturas ideológicas o políticas.

Todo eso podría bastar para considerar que las cosas no son fáciles. Pero se suman episodios, como el que se caracterizó de “deslealtades” y “quiebre de confianzas”, cuando legisladores del Frente Amplio, del PPD, el PR, la DC e “independientes” -hasta donde se sabe por reportajes periodísticos y declaraciones de parlamentarios y dirigentes políticos- no votaron, como estaba acordado, por los candidatos de la oposición (Gabriel Silber y Karol Cariola) a los cargos de presidente y vicepresidencia de la Cámara de Diputados. El bochorno fue mayor si se considera que el arco opositor es mayoritario en la Cámara Baja y que en estos meses se vive una ofensiva de la administración piñerista y de la derecha para llevar adelante proyectos restrictivos de derechos como se denunció, y que significa priorizar una agenda economicista por encima de una agenda sanitaria. Por supuesto, no es la primera vez que se rompen acuerdos dentro de la oposición.

Otra área es la “política dura”, donde se constatan ofensivas, desprecios y maniobras, que van desde caricaturizar (“Los Locos Adams” y otros apelativos que corren en pasillos) al adversario, hasta definiciones como anunciar la no disponibilidad para acuerdos electorales.

Otra, quizá la más relevante, es la programática y de construcción de alternativa-país, donde las fuerzas socialdemócratas, socialcristianas, progresistas, liberales y de izquierda podrían hacer un camino de convergencia en cuanto a elementos centrales, como nueva Constitución, nuevo modelo de desarrollo, fortalecimiento de la salud pública, avanzar en gratuidad en la educación, descentralización, defensa de los derechos humanos, financiamiento de la ciencia y la investigación, real apoyo a las Pymes, presupuestos y respaldo a política de defensa y protección de la infancia y los adultos mayores, reforzar las iniciativas de derechos de las mujeres, y una agenda robusta frente a la pandemia.

Pero la verdad es que, considerado los idearios que se cruzan en la oposición, más intereses (empresariales, financieros, corporativos) que está comprobado se defienden más allá de proyectos progresistas, se constata que algunos no están disponibles para avanzar en  transformaciones (algo que se vio durante el gobierno de la Nueva Mayoría dentro del propio conglomerado). Eso es un hecho de la causa. Indesmentible si se miran las votaciones en el Congreso y las posturas en debates en distintos espacios.

A eso se suma, legítimo seguramente, las aspiraciones (si no ambiciones) electorales, llevado al punto de desechar acciones generosas y realistas para conseguir acuerdos que permitan tener mayoría progresista y transformadora en alcaldías, concejalías y futuras gobernaciones. Priorizar por intereses particulares y de parcelas, como lo advirtieron varios personeros, puede significar una derrota colectiva y de toda la comunidad opositora.

Todo esto, y más, a final de cuentas tiene que ver con una oposición desafiada. Que, como lo dijeron algunos presidentes de partidos, requiere de mucho esfuerzo, inteligencia, valoración de los acuerdos y recuperación de las confianzas.

Consolidar coordinaciones en el Parlamento, tener capacidad de construcción de proyectos-país, unirse en torno de una agenda para la pandemia, acercar lo más posible acuerdos electorales para las municipales y gubernaturas, contener vocerías confrontacionales, defender derechos sociales cruciales, recomponer confianzas en base a hechos, mejorar el diálogo, son algunos puntos que se señalan desde varias colectividades.

Hay que sumar a ello lo que muchos plantean de vincular la batalla opositora de los partidos, a las luchas de organizaciones sindicales, sociales, de derechos humanos, estudiantiles, profesionales, ciudadanas, de mujeres, en lo que debería ser una amalgama crucial en este periodo.

Un momento encontrado como positivo por algunos personeros fue la defensa de una postura común exigiendo al gobierno y a la derecha elevar el monto del Ingreso Familiar de Emergencia y en otros proyectos de políticas sociales y rechazo a medidas restrictivas de derechos sociales.

Pero, como lo indicaron muchas y muchos voceros, es un camino por recorrer y el agua no termina de pasar bajo el puente para una oposición o las oposiciones que, por cierto, en un año tendrán que definir las candidaturas a la Presidencia de la República.