Está potenciada en sus efectos por la profundidad de la crisis político social en curso, que puso de manifiesto el estallido del 18 de octubre.

Juan Gajardo

Miembro de la Comisión Política del Partido Comunista

05/04/2020. La pandemia del Covid-19 o coronavirus alcanza una dimensión que sobrepasa con mucho a una acotada crisis sanitaria global y ha develado problemas estructurales del sistema internacional en sus dimensiones económicas, políticas y sociales. Frente a la globalización del virus, la organización política internacional muestra su carencia de herramientas para orientar una conducta global a los Estados. La ONU y su estructura ad-hoc, la Organización Mundial de la Salud, resultan inoperantes para enfrentar la actual situación, lo cual se hace evidente luego de la  reciente reunión del G-20, donde junto a una retórica declaración sobre la voluntad de lucha conjunta contra el coronavirus, prevalecieron los intereses particulares de los estados miembros, siendo así como no se fortaleció la OMS y, por tanto, los 5 billones de dólares asignados a la recuperación de la economía global, deben ser entendidos como un reforzamiento y apoyo a las economías nacionales de sus miembros más importantes. La propuesta del líder ruso Putin de crear “corredores verdes libres de guerras comerciales y sanciones para el suministro mutuo de  medicamentos, alimentos, equipos y tecnología “no encontró acogida y peor aún, EEUU incrementa su política de sancionar unilateralmente a naciones con las cuales mantiene diferencias políticas, cual es el caso de Irán o Venezuela y Cuba, mientras cual moderno corsario requisa medicamentos o instrumental de salud destinado a otros países, ejemplo seguido por otros estados, como por ejemplo Francia, que retiene implementos médicos destinados a sus socios de la comunidad europea España e Italia.

En su auto-aislamiento inducido por Trump, EEUU intenta utilizar la pandemia para efectos de su guerra comercial financiera con China, Rusia y la U.E., tras el objetivo unidireccional de Trump por ser reelecto. China y Rusia han asumido un rol más activo de liderazgo en enfrentar la crisis mundial, no sin tener presente que a Xi Jinping le interesa reactivar su economía afectada por la pandemia y que espera lograr un modesto -para China- 6% de crecimiento, mientras Putin, derivado de la misma emergencia sanitaria, no pudo plebiscitar su prolongación de mandato, quedando el cuadro abierto. La comunidad europea encuentra a una Merkel intentando mantener un agotado sistema de partidos políticos y coaliciones de gobierno en Alemania, sin lograr encontrar a su sucesor/a, Inglaterra con un histriónico liderazgo de Boris Johnson intentando superar de la mejor manera su brexit; y Francia, España e Italia agobiados por la incapacidad de sus sistemas de salud, con oposiciones de ultra derecha  xenófoba. Esto en un cuadro donde las medidas de tipo financiero, como la baja en las tasas de interés  decretada por los bancos centrales, se muestran claramente insuficientes, como ya se había comprobado en la crisis subprime el 2008. La consultora Moody’s Investor Service señala en su informe económico de mediados de marzo “el hecho de que todas las economías, grandes y pequeñas, estén enfrentándose simultáneamente al mismo shock negativo reforzaría el ciclo negativo”. Como consecuencia de todo esto, surge en la práctica una corriente anti globalización, a lo menos en los términos hasta hoy conocidos, que se plantea el reforzamiento de los Estados nacionales, donde los países puedan garantizar un funcionamiento autónomo frente a rupturas en las cadenas de producción y comercio mundial.

En nuestro país, la actual crisis sanitaria, ineficientemente encarada por este nefasto gobierno, está potenciada en sus efectos por la profundidad de la crisis político social en curso, que puso de manifiesto el estallido del 18 de octubre. Si a ello agregamos factores coyunturales, como la prolongada y aguda sequía o más tendenciales, como las insuficiencias estructurales para asumir los cambios tecnológicos, en áreas vitales como la generación de energías, la infraestructura digital, la innovación científico-técnica, etc., tenemos configurado un cuadro altamente complejo. Personeros del mundo económico, a los cuales nadie podría “acusar” de rupturistas del modelo, cuestionan la eficacia de las medidas adoptadas por el gobierno. José de Gregorio dice “el gobierno ha propuesto un primer plan económico…claramente insuficiente para la magnitud de la crisis que enfrentamos. Haciendo la contabilidad correcta, el déficit fiscal aumentará entre un punto y un punto y medio del PIB por estas medidas”. El mismo calcula que si a diez millones de chilenos/as se les entregara durante tres meses $100.000 mensuales, esto significa un 1,3% del PIB, no sólo se atacaría mas efectivamente un problema social, sino que tendría evidentes efectos positivos para mantener la castigada economía vía incrementar el poder adquisitivo de los más carenciados.

Ciertamente, enfrentar esta crisis multidimensional, requiere superar conductas provocadoras desquiciadas como las del señor Piñera interviniendo la plaza de la Dignidad, o el gobierno en su conjunto que somete al poder legislativo a discutir 57 proyectos legislativos con carácter de urgencia en este periodo, pero el factor imprescindible para arribar a buen puerto será que el pueblo bajo estas difíciles circunstancias mantenga sus niveles de organización, tras objetivos de auto-cuidado, solidaridad, pero también en la disposición de enfrentar las irresponsables políticas de este gobierno aciago.