Son momentos difíciles para ser mujer, mujer trabajadora que enfrenta la necesidad de llevar el pan a la mesa en contextos de empleos que desaparecen y zonas mandatadas al confinamiento.

Karol Cariola

Diputada

2020. Sin duda que la realidad del Covid-19 nos ha golpeados a todos y todas, estamos frente a una pandemia que ha puesto de cabeza a los gobiernos en el mundo, con no pocos descalabros como el que hemos visto en EE.UU con Donald Trump y en Brasil con Jair Bolsonaro.

Sin embargo, pese a la tentación de pensar que “el virus no discrimina y que por tanto afectará a todos por igual”, como bien señaló Judith Butler, la humanidad y su realidad permanente se encargará que esta discriminación ocurra. El virus devela -para quienes no lo habían visto- o acentúa aspectos de nuestra vidas, asimetrías y desigualdades que ya estaban presentes en los marcos del capitalismo global y neoliberal -no menos pandémico que el virus- de las últimas décadas(1).

Hoy, en este contexto, nos toca a las mujeres chilenas enfrentar las condiciones de la pandemia. En el marco de la crisis del orden neoliberal, en que dicho modelo no puede dejar de mostrar sus contradicciones(2) como golpear a las mujeres con menores salarios, con más horas dedicadas al trabajo no remunerado, a los cuidados y otras labores domésticas, pero ahora en un contexto de crisis, de pérdida de fuentes laborales y, muchas veces, cuando se decretan las cuarentenas, en condiciones de encierro y hacinamiento que han traído como consecuencia que “los llamados al 1455 que es el número de orientación que tiene el Ministerio de la Mujer y Equidad de Género registraron un aumento desde que se inició la cuarentena”(3) o incluso en algunos lugares específicos, aumentos de hasta un 500% como denunció la alcaldesa de una comuna metropolitana(4).

Pero además existe otro fenómeno que aún no está lo suficientemente decantado en el marco de la pandemia, pero del cual tenemos antecedentes: el impacto que ésta tendrá en el pago de las pensiones alimenticias.

Según datos del 2015, “60% de demandados por pensión alimenticia no paga este derecho de sus hijos e hijas, estando la tuición de ellos y ellas principalmente en manos de sus madres”(5) -soy autora de un proyecto de ley que busca poner fin a esta conducta, ya que constituye una violencia de género en el plano económico y una vulneración del derecho de los niños, niñas y adolescentes- tan solo “el año 2018 la Corporación de Asistencia Judicial recibió 37 mil causas de este tipo que luego pasaron a los tribunales”(6) por lo que es de esperar que con el alto número de “contratos suspendidos o derechamente terminados” por lo que es de esperar que con el alto número de “contratos suspendidos o derechamente terminados” por parte de los dueños del capital del mercado laboral (empleadores), el aumento de la cesantía y la suspensión de pagos de salarios, las pensiones de alimentos impagas aumentarán.

Éste es un tema que hemos conversado y debatido mucho entre compañeras, colegas y amigas, ya que el contexto de la pandemia y el confinamiento en los hogares ha afectado las condiciones de vida de nuestro pueblo. El hacinamiento, la incertidumbre, el temor, entre otras cosas, han generado altos grados de estrés en las familias chilenas, en especial en las mujeres de la clase trabajadora. Ya que el escenario se ha transformado en un caldo de cultivo para la expresión de diversas formas de violencia de género: en algunos casos, de mujeres que tienen pareja o que han tenido que convivir con su agresor en un mismo hogar, viviendo el encierro infernal y en riesgo de que un agresor de mujeres haga algo por creerse dueño de nuestros cuerpos y nuestras vidas. Sin embargo, no es necesario tener pareja para ser víctimas del patriarcado, pues hay mujeres sin pareja que también se enfrentan habitualmente a diversas formas de violencia y que, durante esta crisis sanitaria y económica, se han visto agudizadas.

