Todas las causas de la revuelta se refrendaron con el actuar del gobierno frente a la crisis sanitaria. Una clase trabajadora desprotegida y los poderosos incólumes. 

Daniela Pizarro

Periodista

31/03/2020. “Y ya no hay ninguna duda

Se está pudriendo esta basura

Fisura ya la dictadura

Del rey!”

“Se viene”, Bersuit Vergarabat

Durante toda la revuelta social desde el gobierno y sectores conservadores se trató de instalar con fuerza la idea de que quienes salían a manifestarse eran delincuentes, saqueadores y violentistas. Las legislaciones que salieron para enfrentar al movimiento social estuvieron en la línea de la represión (antibarricadas-anticapuchas). En tanto, proyectos como el ingreso mínimo garantizado fueron criticados desde el mundo sindical, ya que no estaban dirigidos al conjunto de los trabajadores y trabajadoras y suponían más subsidios del Estado hacia los privados. Lo cierto es que el estallido social contenía como argumento de fondo el hastío de una sociedad atravesada por el abuso. Es por ello que el cambio de Constitución se hizo fundamental.

En el debate por el Apruebo y el Rechazo se estaba cuando llegó la pandemia del Covid-19 y todo se congeló. Las jornadas de concentraciones en la Plaza de la Dignidad, cada vez más masivas y coloridas, quedaron en receso producto de las cuarentenas y aislamientos sociales. Las y los jóvenes de la Primera Línea, respondieron al llamado de autocuidado y de protección del entorno.

Producto de la globalización era casi imposible que el coronavirus no llegara al país, y en ese marco, también era inevitable que fueran los más privilegiados quienes trajeran el contagio. La epidemia se concentró precisamente en el sector alto de la capital, pero quienes eran diagnosticados y enviados a cuarentena, no siguieron las recomendaciones y participaron de matrimonios, viajaron a otras ciudades, se fueron de vacaciones, hicieron compras en centros comerciales y hasta protagonizaron accidentes automovilísticos. En síntesis propagaron el virus y ya son miles, de diferentes sectores, los que padecen en suelo nacional.

Las críticas a la tardanza, soberbia e indolencia del Ministerio de Salud, para aplicar medidas radicales, llueven transversalmente. El gobierno decidió fijar una cuarentena progresiva para cuidar la economía.

En casi tres semanas de emergencia sanitaria se pudo ver una institucionalidad que entrega políticas de prevención tardías, un transporte público que viaja atiborrado de pasajeros en plena pandemia, un sistema de salud frágil, privados que especulan con los precios de servicios y productos básicos, una Dirección del Trabajo que deja sin salarios a los trabajadores que deben faltar producto de las cuarentenas y a las Administradoras de Fondos de Pensiones sacando dineros previsionales de los trabajadores. A pesar de todo ello, la ciudadanía deberá seguir pagando las cuentas de los colegios y universidades y de los servicios como la electricidad y agua.

En síntesis, estas y otras falencias demostraron la falta de Estado. Una nación cercada por el modelo neoliberal que empodera a una clase dominante egoísta que no quiere perder ni un solo peso y que deja en los hombros de la clase trabajadora todos los costos que acarreará la crisis económica venidera, mientras sus dineros están resguardados en paraísos fiscales.

Solo como ejemplo, el Presidente de Argentina -país vecino de similares características-, Alberto Fernández, aplicó una cuarentena preventiva de un mes. Dijo que priorizaría la salud antes que la economía. Suspendió el pago de servicios, arriendos, créditos y los cortes de suministros, incluido el internet. Los sueldos se deberán seguir pagando y se entregarán diferentes bonificaciones a los trabajadores independientes. Y alertó que tendrá mano dura con quienes despidan. A los sectores más pobres se les garantizó la alimentación a través de una coordinación entre militares y los sacerdotes de cada población. Cabe recordar que Fernández asumió el pasado mes de diciembre y recibió un país al borde del default. Casi todos los días el mandatario es entrevistado por diferentes programas de televisión donde explica los pasos que están dando. El 93% de los argentinos aprueba su gestión.

Cuando se desató el contagio en suelo chileno el Presidente Sebastián Piñera, mediante cadena nacional habló de algunas medidas, previamente anunciadas, como el toque de queda nacional nocturno y se encomendó a Dios. En los días posteriores dio entrevistas a todos los canales de televisión. Después de ellos las vocerías han estado a cargo de ministros y subsecretarios. El ministro de Salud, Jaime Mañalich, señaló que el virus se puede volver buena persona y la vocera de gobierno, Karla Rubilar, apuntó que no hay mejor vacuna que el amor. Todos ellos han descartado la idea de la cuarentena nacional o regional, por el frenazo productivo que conllevaría.

Todo este cuadro mantiene a la sociedad en una tensa calma que todo indica se terminará junto con la pandemia. Toda la rabia, decepción e impotencia, volverá a explotar en las calles y ya no serán miles, sino millones los que exigirán una nueva Constitución que por fin sea hecha para y por el pueblo.