La televisión es receptáculo de una serie de sandeces, encubrimiento de personajes de dudosa fama, afirmaciones antojadizas y francamente numerosas idioteces hechas públicas en noticiarios, matinales…

José Luis Córdova

Periodista

20/04/2020. La televisión es receptáculo de una serie histórica de sandeces, encubrimiento de personajes de dudosa fama, afirmaciones antojadizas y francamente numerosas idioteces hechas públicas en noticiarios, matinales y espacios de conversación.

Desde la icónica declaración del ex director del Metro de Santiago, Clemente Pérez: “¡Cabros, esto no prendió¡”, a propósito de la escalada de evasiones al ferrocarril subterráneo de la capital, se siguen sucediendo gaffes, errores y horrores de parte de autoridades, conductores, reporteros y panelistas de la televisión.

Igual de desubicada fue la afirmación de la periodista Constanza Santa María que intentó comparar la cantidad de víctimas con pérdidas de globos oculares en Francia, con las brutales agresiones de Carabineros que dejaron 300 personas ciegas durante las manifestaciones desde el 18 de octubre pasado.

Así como Daniel Matamala y Mónica Rincón jugaron un triste papel en el pasado reciente entrevistando al “Mamo” Contreras en Punta Peuco, sin sacarle la más mínima declaración, reconocimiento y menos autocrítica sobre su proceder criminal, Matías del Río se lució en el antiperiodismo al conversar condescendientemente en cámara con Sebastián Piñera, sólo para que el jefe de Estado luciera su narcisismo enfermizo sin responder ninguna crítica y auto alabándose vergonzosamente.

En su momento, Tonka Tomicic no pudo soportar el negacionismo extremo del ex columnista de El Mercurio, Hermógenes Pérez de Arce, y se vio obligada a pedirle que abandonara el set, asimismo, Diana Bolocco y Lucho Jara no tuvieron más remedio que cortar una entrevista con el pastor evangélico Emiliano Soto por sus diatribas contra la ley de aborto en tres causales, acusando a todos los chilenos de “haber elegido la muerte”, haciendo alusión a la pandemia de Covid-19 que nos azota, como “castigo divino”.

Más sutil pero descarnada fue la declaración de la conductora de noticias Catalina Edwards de Mega quien confesó durante su asilamiento en casa: “Lo peor de la cuarentena es que mi nana de 82 años no puede venir a hacerme la mechada con puré que le queda tan rica” (?).

Irónicamente, varios reporteros y “noteros” terminan sus despachos desde las calles, llamando la atención sobre la desobediencia de algunos transeúntes, pero lamentablemente, lo hacen con sus mascarillas bajo el mentón, es decir, sin cumplir tampoco la ordenanza nacional de usar tapabocas (como dicen en España).

A propósito, el “españolísimo” colega Amaro Gómez Pablos se mandó otro número cuando, al referirse a la crisis desatada por el coronavirus en Chile, la calificó como: “La pandemia económica será peor”, mostrando claramente más empatía con los empresarios que con los trabajadores,

La guinda de la torta la puso en los últimos días el senador Iván Moreira discutiendo con un pastor evangélico de Rancagua sobre cuestiones bíblicas y de fe, donde el hijo del obispo Durán las ofició de mediador (recordar que éste es diputado). Bajo nivel intelectual de todas las partes, incluyendo al periodista hispano-chileno, que hizo otro triste cometido en Bajos de Mena tuteando a sus entrevistadas y mostrando una evidente y excesiva estima artificial.

La exhibición reiterada de la ciudadana peruana en la Plaza de Armas de Santiago y del haitiano que recibió una patada en la oficina de la AFC de calle Miraflores también rozó la animadversión y algo de xenofobia.

Una vez más insistir en el excesivo protagonismo de personajes como el alcalde Lavín, Pancho Vidal, el senador Ossandón, el alcalde Carter y otros de sus colegas. Cuando aparece Daniel Jadue, curiosamente, animadores y panelistas se le van al cuello, sobre todo cuando se refiere a grandes empresarios, a las comunas del barrio alto y de la desigualdad en general. Como si esas diferencias no existieran. De los importantes aportes a los vecinos de Recoleta, muy poco o nada.

Desatino, ignorancia, despropósito, errores y horrores, Afortunadamente entre estos “rostros” televisivos hay unos pocos periodistas profesionales, pero igualmente la lacra de la desinformación llega a los hogares de todos los incautos televidentes en todo el país.