Un ejemplo concreto son aquellas que tienen a su cuidado hijos e hijas con pensiones alimenticias impagas y/o adultos mayores empobrecidos por sus bajas pensiones de vejez. Resulta evidente y además comprensible que si un padre trabajador ha perdido el empleo en medio de esta crisis global, sus condiciones materiales se verán afectadas, pero ello no trae consigo el hecho de que por una razón “mágica” las madres sí puedan resolver el aporte que los padres dejarán de hacer. Es por esto -entre otras cosas- que el sistema capitalista queda al desnudo, demostrando la incapacidad de poner en el centro el derecho a la vida y el bienestar de los seres humanos. Salvar la economía y hacer “salvataje” a las grandes empresas ha sido la estrategia adoptada del gobierno de derecha encabezado por Sebastián Piñera. Por lo que proteger la vida de las mujeres y sus hijos e hijas claramente no ha sido una prioridad, tanto así que el Ministerio de la Mujer y Equidad de Género lleva gran parte de esta pandemia sin ministra titular. Hemos hecho un llamado a las autoridades nacionales, por medio de las organizaciones y diputadas feministas, a tomar todas las medidas necesarias para entregarles seguridad y protección a las mujeres que habitan el territorio nacional. Queda claro que el COVID-19 no es el único virus que nos acecha: el capitalismo y el patriarcado son pandemias que también ponen en riesgo nuestras vidas.

Ciertamente son momentos difíciles para ser mujer, mujer trabajadora que se enfrenta a la necesidad de llevar el pan a la mesa en contextos de empleos que desaparecen y de zonas mandatadas al confinamiento, de violencias que se viven tanto puertas adentro como puertas afuera, pero es de esperar -como señala la vieja filosofía oriental- que tras estos males vengan también buenas nuevas. En mi caso y a mi parecer, la mayor buena noticia que podemos recibir las mujeres y la humanidad en su conjunto es que, después de esta pandemia, el viejo orden neoliberal del “sálvese quien pueda” y del individualismo elevado a la máxima potencia, sea abandonado por la construcción de una nueva sociedad, colectiva y humana, en donde las mujeres nos liberemos de los yugos que hasta el día de hoy nos pesan, y escribamos por fin la historia de una nueva condición humana y de un nuevo despliegue de la vida en el mundo.

 

1 Para el caso chileno, el modelo neoliberal lleva más de cuarenta años construyendo un paisaje que recientemente ha estallado. Como es bien sabido, en Chile, nuestra actualidad pandémica fue antecedida por un inédito estallido social, que palabras más, palabras menos, enfrentó de manera directa a una cantidad importante de nuestra población con el gobierno, la institucionalidad, las élites y el orden neoliberal.

2 Sin ir más lejos, mientras escribo este artículo nos enteramos que el Ministro de Educación ha justificado la necesidad de que los niños y niñas vuelvan a clases en el hecho de que “no corren mayor riesgo en términos vitales” desconociendo uno de los aspectos más notorios de nuestras sociedades: los cuidados de los niños y niñas están a cargo principalmente en manos de mujeres y en las franjas populares de Chile, son precisamente las abuelas (población de riesgo) las que cuidan en mayor medida de sus nietos y nietas, mientras los padres y madres concurren al trabajo para traer el sustento al hogar.

3 Vease al respecto la exposición de la Ministra (s) de la Mujer y Equidad de Género ante el Senado: https://www. senado.cl/violencia-intrafamiliar-en-tiempos-de-cuarentena-comision-de-la-mujer/senado/2020-04-09/140406. html

4 Vease al respecto: https://www.biobiochile.cl/noticias/nacional/region-metropolitana/2020/04/14/reportan-aumento-de-500-en-denuncias-por-violencia-intrafamiliar-durante-cuarentena-en-providencia.shtml

5 Véase al respecto: https://www.uchile.cl/noticias/112503/60-de-demandados-por-pension-alimenticia-no-paga-este-derecho

6 Ibid.